Encerrados en nuestro propio laberinto

30 de abril, 2020

Por Diego Piccardo Economista de la Fundación Libertad y Progreso

 

El Gobierno está cada día más perdido en el rumbo económico. Con un dólar que amplia cada día más la brecha con el dólar oficial, la actividad que se derrumba, la inflación que se espera que empiece a acelerarse una vez que se vuelva a la normalidad y la negociación de la deuda con final incierto, el panorama luce poco alentador.

 

Las medidas de ampliación del gasto público para alivianar el impacto de la crisis del coronavirus genearon que el BCRA salga a la cancha y empiece a emitir pesos para financiar tal incremento. Con un mercado de deuda cerrado y un desplome de la recaudación tributaria, no hay más opciones.

 

Sin embargo, la expansión monetaria no es gratis. La mayor oferta de pesos, sumado a las bajas tasas de interés, el riesgo de default en el cortísimo plazo y la poca oferta de dólares genera que la brecha de los dólares paralelos con el oficial se amplíen a la zona de 80%. La magnitud de la brecha cambiaria no es un tema menor dado que las expectativas de devaluación van a subir y los precios van a empezar a atarse al dólar paralelo por más controles de precios que haga el Gobierno.

 

Como si fuera poco, Argentina no tiene moneda. Después de tantos años de vapuleo contra el peso, llegando al punto de tener la tercera inflación más alta del mundo luego de Venezuela y Zimbabue, y de sacarle 13 ceros desde 1883. La emisión monetaria en este contexto será más inflacionaria y aumentará la brecha con el dólar paralelo. En nuestro caso la excesiva emisión no generará los mismos efectos que tendrán en otros países que lograron construir una moneda sana y fuerte que representa para sus ciudadanos un activo que permite ser una reserva de valor. En nuestro país esa moneda no existe y buscamos sustitutos como el dólar.

 

Otra fuente de financiamiento que supimos perder es la de la toma de deuda externa. En momentos de pandemia los gastos de salud ya sea para equipamiento de insumos médicos, campañas de prevención y compra de respiradores y camas va en aumento. Argentina mientras tanto tambalea entre caer en default o no, imposibilitado de tomar deuda. Por su parte, los países desarrollados que se habían endeudado para superar la crisis del 2008 posteriormente hicieron los deberes y bajaron el ratio deuda/PBI. Ejemplos hay varios, pero para citar algunos podemos mencionar el caso de Irlanda que para paliar la crisis subprime elevó la deuda al 119% del PIB, pero una vez pasada la tormenta la llevó al 63,6%. Asimismo, Alemania subió su deuda al 81,1% del PIB y luego la redujo al 61,9%.

 

Sin embargo, no hay que irse muy lejos para ver casos de éxito. Perú hace poco logró colocar en el mercado unos US$ 3.000 millones a una tasa menor del 3% anual a un plazo de 6 y 10 años, algo impensable para nosotros en la actualidad. Paraguay también pudo tomar deuda: US$ 1.000 millones a una tasa del 4,95% anual a un plazo de 10 años. Chile, en cambio, tiene un fondo anticíclico que ahorró en la época de auge del precio de las commodities mientras nosotros incrementábamos el gasto público del 20% al 45% del PIB.

 

Argentina está mal parada hace 60 años. No es casualidad que el Covid-19 nos agarre descolocados económicamente. El hecho de no haber realizado las reformas estructurales como lo hicieron nuestros países vecinos nos llevó a padecer la crisis sin recursos y sin financiamiento disponible. Para la salida de la crisis hay dos caminos: seguimos haciendo las mismas medidas intervencionistas y proteccionistas que nos llevaron a estar de crisis en crisis o salimos de una vez por todas y realizamos las reformas pro-mercado que la economía pide a gritos desde hace décadas. Para poder salir en forma de “U” lo más rápido posible hay que seguir el segundo camino. En cambio, si optamos por el primero, la salida va a ser en forma de una “U” muy aplanada o directamente en forma de “L” y tardaremos mucho tiempo en volver al punto de partida.

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