En qué día estamos

27 de abril, 2020

 Por Carla B. Pitiot Dirigente Gremial APOC y diputada nacional (MC)

 

A fines de esta semana es 1º de mayo. Los trabajadores y las trabajadoras festejamos nuestro día y resulta extraño, por este tiempo, recordar fechas cuando la cuarentena no distingue feriados, fiestas patrias, cumpleaños, fines de semana o días laborables.

 

A excepción de un grupo de trabajadores que sale a la calle exponiéndose por necesidades ajenas o propias, los demás cumplimos el aislamiento, a veces preocupados por el futuro. ¿Qué será de la salud, pero también de la educación, el trabajo o la economía?

 

Parados frente al coronavirus, la estrategia de la cuarentena preventiva parece ser adecuada y cuenta con el apoyo de la población, a pesar de sus angustias.

 

El teletrabajo al que estamos acudiendo, sin práctica ni reglamentación previa, y las aperturas que de a poco se hacen para distintas actividades muestran pequeñas luces al final de un túnel que no se conoce, aún, qué largo tiene.

 

Los efectos económicos derivados del Covid-19 tienen múltiples lecturas. Las individuales, en las que con seguridad hallemos los casos, puntualmente, más dolorosos. También las miradas económicas y sociales de cada país: Argentina, en esa dirección, venía ya con las defensas bajas. Lo mismo dirán los números de cada una de nuestras regiones y provincias.

 

La Oficina del Presupuesto del Congreso (OPC) efectuó un estudio económico cruzando pandemia y desigualdad de género. Previamente cabe destacar que los fallecidos son, hasta el momento, más hombres que mujeres (70-30) y que, desde el punto de vista numérico las mujeres partían, antes del coronavirus, en condiciones desfavorables que el Covid-19 acentúa.

 

El informe pone en evidencia una realidad que venimos señalando y es que mujeres y varones padecen de manera muy diferente las consecuencias de las crisis. Cuando irrumpe en nuestras vidas la pandemia del Covid-19, las mujeres ya se encontraban en situación laboral desventajosa porque ocupan una posición diferenciada en la estructura económica del mercado laboral: mayor informalidad, peores condiciones, menores ingresos a lo que debe sumarse la brecha salarial y la desigualdad en las horas dedicadas a la realización de tareas domésticas y del cuidado que recaen en mayor medida en ellas por una injusta división sexual del trabajo.

 

El sector informal de la economía (en el que las mujeres son mayoría y dentro del cual el servicio doméstico representa el 25% de los puestos no registrados) es impactado especialmente en estos tiempos en los que atravesamos el grave deterioro de muchos sectores tanto productivos como de servicios y se convierte en el más expuesto a la pérdida de empleo y caída de los salarios. Los datos arrojados por la OPC nos indican que el 97% de las personas ocupadas en servicio doméstico son mujeres y que el 76% lo hacen en condiciones informales. De allí la importancia de la recomendación del organismo informante respecto de avanzar en la formalización del servicio doméstico para garantizar mejor y mayor acceso a la protección social y al sistema de salud por parte de las trabajadoras de un sector que representa el 8% del total de puestos de trabajo de la economía.

 

Es una excelente oportunidad que, a partir de esta identificación del impacto de la crisis que sufre un sector determinado de la economía y del mercado de trabajo que está altamente feminizado, se elaboren políticas públicas traducidas en acciones directas y efectivas para contrarrestarlo. De ello se trata al fin y al cabo dotar de perspectiva de género a la gestión de gobierno para ampliar derechos y hablar de inclusión real.

 

El 1º de mayo es el Día de los Trabajadores y las Trabajadoras. La fecha no surge desde episodios felices. Por el contrario, deriva de la lucha por mejores condiciones laborales en una huelga en Chicago (EE.UU.) el 1° de mayo de 1886. Allí los trabajadores fueron ejecutados por su accionar reivindicatorio y se los reconoce como “los mártires de Chicago”. Estos tiempos, por motivos diferentes, nos ponen a todos frente a desafíos inéditos en el campo laboral, social, económico, empresarial, político y de costumbres. Necesitamos que todos los actores representativos y creativos de estos sectores se junten, bajo el marco estatal, para, desde sus posiciones y puntos de vista, elaborar un programa que nos permita pensar que el próximo 1º de mayo sea un punto de partida y de esperanza. Las fechas emblemáticas no sólo deben recordar el pasado, deben sentar bases y aportar ideas para el porvenir.

 

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