Una reacción presidencial

18 de marzo, 2020

Alberto fernandez

Alberto Fernández, como todos los presidentes del mundo, se enfrentaron al dilema que significaba tomar medidas drásticas para evitar que la pandemia se propague y, al mismo tiempo, evitar un colapso económico como consecuencia de esas medidas.

 

Con la poca sorpresiva excepción del populista Jair Bolsonaro, nadie se quiere quedar corto para no aparecer como responsable de muertes que pudieron haberse evitado con medidas de prevención tomadas a tiempo. Es preferible “pasarse” antes que quedarse corto.

 

Algunos presidentes relativizaron la importancia del coronavirus y luego tuvieron que cambiar por completo su discurso. Donald Trump, tiempista y calculador como es, constituye el mejor ejemplo de esa conducta.

 

Fernández, por el contrario, se tomó el problema con mucha seriedad desde un comienzo y no dudó en tomar medidas restrictivas secuencialmente. Más aún, en algunas de sus declaraciones quedó claro que quería que fueran más profundas. En las redes sociales, tan líquidas y rápidas como los mercados, se apreciaron reconocimientos del otro lado de la grieta. Salvo Fernando Iglesias, claro.

 

Los gobiernos saben que serán evaluados por la forma en la que respondieron a la pandemia. Si bien todo dependerá de cómo evolucione la situación, el jefe de Estado recibe hasta ahora buenas calificaciones en el manejo de la crisis. Se la tomó en serio de entrada, se puso al frente de la situación, escuchó a los especialistas, convocó a la oposición y no le echó la culpa de nadie de lo que se está viviendo. Demostró estar a cargo. Fue presidencial. Estadista y hasta tranquilizó con su mensaje, tanto en Cadena Nacional como el domingo desde Olivos.

 

Ahora viene una etapa nueva, que es la de tomar medidas económicas para compensar los efectos de las medidas sanitarias. Argentina no hará nada muy distinto que lo hacen otros países. La diferencia no está en la voluntad sino en la caja. El país cuenta con menos recursos, tiene que operar sobre una economía débil y un cuerpo social dañado.

 

 

Fernández seguirá hablando de solidaridad en las próximas semanas. Una línea discursiva que recorre desde la campaña. No sólo desde el punto de vista del comportamiento individual para contribuir a que la pandemia se expanda de la manera más lenta posible y no empine la curva, sino también desde el punto de vista de los comportamientos económicos de quienes tienen poder de decisión.

 

Según Julio Burdman, el Presidente se está apalancando en la crisis del Covid-19 y “usándolo como eje de construcción de un liderazgo político”. Hasta ahora, dice Burdman, “estaba muy carente de agenda política porque, si bien la Justicia es importante, no le importa al votante promedio”.

 

En su último reporte, la consultora RTD, que lidera Nicolás Solari, señaló: “A nivel político, la crisis sanitaria desatada por el Covid-19 plantea un riesgo inmenso que podría malograr el Gobierno de Alberto Fernández cuando aun prácticamente no ha dado sus primeros pasos. También podría ser la oportunidad de construir una épica propia que lleve a Alberto Fernández de delegado de Cristina Kirchner a piloto de tormentas. Argentina se juega mucho en las próximas semanas, pero más se juega el Gobierno de Fernández”.

 

En diálogo con El Economista, Solari amplía: “El colapso mundial generado por el coronavirus constituye un desafío de máxima dificultad para los mandatorios de todo el globo. Xi Jinping, Trump, Bolsonaro y Fernández enfrentan esencialmente la misma encrucijada: sortear la crisis sin incinerar el poco o mucho capital político que acumula cada uno. En tiempos de crisis se ponen a prueba las dotes de liderazgo y conducción. El reconocimiento para el que provee orden y seguridad es instantáneo y el castigo para el líder impotente, permanente”.

 

 

Quizás Fernández imaginaba una construcción política a la nestorista, donde su impulso estuviera más cimentado en la saga reestructuración de la deuda, recuperación económica y suba de la imagen. Hoy esa carta ya no corre. Al margen del canje (también de suma importancia), el Covid-19, que nadie vaticinó, oficiará de sustituto sorpresivo y marcará de modo indeleble su gestión. Hasta ahora (esperemos que no quede mucho más por delante), el Presidente viene bien.