Controversias y desafíos en tiempos de pandemia

23 de abril, 2020

casa rosada estabilización

 

Por Arnaldo Ludueña, Alan Cibils y German Pinazo Investigadores del área de Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento

 

La reacción de los países frente a la pandemia del Covid-19 no fue homogénea ni lineal. Algunos países fueron detrás de la expansión del virus ya consumado, otros decidieron tomar recaudos previos. Sin embargo, en el debate en torno a las políticas de Estado, se pueden identificar comportamientos que priorizaron al mercado respecto a quienes priorizaron al sistema de salud. A su vez, se reflotó el debate sobre el rol del Estado y la redistribución de la riqueza.

 

En este marco, el Gobierno de Alberto Fernández optó por priorizar el resguardo de la población, minimizando los contagios e intentando mantener niveles solventes de cobertura del sistema de salud. Además, se tomaron medidas económicas, a fin de contrarrestar la caída de la actividad producto del aislamiento social obligatorio, a través de la expansión de la demanda agregada vía fondos destinados a incrementar los ingresos de los sectores más rezagados y del gasto público.

 

Entendemos que estas medidas no serán suficientes por varios motivos. Por un lado, está la interrupción de la producción y de la circulación que conlleva el aislamiento social. Gran parte del sector privado encuentra dificultades para mantener siquiera la nómina salarial, situación que se agrava por las barreras “administrativas” que ponen los bancos a las pymes que intentan acceder al crédito a bajas tasas que promovió el Gobierno.

 

Por otro lado, se verifica que hay sectores concentrados del circuito de comercialización que incrementan los precios violando los topes establecidos. Estos aumentos carecen de justificación en un marco de caída del consumo, tarifas congeladas y cepo cambiario. Además, se suman los problemas de restricción externa y deuda que heredó Gobierno que ronda el 100% del PIB.

 

El panorama es el de un Estado con recursos y capacidades limitadas que debe manejar una pandemia y una economía endeudada y en recesión. Frente a esto, no quedan muchas alternativas para atravesar el período de cuarentena que, con mayor y mejor Estado, con fuertes políticas redistributivas, postergando pagos de deuda, dejando de lado a la rigurosidad fiscal, y con rígidos controles de precios.

 

El presente contexto provee elementos para pensar que la sociedad no será la misma poscuarentena. Es una oportunidad extraordinaria para atrevernos a ser osados y pensar en medidas que hasta hace poco eran imposibles. Es momento para pensar otra regulación de sistema financiero que pueda incluir, por qué no, un proceso de estatización de depósitos que redefina radicalmente las prioridades del mismo. Es momento de pensar también en un sistema tributario diametralmente opuesto al actual que incluya, por qué no también, un ingreso básico universal y una mayor progresividad sobre las grandes fortunas. Y es, sin duda, un momento para dejar de lado el falso virtuosismo de la austeridad en materia de emisión monetaria. Sin emisión y un férreo control cambiario la economía corre un gran riesgo de apagarse por un largo período, con consecuencias que pueden ser muy problemáticas.

 

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