Coronacrisis: urge acotar daños y evitar desbordes

1 de abril, 2020

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

 

El pico de la pandemia del Covid-19 todavía no fue alcanzado ni en EE.UU. ni en América Latina. Las mediciones tropiezan en varios países (no sólo el nuestro) con dudas atadas a la muy limitada cantidad y amplitud de tests para detección de contagiados por el nuevo coronavirus. Sin vacuna en el corto y mediano plazo, no puede enfrentarse sin prolongar la cuarentena, aun con graduales flexibilizaciones.

 

El daño sobre la actividad económica y el empleo varía según los países, pero asoma como más profundo y persistente que el registrado poscaída de Lehman Brothers (septiembre de 2008).

 

Los números finales dependerán del volumen y tipo de paquetes de expansión monetaria y fiscal, y de la reacción de los mercados de activos en las próximas semanas. El rumbo final dependerá en buena parte de nuestro continente de la evolución de la pandemia hasta mediados de mayo, mes que amenaza como el más difícil para los sistemas de salud, en particular del Hemisferio Sur.

 

Los gobiernos están apelando a programas de protección de los más vulnerables y a proteger la cadena de pagos. Un corte de liquidez será un “mazazo” sobre todos los sectores. Y las proyecciones de caída en ese caso pueden mostrar una reducción de actividad y de riqueza como nunca se vio desde la Gran Depresión del siglo pasado. Los gobiernos de Perú y Chile cuentan con el acceso de colchones preventivos de liquidez, mientras otros podrían utilizar líneas de organismos internacionales. De todas formas, el alivio vía endeudamiento puede ser un remedio poco duradero. Acumular vencimientos de deuda en el corto y mediano plazo puede ser una nueva bomba de tiempo, especialmente si la deuda no se destina a inversión productiva, y si no se reactiva la actividad y el empleo.

 

Esto es en gran medida una incógnita para los países ya altamente endeudados. Necesitan cuanto antes una reactivación vigorosa del mercado interno, pero también de las exportaciones. Lo primero exige el replanteo de incentivos fiscales, del sendero de las tasas de interés y fundamentalmente de la nueva configuración de expectativas a medida que se vayan levantando las cuarentenas en los próximos meses. Lo segundo, algo difícil de prever y de controlar por buena parte de los países de la región: cuál será la magnitud y velocidad de recuperación de China, EE.UU. y otras economías grandes, y cuál será su política comercial. Un retorno al proteccionismo exacerbado de los años ’30 y al bilateralismo de entonces, liquidaría toda posibilidad de reactivación con cierta estabilidad en los países emergentes. Un apreciable número de monedas se siguen depreciando respecto del dólar estadounidense, y es una incógnita lo que irá haciendo Donald Trump hasta los comicios de noviembre.

 

Para Argentina, esto lleva a inevitables interrogantes. ¿Cómo recuperar competitividad sin tocar el tipo de cambio real? ¿Se sacrificará algo de caja genuina reduciendo la presión fiscal sobre sectores exportadores? ¿Habrá real alivio para las pymes orientadas al mercado interno? En caso de hacerlo, ¿se acompañaría con un mínimo de reducción de impuestos y gasto público corriente, o aumentaría el gasto financiado por el FMI y/o con emisión monetaria? ¿Tienen muchas semanas más de tiempo sin recursos líquidos las administraciones provinciales y municipales? En caso negativo, ¿no quedaría más remedio que efectivamente retornar a las cuasimonedas como en 2001?

 

Ante la agudización de los problemas de empleo y liquidez, la demanda de flexibilizaciones monetarias y de gasto público corriente no es irracional. Pero sin incentivos a la producción, junto con un mínimo ajuste de gasto público improductivo, y una inflación que no cede tan rápido, impulsar la demanda y nada más es una apuesta riesgosa. Los nutridos errores de los años ’80 son una enciclopedia de lectura obligatoria en estos casos. Al menos para evitar una dinámica de caída libre con desbordes inflacionarios y protestas que van a complicar mucho más el difícil escenario actual. Y sin contar con la posibilidad de un futuro recrudecimiento de contagios y muertes por este nuevo virus que lamentablemente no deja de avanzar.

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