Parar por coronavirus es un remedio más costoso que la enfermedad

17 de marzo, 2020

Parar por coronavirus es un remedio más costoso que la enfermedad

Por Jorge Colina Economista Jefe de Idesa

 

El coronavirus no es una enfermedad muy letal pero sí muy contagiosa. Según los reportes diarios que publica la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el registro de la epidemia, se ve que el país que más está sufriendo el contagio ahora es Italia con cerca de 25.000 casos mientras que el día anterior tenía algo más de 21.000 casos. Con lo cual la enfermedad crece a una tasa de 20% diario. Cuando se observa las muertes totales acumuladas hasta ahora, son 1.500 casos: una tasa de 7%.

 

Además, en el 80% de los casos se presenta de forma leve a moderada, en el 14% se presenta severa lo cual requiere hospitalización y en el 6% de los casos se presenta crítica donde se requiere terapia intensiva con asistencia respiratoria. En general, los casos severos y críticos se dan en la población adulta mayor y con enfermedades crónicas.

 

¿Por qué colapsa el sistema de salud con tan poco porcentaje de casos críticos?

 

Por la alta tasa de contagio. Los sistemas de salud en general no tienen mucha capacidad instalada ociosa en lo que es terapia intensiva porque es la infraestructura más costosa que hay dentro del sistema. Entonces, las áreas de cuidados críticos tienden a estar dimensionadas al tamaño que requiere atender a la población en condiciones normales. Pero si todos los días se producen 4.000 nuevos casos de una enfermedad que produce unos 240 nuevos casos (6%) que demandan terapia intensiva, la capacidad instalada de las áreas de cuidados críticos colapsa. De aquí las historias de Lombardía de que faltan los respiradores y los médicos tienen que asignar a unos y negar a otros atravesando muy difíciles decisiones de ética médica.

 

En otras palabras, el coronavirus no es que es muy letal, sino que es muy contigioso, lo que hace colapsar el sistema de cuidado críticos, y esto es lo aumenta la tasa de mortalidad.

 

Ante este escenario, obviamente que la comunidad médica está muy preocupada y quiere encontrar rápidamente la forma de detener el contagio. Aquí es donde se produce la gran dicotomía: confinar a todo el mundo en sus casas para que no haya contactos entre la gente y así hacer una apuesta fuerte para que se corte el contagio, o ser más moderado y dejar que la gente siga circulando para ir a trabajar.

 

A simple vista la primera opción parece la más recomendable. Si se quiere que nadie se contagie, que todos se queden en sus casas. Las empresas organizan trabajo a distancia y el Estado subsidia a los empleadores para que mantengan el empleo y el salario de sus trabajadores confinados en sus hogares. Esta es la solución por la que están optando los países avanzados.

 

Pero en Argentina hay un problema. Solo el 55% tiene un empleo asalariado registrado privado o público con un empleador que lo puede mantener. El otro 45% de las familias viven gracias a que el jefe de hogar tiene un empleo asalariado “en negro” o vive del cuentapropismo. Por lo que encerrar a estos trabajadores les generará un daño mayor a la salud que el coronavirus. Por esto, no es tan fácil en Argentina tomar la decisión de los europeos.

 

Aquí hay que remitirse entonces a lo que aconseja la OMS. Como criterio básico, la OMS señala explícitamente que no es realista ni deseable aspirar a un riesgo cero y, por lo tanto, no recomienda el cese de actividades y la reclusión de la población. Señala que las autoridades sanitarias deben determinar qué es un riesgo aceptable y qué medidas deben tomarse para reducir esos riesgos. Dice también que medidas efectivas son las de informar a la población para que extreme las medidas individuales de prevención como lavado de manos y limpieza regular con desinfectantes de objetos y superficies en lugares de trabajo y acceso público. Para el caso de espectáculos y reuniones masivas, señala que las partes interesadas junto con las autoridades sanitarias deben evaluar los riesgos y tomar las medidas preventivas.

 

En este sentido, lo que se está haciendo en Argentina es lo que está dentro de lo posible. Que los empleadores que pueden organizar a su personal para trabajar a distancia lo hagan, limitar las entradas en las fronteras, suspender las actividades educativas, aun cuando los niños y jóvenes no son población de riesgo pero esto ayuda a generar menos presencia de gente en el espacio público, y permitir que los que no pueden dejar de trabajar vayan a trabajar extremando los recaudos.

 

En salud, siempre hay que sopesar el costo de la enfermedad contra el costo del remedio. Parar la actividad económica para aislar a la población es un remedio que los países bien organizados pueden pagar. En Argentina, tiene costos sociales tan elevados que terminan siendo mayores que el beneficio de evitar la enfermedad.