El virus no castiga igual a todos

27 de abril, 2020

 

Por Luis Varela 

 

¿Qué pasa en la Argentina de estos días? El país no parece percibir que el modelo agroexportador se agotó, no funciona mas, no alcanza, y somos cada vez más pobres. Se tenía la esperanza de que, además de los granos, íbamos a tener la vaca atada con Vaca Muerta. Pero hubo dos elementos que frustraron el sueño de seguir viviendo bien sin estrujarnos el cerebro: llegó la pandemia (un verdadero cisne negro) y aparecieron en el mundo los fabricantes de autos eléctricos (Tesla) o los alimentados a hidrógeno, lugar hacia donde están yendo General Motors, Honda y Hyundai, por ejemplo.

 

Ahora bien, como manotazo de ahogado, una corriente de representantes legislativos buscan mantener el modelo argentino a toda costa. Quieren aplicar un impuesto a los ricos, que es algo aceptable en una emergencia como la actual. Dicen, obviamente, que va a ser un impuesto por única vez, como el Impuesto a las Ganancias, que se fue inventado por única vez por un gobierno fraudulento, el de Agustín P. Justo, en 1932, y no se fue mas.

 

Y debe decirse algo conocido hasta el cansancio: sobre 45 millones de habitantes, el país tiene 3,7 millones de empleados públicos.

 

Además, de los 3,7 millones de empleos públicos, 700.000 funcionarios cobran entre 120.000 y 470.000 pesos por mes, ajustaditos por inflación, que tienen que ser sostenidos por los 35 millones que están afuera, muchos de los cuales son cada vez más pobres.

 

Obviamente, en medio de este modelo agotado desde hace años, cada persona que consigue algún ingreso conoce perfectamente que la idea argentina está agotada, y que como forma de extenderla se emiten pesos sin fin. Los pesos van a las personas privadas que aún tienen ingresos y a los empleados públicos que ganan más de 120.000 pesos. ¿Y qué hacen todos? Compran dólares en masa, a cualquier precio.

 

Y como el nivel de ingresos es cada vez más chico, los sucesivos gobiernos tomaron deuda, primero en pesos, y luego en dólares. Y además de no tener ingresos porque lo que vendemos vale cada vez menos, se agregó el peso de la deuda. Y en vez de ponernos a inventar algo que nos entregue ingresos genuinos, qué hizo el ministro Guzmán: obligó a los Fondos de Inversión a vender parte de sus dólares, convertirlos a pesos.

 

Por eso el viernes, circunstancialmente, el dólar bajó de $120 a $117. Y, también por eso, la secretaría de Finanzas logró el viernes pasado captar artificialmente del mercado $50.000 millones. ¿De dónde surgieron esos pesos? De los fondos que tuvieron que vender los dólares y poner los pesos en algún lado.

 

Fue una colocación de tres Letras a descuento a tasa fija (Ledes), una a 49 días (reapertura), a 64 días (reapertura) y a 99 días de plazo (nueva), y la reapertura del Bono del Tesoro en pesos ajustados por CER 1,10% (Boncer 2021). En total recibieron 158 órdenes por un total $52.448 millones (nominales) lo que representó un ingreso genuino de casi $50.000 millones.

 

Pero, por supuesto, el modelo sigue siendo el mismo. Para peor estamos en medio de una negociación de la deuda internacional (la quinta parte de lo que debe el país) que ya entró en tic tac de cuatro semanas para que se nos declare en default por novena vez en la historia. Guzmán amenazó con que su oferta dura hasta el viernes 8. Pero los tenedores de deuda internacional solo pedirán a los jueces que se cumplan los contratos.

 

Así, si hay default (que es lo más probable según se ve hasta ahora), el economista de Fiel, Juan Luis Bour, anticipó que estaremos fuera de todo financiamiento al menos durante ocho años. Guzmán quiere convencer diciendo que irá haciendo negociaciones parciales, por lo que el default no será total. Pero mientras tanto, a Fernández o cualquier otro presidente le quedará la emisión de pesos como único recurso. Y la población, además de irse al dólar, buscará otros recursos para mantener el valor del dinero.

 

Con ese marco, los bonos cayeron 5% la semana pasada, el riesgo país saltó por arriba de los 4.000 puntos. En lo que va de este año, mientras el riesgo país de países como Brasil, México, Chile, Perú y Uruguay subieron entre 100 y 200 puntos, el riesgo de las soluciones que toma el actual Gobierno pegó un salto de 2.300 puntos. O sea: la pandemia no está castigando a todos los países de la región de la misma manera.

 

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