Argentina debe invertir 5 puntos del PIB para no caer en un default social

30 de abril, 2020

industria

Por Fernando Rezk Economista

 

 

Las fases del ciclo económico de Argentina se pueden clasificar en cuatro.

 

  • La primera (1991-1998) de estabilización macroeconómica, integración comercial, desindexación, reestructuración de deuda y atraso cambiario compensado con eficiencia económica. Dicha eficiencia se podría clasificar en tópicos, pero básicamente consistió en desregulaciones, reforma del Estado y una eliminación abrupta en la tasa de hiperinflación que introdujo incrementos de productividad en la economía, remonetización y expansión crediticia. Cabe decir que la remonetización fue tremenda, y mayor si se tienen en cuenta los pasivos dolarizados.

 

  • La segunda fase (1998-2002) es de franca decadencia, merma en los términos de intercambio y agotamiento del modelo de deuda externa con tipo de cambio real atrasado. Este modelo compensaba en el inicio dicho tipo de cambio atrasado con las mejoras de eficiencia económica y términos de intercambio no tan desfavorables, sumado a un volumen de deuda que en algún momento debería frenarse. Dicha deuda externa e interna mayormente denominada en dólares, “quemó las naves de salida” y generó que el miedo ante una posible salida de la convertibilidad, sea mucho mayor, y la estampida contra el peso mucho más desaforada. La Convertibilidad exigía un saldo externo favorable para que la economía no se desmonetice (y no requiera deuda externa creciente), superávit fiscal para que no se recree la desconfianza en el sistema (el chaleco de seguridad macroprudencial) y cierta estabilidad en la relación de monedas internacionales, así como en los términos de intercambio. Es claro que con tipo de cambio fijo la economía solo crece con fuerte demanda externa o con política fiscal expansiva, o una combinación de ambas. Todavía, al día de hoy, se escucha que Argentina quebró por no ajustar el gasto público aún más, y ello es un delirio de interpretación.

 

  • La tercera fase de fuerte crecimiento (2002-2011), se caracterizó por una fuerte apertura externa, al contrario de lo que se piensa, junto con un salto en los volúmenes de inversión, tanto total como reproductiva (equipos durables de producción). No es válido decir que se creció porque previamente se había caído. Esa falacia es fácil de refutar: tuvimos unos años ‘70 y ‘80 de tremenda caída y Argentina no rebotaba. Tampoco logramos rebotar con las devaluaciones de los últimos años. El período 2002-2007 es junto con el período 1963-1974 y 1991-1994 de los mejores de las últimas décadas.

 

  • La cuarta fase de fuerte restricción externa (2011-2019) es la de la falta de ideas, la del miedo a las transformaciones. Esta fase se resume en “la nada misma”. Un volumen de inversión históricamente bajo, casi en niveles de la crisis de 2001, pero con una tasa inflacionaria tremenda en el orden del 50% anual. Un sector externo acorde a las tasas de inversión raquíticas y una política económica que no dio indicios de asignar recursos en inversión de capital. Cabe marcar que a partir de la crisis 2008-2009 hubo una reorientación de la política económica hacia el mercado interno. Ello fue un grave error, quizá bien justificado porque no se sabía hasta cuando duraría la crisis internacional. De todas maneras, esa prioridad demandante de mercado interno, forzó el atraso cambiario, la mayor expansión fiscal y demanda interna por sobre la externa, y una pronta restricción externa con un freno al crecimiento económico.

 

Así como están planteados los números hoy, y las prioridades de política económica, se requiere un golpe de timón urgente.

 

De la inversión en capital depende nuestro futuro. Por ello, es que el Gobierno, sin recursos, debe priorizar recomponer la tasa de inversión interna. No puede recomponerla en su totalidad, pero sí en cuanto a inversión reproductiva (equipos durables) en 5 puntos del PIB.

 

Así es como logrará emparejar los números de inversión reproductiva con la de las mejores épocas de crecimiento.

 

¿De donde saldrían los recursos para generar inversión con una economía cuasi cerrada sin acceso al financiamiento?

 

Deben salir del sacrificio, del consumo presente, como ahorro forzoso sin inflación. Solo se requieren 5 puntos del PIB en inversión de capital reproductivo (equipos durables) que es lo que tracciona la economía para lograr salir (o dejar de caer). El Gobierno ha gastado más de 3 puntos del PIB en solo un mes en ayuda social y créditos subsidiados.

 

Es urgente recuperar la inversión con un cambio reasignativo en el gasto público: financiamiento no hay y la inversión privada no aparecerá. Tenemos la suerte, y sin desearle mal al mundo, de que se demandarán muchos alimentos en las próximas décadas.

 

Por lo tanto, con una inversión/PIB en el 13%, y una inversión en equipos durables hoy del 5% del PIB, solo se requieren 5 puntos más que deben ser colocados por el Estado como crédito público a industrias exportadoras y de mercado interno para inversión en bienes de capital.

 

Para el caso de que la inversión privada del sector interno no demande ese crédito, queda para el sector exportador, que sufre menos con las caídas en el mercado interno y será demandante fuerte de inversión de largo plazo.

 

Desempeño exportador e industria

 

Entre las cuatro fases descriptas, la política económica se refleja en el desempeño exportador.

 

Se toman las exportaciones históricas y se homogeneizan por el índice de precios de EE.UU. para su comparabilidad. Luego se penalizan los valores con términos de intercambio positivos y se premia a las exportaciones con términos de intercambio negativo con base 2004. De esta manera sabemos cual fue el verdadero desempeño exportador, más allá de los regalos que el viento de cola internacional nos da vía efecto precio.

 

Durante los años ‘90, el despempeño exportador fue del 8,51% anual para el período 1991-1998, mientras que mermó para la recesión de 1998-2002 aunque menos que el mercado interno.

 

Durante el período 2001-2010, el desempeño fue del 4,7%, casi la mitad que el mejor período noventista, con otra matriz de política económica pero con gran parte de la microeconomía de los ‘90 (energía e infraestructura).

 

El desempeño en materia de cantidades industriales tuvo una evolución similar al desempeño exportador, y no vale la pena calcular porcentajes.

 

 

Algunas conclusiones

 

Al contrario de lo que se cree, la integración y apertura fue fuerte en el período 2002-2011 si la medimos como coeficiente de apertura comercial.

 

Y también en contra de lo que se cree, las reformas estructurales noventistas y la estabilización macroeconómica generaron una mejor performance externa tanto en volúmenes en dólares como incluso en cuanto cantidades exportadas industriales.

 

Ello con un gran costo social en desempleo y pobreza, debido al retraso cambiario. Aun así, deja planteado que la eficiencia y la estabilidad de precios son vitales para un mejor desempeño externo. Y las reformas del Estado quizá jugaron un rol muy importante.

 

Por su parte, en cuanto a inversión, no se observan tasas porcentuales sobre PIB en equipos durables superiores al 10% en toda la serie estadística. De manera que existe una posibilidad de que el Gobierno haga bien los números y priorice la acumulación de capital.

 

No sea cosa que el día de mañana se nos arrepintamos, y queramos invertir en crecimiento económico cuando ya sea demasiado tarde para salvar una caída del PIB mucho mayor.

Dejá un comentario