La renegociación de la deuda y el riesgo país

8 de marzo, 2020

riesgo país alberto fernández wall street

Por Jorge Bertolino

 

Dos trabajos de Jorge Avila de 2010 y 2015 sobre las particularidades del riesgo argentino ponen en evidencia su efecto sobre la inversión y, más tarde, sobre la producción y el empleo.

 

En cuanto a los determinantes de la inversión, la literatura de alcance mundial concluye que no hay consenso sobre el tamaño de la reacción de la inversión frente a cambios de las tasas de interés. Sin embargo, cuando se sustituyen las tasas de interés de corto o de largo plazo por la prima de riesgo país como variable explicativa de la inversión, los resultados econométricos son contundentes. El comportamiento de la economía argentina suministra importante evidencia en tal sentido. La prima de riesgo país sería el determinante fundamental de la inversión en Argentina, y su elasticidad con respecto a la prima sería grande, negativa y estadísticamente significativa. Por último, la dirección de causalidad correría desde la prima hacia la inversión.

 

La prima de riesgo país tiene una notable influencia sobre el ciclo económico argentino. Las fluctuaciones de la prima explican alrededor de 90% de las fluctuaciones tanto del PIB como del consumo y la inversión. La mayor riqueza que se deriva de una caída de la prima de riesgo país aumenta el consumo.

 

Avila propone estas tres hipótesis

 

  1. Que el déficit fiscal es la principal causa de incertidumbre macroeconómica o riesgo país .

 

  1. Que el riesgo país es una causa importante del retroceso económico argentino.

 

  1. La línea de causalidad va del déficit fiscal al crecimiento económico.

 

La fortaleza del modelo econométrico utilizado para estimar la relación entre la prima de riesgo país y crecimiento, deriva en que aquella captura no sólo la volatilidad macroeconómica generada por el déficit fiscal, sino también la probabilidad de una larga lista de sucesos que penalizan la acumulación de capital en un país: default soberano, confiscación, nacionalización, pánico bancario, corralito, gran devaluación, megainflación y bloqueos de importación y exportación, entre otros.

 

La elasticidad respecto del riesgo país es importante. Una suba de 20% de la prima determina una contracción de 1,8% del PIB del trimestre en curso, mientras el consumo y la inversión caen 2,2% y 4,4% en cada caso.

 

Cuando la suba de la prima se extiende por 4 trimestres consecutivos, la contracción del PIB trimestral aumenta a 3,8%, mientras las caídas del consumo y la inversión aumentan a 4% y 10,2% en cada caso.

 

Sin embargo, el testeo de modelos con rezagos arroja como resultado que la mejor hipótesis es que la prima de riesgo argentino causa el PIB, el consumo la inversión con un rezago de un trimestre.

 

Una última y muy importante conclusión de los trabajos citados es que los salarios, en todas las simulaciones, son la variable de ajuste del modelo. Esto significa, nada más ni nada menos, que las subas del riesgo país ocasionan importantes caídas en el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores.

 

La reestructuración de la deuda y el riesgo país

 

En las negociaciones, todavía no iniciadas, para estafar, una vez más, a los bonistas, a los trabajadores y a los jubilados, el Gobierno se niega a bajar el gasto público y el déficit fiscal porque considera que sería recesivo.  Se apoya en literatura que privilegia el empuje de la demanda, desde un punto de vista macroeconómico, y niega el carácter monetario de la inflación.

 

Una sección diferente de la biblioteca, en la que nos apoyamos, mira la economía desde el punto de vista de la oferta y busca otorgarle consistencia microeconómica al enfoque macro. Es así que caracterizaremos como recesivo y contrario a los intereses de las clases más desposeídas que, curiosamente, el Gobierno dice privilegiar, a todas aquellas acciones que contribuyan a aumentar el ya citado riesgo país.

 

Los escándalos mediáticos que provocaban las subas del riesgo a 600 o 700 puntos durante el indefendible Gobierno de Mauricio Macri contrastan con el silencio cómplice con que la medición actual de 2.500 puntos es asimilada, no sólo por el oficialismo, sino también por los supuestos e impresentables  representantes de los trabajadores, es decir los multimillonarios gremialistas, campeones de la lucha por la justicia social.

 

También los otrora lacrimosos columnistas, que decían defender los intereses de la clase pasiva, ahora reclaman solidaridad a quienes aportaron durante toda su vida para poder así privilegiar a los que se jubilaron debido a las graciosas concesiones de los despilfarradores de turno. Se anotan así entre los silenciosos observadores del clímax del riesgo país, sin entender que es éste y no “el neoliberalismo” ni las “corporaciones” ni los “formadores de precios” el causante del deterioro del nivel de vida de una proporción importante del pueblo argentino.

 

Tras un comienzo prometedor, en el que parecía primar la cordura en la gestión de la deuda, tanto en pesos como en moneda extranjera, el Gobierno de Alberto Fernández fue desdibujándose hasta asemejarse al más acérrimo y vengativo kirchnerismo.

 

El Presidente entiende de economía. Es una persona inteligente y ha descerrajado en los últimos años críticas contundentes a la “economía a contramano” del último período de Gobierno de la actual “vicepresidenta”.

 

Parafraseando a Adam Smith, es como si una mano invisible lo obligara a declarar ante la prensa a punta de pistola. Sólo así se entienden las marchas y contramarchas sobre la inédita propuesta de renegociación de la deuda, la construcción y posterior destrucción de la curva de rendimientos en moneda local y los caprichos jactanciosos y amenazantes que pretenden que los acreedores “tomen o dejen” la propuesta que supuestamente se hará sobre el filo de fin de mes.

 

Queriendo castigar a los acreedores, entre los cuales se cuenta, en una proporción importante, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses y miles de inversores que prestaron sus ahorros al Tesoro de la Nación, se terminará perjudicando gratuitamente, como siempre, a la clase que trabaja, produce y tributa.

 

Desde diferentes sectores se le pide a la corporación política que sea solidaria y aporte su cuota de esfuerzo.  La esgrima y las contorsiones verbales para escurrir el bulto serán, como siempre, disparatadas y aberrantes.

 

Están jugando con fuego. Hay una gran mayoría silenciosa que tiene en la punta de la lengua el “que se vayan todos”. La solución no es la huída sino la asunción de la responsabilidad de gobernar con ahínco y cordura. Para eso fue ungido por el poder, mediante el voto, el unipersonal Poder Ejecutivo de la República.

 

Desde esta columna deseamos cesen los embates y las luchas intestinas, y se privilegie el realismo, dejando gobernar al presidente que fue votado, después de todo, por una gran mayoría de la población, con fe y esperanza de un futuro mejor.

 

Si bien no nos contamos entre quienes lo votaron, deseamos que su gobierno sea exitoso porque soportar cuatro años de inacción y peleas internas por el poder, sería un despropósito y un crimen imperdonable para quien tiene todas las herramientas para gobernar, pero por miedo, respeto o vaya a saber que condicionamiento sicológico, no se atreve a utilizarlas.