La producción estratégica y las megatendencias mundiales

16 de abril, 2020

Por Nahuel Guaita (*)

 

En el plano de las ideas que surgen luego del fin de la Guerra Fría, pueden resaltarse la disminución de los conflictos entre los Estados Nación y la caída de las barreras económicas internacionales. “El fin de la historia” de Francis Fukuyama y la “La tierra es plana” de Thomas Friedman reflejaban las megatendencias mundiales. Finalmente, parecía que el capitalismo y la tecnología no tenían rival ideológico.

 

Por otro lado, las guerras del pasado, que llevaban a movilizar gran parte de la producción nacional y al enfrentamiento de grandes Ejércitos en el campo de batalla, habían quedado en el pasado. A fines del Siglo XX, EE.UU. debía evitar a toda costa otro Vietnam y Bill Clinton se limitaba a intervenir con ataques aéreos y/o de misiles inteligentes en aquellos lugares considerados relevantes para la seguridad nacional.

 

En el inicio del Siglo XXI, el conflicto se redujo a enfrentar al terrorismo, con ataques quirúrgicos a escala industrial a lo largo del mundo. La doctrina del Ejército de EE.UU. cambió radicalmente tanto en lo que refiere a material bélico utilizado como a unidades desplegadas. Ya no se precisaban grandes unidades pesadas mecanizadas sino ágiles y livianas y las Fuerzas Especiales serían el estandarte por más de 15 años.

 

El secretario de Defensa de ese momento, Donald Rumsfeld, le dio la categoría de comando de combate a las Fuerzas Especiales, el presupuesto paso de US$ 2.000 a US$ 10.000 millones y se duplicó el personal hasta llegar a los 72.000 hombres activos.

 

Es pertinente notar que cuando se le ordena al Pentágono preparar el plan de ataque para invadir Irak en 2003, los planes de equipos y tropas que debían desplegarse son rechazados continuamente hasta que cumplieran con un número políticamente aceptado.

 

Es decir, “la política” le decía a una institución con más de 200 años de historia bélica como debía ir a la guerra. Cuando los números iniciales estimaban alrededor de 400.000 soldados estadounidenses invadiendo Irak, terminaron enviando alrededor de 130.000.

 

En el plano económico, las grandes empresas internacionales continuaban trasladando su producción a China, lo que la convirtió en la fábrica mundial. A excepción de sectores estratégicos, como el material e insumos para la producción militar, todo lo que podía ser producido en el sudeste asiático fue trasladado hacia esa región del mundo.

 

China está totalmente integrada en las cadenas de valor de los sectores de electrónica, maquinaria y equipos. La participación de China en la producción en estos sectores varía entre el 38% y 42% del total mundial.

 

La corriente tradicional en la academia económica trataba de explicar este desplazamiento por los bajos costos de producción del sudeste asiático. Las ideas de competitividad y cadenas globales de valor eran los caballitos de batalla en cualquier paper o investigación sobre industrialización y desarrollo industrial.

 

Bajo el concepto de “costos bajísimos” se llegó a un punto donde parecía que no era posible producir nada fuera de Asia que no fuera caro y/o de mala calidad. Es importante notar que cuando se decía competitividad y costos bajísimos se implicaba en la práctica: salarios no suficientes para comer carne cotidianamente, dietas de bajo contenido proteico y uso de energía industrial con fuerte eje en el carbón.

 

Es decir, un sistema de producción que venía gestándose y desarrollándose durante los últimos 30 años. En 1990 China representaba el 2% del PIB a nivel global y, en el 2019, esa participación fue del 19%. Mientras, la producción industrial China representa alrededor del 35% del total mundial.

 

El ascenso de China era y es innegable, tanto en el terreno industrial, tecnológico (se convirtió en el segundo país con más fondos destinados a I&D, superando los US$ 300.000 millones de en 2019) como militar (un presupuesto de defensa declarado de US$ 175.000 millones, el segundo del mundo).

 

Mayoritariamente, se proyecta que de seguir así superará a EE.UU como única superpotencia mundial en las próximas décadas sin importar la forma en que se midiera el ranking mundial.

 

Barack Obama le había puesto un guante de terciopelo al puño de hierro americano en lo que refiere a la geopolítica internacional. La potencia estadounidense parecía haberse quedado dormida en el terreno económico y las proyecciones sobre China parecían que iban a concretarse en breve.

 

El efecto de este modo de producción sobre la salud humana, el medio ambiente y la economía fue puesto en un segundo plano por las políticas económicas y comerciales del resto de los países y se le dio prioridad a las ganancias del comercio que generaba el modo de producción enclavado en el sudeste de Asia.

 

Los países que no tenían poder de negociación para entrar o participar de esa división internacional, por razones geopolíticas y/o económicas, se convertían en proveedores de materias primas de China.

 

Con el ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca, la interpretación del tablero geopolítico mundial cambió radicalmente. En el discurso, el nacionalismo estaba otra vez en escena. Lo que antes fue “América para los americanos” de la Doctrina Monroe, ahora se llama “Hacer América Grande Nuevamente” (MAGA).

 

Y en los hechos se empezó a gestar la nueva respuesta estadounidense en el plano comercial, industrial y militar.

 

Después de asumir, Trump nombró como secretario de Defensa a Jim Mattis, un general retirado de los Marines que participó en todas las guerras de EE.UU. en el Medio Oriente. Mattis realizo dos cambios fundamentales que pasaron desapercibidos: uno en la política comercial y otro en la militar.

 

Cuando Trump pedía renegociar los tratados comerciales de Estados Unidos y estaba a punto de dar de baja el acuerdo de libre comercio entre su país y Corea, los asesores más cercanos del Presidente llamaron a Mattis. Fue el secretario de Defensa quien finalmente convenció al presidente de que era una cuestión estratégica, militar y de seguridad nacional mantener a Corea del Sur en el tratado y evitar la ruptura. De otra forma el tablero de poder en el sudeste asiático podría verse comprometido.

 

Una vez más y como tantas otras veces, el Pentágono influía y determinaba la política comercial de EE.UU.

 

El segundo cambio que realizó Mattis fue dentro de las Fuerzas Armadas. La doctrina militar debía ser cambiada. El desarrollo por parte de Rusia y China de armas de negación de acceso y negación de área (conocido como A2/AD), la consolidación de Vladimir Putin en Rusia y la consiguiente recuperación de la influencia rusa en Eurasia, junto el ascenso económico, militar y tecnológico chino, comenzaban a poner en jaque la absoluta supremacía americana a nivel global.

 

En consecuencia, se incrementó el presupuesto militar (11% de incremento interanual en el 2018, 3% en el 2019 y 8% para el 2020) y las unidades pesadas volvieron a ser consideradas vitales para las guerras del futuro. El conflicto con las grandes potencias y no ya el terrorismo pasó a ser la nueva gran amenaza de EE.UU. en el terreno militar. “La competencia entre grandes potencias, y no el terrorismo, es ahora el principal foco de la seguridad nacional de EE.UU.”, dijo Mattis en 2018.

 

En el 2019, Elbridge A. Colby, director del Programa de Defensa y del Centro por una Nueva Seguridad Americana (exasistente de Mattis entre 2017 y 2018) declaraba frente al Congreso de EE.UU.: “La estrategia de seguridad nacional requiere cambios urgentes y significativos para que nuestros intereses nacionales sean efectivamente protegidos”.

 

En las últimas semanas ha quedado en evidencia como el método de producción globalizado, con epicentro en China, es una amenaza para la seguridad nacional de Occidente, así como para la respuesta estatal a la pandemia del Covid-19. La mayor parte de insumos y equipo médico es producida en China.

 

La cuarentena a nivel global y la respuesta a la pandemia disparó la competencia entre los Estados Nación por la búsqueda de insumos y producto médicos. Competencia a tal punto que se observan escenas de película. Los aviones son interceptados en aeropuertos extranjeros por las grandes potencias para hacerse de los suministros que necesitan, hasta aviones estadounidenses descargando dinero en efectivo en el extranjero para comprar por precios superiores productos médicos que ya fueron vendidos. O el servicio secreto de Israel (Mossad) buscando asegurar las compras externas; competencia entre los miembros de la Unión Europea y demás.

 

Japón ya se adelantó a incentivar a sus empresas a que regresen parte de su producción, ahora considerada estratégica, a territorio nipón y el Gobierno asignó más de US$ 2.000 millones a esta tarea.

 

En Estados Unidos ya se puso en acción el Acta de Producción de Defensa, que permite al Gobierno federal decirles a las empresas qué producir, con el objeto de asegurar una producción de material médico adecuado. Mientras el secretario de Comercio y Política Industrial expone en la Casa Blanca la importancia de tener producción en territorio nacional.

 

El modo de producción a nivel global cambiará en la medida de que los Estados amplíen aquellos sectores que consideran estratégicos y tomen políticas para incentivar la producción nacional que antes fuera transnacionalizada.

 

(*) Economista

 

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