La India, el mayor candidato para una catástrofe humanitaria

17 de abril, 2020

Por Claudio Robelo Guzmán (*)

 

La pandemia global que azota al planeta representa la crisis de seguridad internacional más grande del Siglo XXI. Ya se ha cobrado más de 130.000 vidas, colapsado sistemas sanitarios de los países de primer orden, paralizado la vida cotidiana de más de la mitad de la población mundial y destruido los pronósticos de crecimiento económico para el 2020 y, posiblemente, para 2021 también.

 

Mientras la búsqueda de una cura continúa sin frutos, los gobiernos del mundo continúan con medidas preventivas para detener el avance de los contagios generando serias tensiones en planos sanitario, económico y político. En ese contexto, la situación de la India puede ser el peor escenario global de la pandemia.

 

El principal factor de riesgo para la India es su nivel demográfico. Con 1.300 millones de personas, ningún sistema sanitario podría hacer frente a una situación de contagios generalizada. Teniendo en cuenta las medidas de distanciamiento social recomendadas para frenar la expansión del virus, y al evaluar que en áreas urbanas como Nueva Delhi o Mumbai existen altos grados de hacinamiento y densidad poblacional, escenarios como el de Nueva York palidecen en comparación.

 

A estos números se suma la alta proporción de individuos por debajo de la línea de pobreza, que a su vez trae aparejadas limitaciones en el acceso a los insumos básicos, productos de limpieza y protección, fundamentales en este contexto.

 

El nivel de pobreza también implica que progresivamente más gente se verá tentada a violar la cuarentena por motivos económicos, a un nivel que también saturaría la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad.

 

Independientemente de la vulnerabilidad económica, gran parte de la población de la India es de riesgo ante la infección del Covid-19 ya que presenta altos niveles de HIV, tuberculosis, hipertensión y diabetes.

 

En caso de un brote masivo, las condiciones del sistema de salud indio también son fuente de preocupación. India destina sólo 3,7% de su PIB en salud comparado al 10% de promedio global. Esto implica que solo cuenta con una dotación de 2 camas de cuidados intensivos, 50 camas hospitalarias y 80 doctores por cada 100.000 habitantes.

 

Las capacidades de acción del Gobierno también tienen serias limitaciones. Sabemos que existen varias dificultades en un sistema democrático para encontrar consensos políticos y dar respuesta rápida a problemas que demandan acción colectiva, lo que toma mayor complejidad si tomamos en cuenta que la India es la democracia más grande del mundo.

 

El Gobierno de Narendra Modi ha reconocido estos riesgos e impuso la cuarentena en su país hasta el 3 de mayo. Aun así, las presiones políticas crecen respecto a los costos de tal medida.

 

Tanto la interrupción de las actividades económicas como la crisis global han dado un golpe muy fuerte a las perspectivas de crecimiento y reactivación añoradas por el primer ministro luego de su reelección en 2019. Con la crisis sanitaria en sus primeras etapas, la mejor apuesta del Gobierno es mantener la cuarentena. Aún con una reactivación acelerada poscuarentena, los pronósticos de crecimiento más optimistas se ubican en el 1%, lejos de 7% de sus mejores épocas.

 

Lamentablemente, la economía informal y la población marginal serán los que más sufrirán en cualquiera de los escenarios, incrementando las presiones de los gobiernos subnacionales más poblados por levantar o flexibilizar la cuarentena.

 

Además del probable desastre humanitario y económico, la crisis del coronavirus puede exacerbar las tensiones religiosas y étnicas ya presentes en la India.

 

Recientemente el oficialismo ha sancionado medidas vinculadas al nacionalismo hindú como la suspensión de autonomía en la Jammu y Cachemira (el único estado con mayoría musulmana en el país) que generaron descontento y preocupación entre la población musulmana.

 

Con acusaciones del oficialismo a musulmanes por propagar el virus, la respuesta de líderes como el primer ministro pakistaní ha sido la de criticar al Gobierno por la falta de atención a poblaciones no hindúes.

 

Las consecuencias de una India ocupada para dar respuesta a crisis internas, también trae serios cuestionamientos al balance de poder en Asia donde es la principal potencia con capacidad de contención ante China.

 

Aquí la diferencia de régimen entre ambas potencias es un elemento a tener en cuenta ya que el sistema autocrático liderado por Xi Jinping brinda una capacidad de reacción y respuesta mucho mayor a la de la democracia india luego de superar una crisis como la actual.

 

Hasta el momento la enfermedad no ha golpeado con toda su furia al gigante indostánico, pero si la experiencia de los países peor afectados es preludio a su situación, la India podría encontrarse dentro de poco con millones de muertos, una economía devastada y su poderío mermado.

 

(*) Profesor en la UCA y Maestrando en Defensa Nacional

 

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