El Cono Sur ante el Covid-19: vulnerabilidad demográfica

4 de abril, 2020

Por Francisco J. Mayorga Doctor en Economía por Yale University (*)

 

Italia y España han sufrido el azote inclemente de la pandemia del Covid-19 de forma desmedida. Siendo poblaciones con una gran proporción de adultos mayores, sus experiencias han ratificado que la pandemia ataca con una virulencia mayor a ese segmento. Esto se ha traducido en ingentes requerimientos de atención hospitalaria y cuidados intensivos, y en miles de fallecimientos.

 

Argentina, Chile y Uruguay tienen también una proporción importante de adultos mayores en sus poblaciones. ¿Cuál es la verdadera vulnerabilidad demográfica del Cono Sur ante el Covid-19? ¿Cuál será la presión sobre sus capacidades sanitarias? ¿Cuántos ventiladores se requerirán para atender a los adultos mayores que podrían padecer la infección? Y finalmente, ¿cuántas defunciones podrían ser provocadas por esta pandemia?

 

Este artículo ofrece algunas aproximaciones para tratar de responder a esas preguntas, cuantificando las posibles demandas sobre la capacidad de los sistemas sanitarios para diversos escenarios de contagio.

 

Estas estimaciones se presentan solamente como un insumo para la discusión sobre una problemática que va en aumento a medida que transcurren los días.

 

La metodología ad hoc aquí utilizada, los escenarios presentados y la cuantificación de requerimientos sanitarios, pueden ser una referencia en la evaluación de las capacidades sanitarias existentes y en la consideración de acciones para su adaptación al súbito aumento de demanda que se ha venido pronosticando.

 

Algunos indicadores de vulnerabilidad

 

Uno de los aspectos que hacen más vulnerables a algunas poblaciones tiene que ver con su composición demográfica: es un hecho que el Covid-19 ataca con mayor virulencia a los adultos mayores. Aunque la infección afecta a todas las edades, la tercera edad ha representado una mayor proporción entre las personas infectadas en países como España e Italia.

 

Lo mismo ocurre con la virulencia de la infección y su letalidad. Los adultos mayores reportan mayor necesidad de hospitalización y de cuidados intensivos que los adultos jóvenes y los niños. Aunque la infección puede causar la muerte a personas menores de 60 años, la mayor proporción de enfermos graves y muertos baja rápidamente con la edad. Los números demuestran, además, que la letalidad del virus es muy baja para los niños menores de 9 años.

 

No se sabe a ciencia cierta cuántos contagiados hay en ningún país: esto solo se sabrá cuando se hagan pruebas de infección a toda la población, mientras que ahora, la inmensa mayoría de las pruebas de contagio solamente se han hecho a personas con síntomas de haber contraído la infección.

 

Lo que sí se sabe es que muchos contagiados no reportan ningún síntoma, y se ha especulado que podrían ser portadores pasivos con posibilidad de contagiar a su alrededor. En realidad, los estudios más recientes sugieren que el contagio ocurre principalmente a través de los infectados sintomáticos, en particular cuando tosen o estornudan, esparciendo gotículas contaminadas. En todo caso, el nivel de contagio en los diferentes segmentos de edad es todavía desconocido.

 

Los números del famoso crucero Diamond Princess son un indicador útil del nivel de contagio que puede ocurrir en un contexto singular de gran proximidad y aglomeración. En ese navío, que zarpó de Yokohama el 20 de enero de 2020, viajaban 3,711 personas entre pasajeros y tripulantes. Al final de la travesía, 712 (19.2%) dieron positivo en pruebas de laboratorio. Lo anterior sugiere que, en ambientes de alta densidad urbana y aglomeración, el contagio probable oscilaría alrededor del 20%.

 

De los 712, 331 fueron asintomáticos y 381 reportaron síntomas. Los casos graves, 37 en total, requirieron ser internados en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y a la fecha 11 han fallecido.

 

Los datos podrían ser reveladores de un patrón de infección (contagio), enfermedad (morbilidad), gravedad (virulencia) y fallecimientos (letalidad). Sin embargo, la mayor parte de los pasajeros tenían entre 62 y 73 años de edad, y los tripulantes entre 29 y 43, pero la mayoría de los hospitalizados y graves tenían alrededor de 75-76 años.

 

Utilizando esta información, el prominente epidemiólogo John P. A. Ioannidis, de Stanford, en un artículo publicado el 17 de marzo en STAT, proyectó la información del barco sobre la estructura demográfica de Estados Unidos. Así logró calcular que la mortalidad entre los infectados se encontraría de 0.125%, equivalentes a 1 por 1000. Esto podría extrapolarse a una mortalidad de 1 por cada 4000 personas.

 

Sin embargo, el cálculo anterior tiene un amplio margen de error estadístico porque la muestra del crucero es muy pequeña. Tampoco es posible su aplicación a países que tienen estructuras demográficas y contextos diversos, porque las edades de los viajeros en el Diamond Princess no reflejan la estructura demográfica de ningún país.

 

Por otra parte, hay abundante información sobre el número de infectados para las distintas edades, y cuántos de éstos han requerido hospitalización en países como Italia y España.

 

Usando los datos disponibles en el portal del Ministerio de Sanidad de España (Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias), se pueden aplicar algunos cálculos sencillos a las poblaciones de los países del Cono Sur para aproximar las cifras siguientes.

 

  1. El número de contagiados asintomáticos.
  2. El número de enfermos que podrían requerir hospitalización.
  3. Los que podrían necesitar ser atendidos en una unidad de cuidados intensivos.
  4. El número de posibles fallecimientos.

 

Antes de pasar a mostrar esas estimaciones, vale la pena visualizar la vulnerabilidad demográfica de los países del Cono Sur ante el Covid-19.

 

Vulnerabilidad demográfica

 

Cada individuo tiene un grado particular de vulnerabilidad a las enfermedades. Los aspectos genéticos juegan un papel importante. La salubridad del ambiente en que se desenvuelve, incluyendo la presencia de otras enfermedades contagiosas, también lo harán más o menos vulnerable.

 

Los hábitos de la persona, la calidad de la nutrición, si fue fumador o si es alcohólico, si es de edad avanzada, y ciertas condiciones como la diabetes y la hipertensión también lo harán más vulnerable [1].

 

En este artículo, partiendo de que los adultos mayores son más vulnerables al Covid-19, se analizan dos factores que determinan la vulnerabilidad demográfica de la población de los países del Cono Sur: uno, el grado de envejecimiento (es decir, la proporción de adultos mayores en la pirámide de edades; y dos, la forma en que la letalidad del virus varía con relación a la edad.

 

 

En el cuadro número 1 se presentan algunos indicadores elaborados para los tres países del Cono Sur, incluyendo además a Paraguay y Brasil, como parte del contexto regional, y España como referente internacional.

 

Además de la población y la edad promedio de los países, se presentan allí tres datos de interés.

 

  1. Un índice de vulnerabilidad demográfica, que captura el peso de la población mayor de 65 años dentro de la población total.
  2. Un índice de letalidad del virus, aplicando a la pirámide de edades de cada país la respectiva tasa de letalidad según las estadísticas de mortalidad por edades causada por el Covid-19 en España, cortadas al 21 de marzo de 2020.
  3. Un índice de vulnerabilidad que combina la pirámide de edades con la letalidad.

 

Ese índice confirma la apreciación general de que, en razón de su proporción de adultos mayores, la población de España es mucho más vulnerable al Covid-19 que cualquiera de los países del Cono Sur. La estructura por edades de la población paraguaya resulta en una menor vulnerabilidad, y la de Brasil en una mayor, respecto a las de sus vecinos del sur.

 

Los índices presentados podrían mejorados con diferentes metodologías, pero lo más probable es que, al reelaborarse, no muestren números que contradigan en lo sustantivo los datos del cuadro número 1: España aparecería siempre con una vulnerabilidad mucho mayor que esos cinco países del sur de América.

 

Impacto del virus: posibles escenarios

 

Para aplicar directamente las estadísticas españolas de infectados, hospitalizados y fallecidos para cada segmento de edades, a las poblaciones de estos cinco países, haría falta conocer cuántas personas resultarán contagiadas, pero ello no es posible, ni siquiera en países afectados como Italia, España o Estados Unidos. En consecuencia, solamente es posible considerar escenarios que reflejen distintas tasas de contagio.

 

Como una referencia ilustrativa, el contagio más conocido y estudiado proviene del singular contexto del Diamond Princess. Dada la aglomeración y proximidad de los pasajeros en el navío, la tasa más probable de contagio puede estar alrededor del 20%, en contextos urbanos de alta densidad. En un escenario de menor aglomeración y proximidad, el nivel de contagio debería ser menor.

 

Al aplicar un posible nivel de contagio de 10%, se simula un posible escenario urbano de menor acercamiento social y escasa aglomeración.

 

 

Las estimaciones del cuadro se derivan de aplicar los parámetros estadísticos de contagio y enfermedad de España a los segmentos por edades de las pirámides demográficas de cada país.

 

Los cálculos indican que los tres países del Cono Sur requerirían unas 60.000 camas de hospital en el pico de una curva creciente del número de infectados, y unos 3.800 ventiladores en unidades de cuidados intensivos (UCI).

 

El cuadro número 3 ilustra el escenario más probable en un contexto urbano de alta conectividad internacional, grandes aglomeraciones y mucha proximidad social, sin restricciones, reflejando condiciones análogas a las del Diamond Princess.

 

 

Finalmente, el cuadro número 4 ilustra la demanda probable de camas de hospital y de cuidados intensivos (es decir, demanda de ventiladores), que se presentaría en un escenario inusitado de contagio excepcionalmente alto.

 

 

Este escenario, de un nivel de infección mucho mayor al que ocurrió en el Diamond Princess, sería improbable pero posible en contextos urbanos de muy alta conectividad internacional y fuerte densidad poblacional, con grandes aglomeraciones y sin distanciamiento social alguno, es decir, sin ningún tipo de restricción o contención.

 

Los números presentados para el número de fallecidos depende, para cada escenario, de que las atenciones hospitalarias y de cuidados intensivos con ventiladores para los casos graves realmente se realicen. En circunstancias donde no sea posible brindar esos servicios, el número de fallecidos sin duda aumentaría.

 

Las cifras presentadas son tan solo aproximaciones ilustrativas de los requerimientos sanitarios de cada escenario, aplicándolas a cada país como si se tratara de poblaciones homogéneas. Para supuesto, sería posible formular proyecciones de mayor precisión distinguiendo entre áreas urbanas y rurales, así como entre las ciudades según su densidad. Esas complejidades están fuera del alcance de este artículo.

 

Algunas conclusiones

 

Los cálculos presentados, como se ha indicado, no son pronósticos, pero se aproximarán a las realidades de los países estudiados, en función de dos factores: uno, los niveles de contagio que ocurran; y dos, los escenarios de contagio que se deriven de las circunstancias particulares de cada conglomerado.

 

De la mano con dichos escenarios, una consideración importante será la disponibilidad rápida de recursos para librar la batalla en dos frentes: el de la contención y el de la atención sanitaria de emergencia.

 

A guisa de conclusión, y para que el lector puede contrastar la realidad de los distintos países con un punto práctico de referencia, es útil revisar la evolución de la situación sanitaria de España.

 

Un número clave a considerar es, como lo explican los expertos en salud pública, el número de camas de cuidados intensivos. Mientras STATISTA reporta para Estados Unidos 34,7 camas de UCI por cada 100.000 habitantes, en Italia se ha contado solamente con 12,5 y en España con 9,7.

 

Este dato significa, por ejemplo, que en España existen unas 4,620 camas UCI, dato corroborado el 30 de marzo por El País. Mientras tanto, las estadísticas del Ministerio de Sanidad de España reportan que la demanda de UCI al 24 de marzo llegaba solamente a 782, aunque el número iba exponencialmente en alza.

 

La atención hospitalaria y las condiciones para atender infectados pueden haber estado desbordadas, pero la capacidad de atender a enfermos graves aún parecía estar por debajo del límite nacional, aún para los cálculos que se presentan en el escenario de 10% de contagio (una demanda pico de 3,340 camas UCI).

 

Sin embargo, y como reflejo de la localización concentrada del contagio, los enfermos graves por el COVID-19 ya habían desbordado la capacidad normal de camas UCI de ocho comunidades españolas, incluyendo Madrid, Cataluña y el País Vasco.

 

Si la dinámica que está en marcha se aproximara al escenario hipotético de 20% de contagio, España se acercaría a una demanda pico de 8,300 camas UCI.

 

Dadas las políticas de contención y alejamiento social adoptadas en España, no es altamente probable que se llegue a ese escenario, pero la demanda de atención hospitalaria para los infectados continuará ejerciendo una presión creciente sobre las capacidades sanitarias existentes.

 

Este tipo de consideraciones son las que están en la mesa de análisis de discusión en los países del Cono Sur, donde el proceso de contención va marchando de la mano con las medidas preparatorias a la oleada de contagio e infección que podría sobrevenir en las próximas semanas o meses.

 

Otra consideración importante radica en que los servicios hospitalarios existentes, como en España, no necesariamente estarán ubicados en las ciudades que registren el mayor número de infectados. Esto requerirá para los países del Cono Sur un alto grado de flexibilidad y creatividad para acomodar la capacidad a la demanda. Y viceversa.

 

A pesar de que España está más expuesta que los países del Cono Sur por su proporción de adultos mayores en su población, su capacidad sanitaria ha logrado demostrar hasta ahora su resiliencia ante la inesperada arremetida del COVID-19. Sin embargo, el ritmo al que van aumentando las hospitalizaciones, la demanda de ICU y los fallecimientos muestra que la curva de infección sigue en ascenso.

 

Bajo esta perspectiva, las preguntas claves son tres.

 

  1. Si el modelo de contención adoptado en cada país podrá limitar el contagio, como se logró con el singular y exitoso modelo de Corea del Sur.
  2. Si siendo menos vulnerables demográficamente, los países del Cono Sur cuentan con las capacidades sanitarias necesarias para resistir la embestida, según sea su nivel de contagio.
  3. Si se conseguirá adaptar esas capacidades a tiempo para acomodar el golpe con éxito.

 

Como una acotación final, aunque el propósito de este artículo es aportar una metodología y unos cálculos a la discusión,  y no abordar el tema del diseño de políticas, es importante mencionar que, dado que el contagio es una de las incógnitas decisivas de la pandemia, la estrategia de contención seguida por Corea del Sur ha sido reconocida como una de las más exitosas. Una comparación de números con España lo confirma. Para facilitar la discusión sobre las diversas opciones estratégicas de contención de la pandemia, se presenta para concluir una tabla con algunos indicadores comparativos.

 

 

(*) Las cifras, análisis y opiniones contenidas en este artículo son de carácter personal

 

[1] Estas son consideraciones a nivel individual. A nivel de la población en general también existen vulnerabilidades de diversos tipos, pero este artículo está enfocado solamente en la vulnerabilidad que se deriva del grado de envejecimiento de la población. Por supuesto, una dimensión medular del problema es la vulnerabilidad de los países de América Latina ante el shock económico global de la pandemia. Ese tema queda pendiente para un próximo artículo.

 

Dejá un comentario