La pandemia desafía la grieta

26 de marzo, 2020

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Por Carolina Tchintian Directora de Instituciones Políticas de Cippec

En política, la existencia de posiciones enfrentadas sobre temas de interés general es moneda corriente. Sin embargo, existen también cuestiones de política que tienen la capacidad de unir partes que de otras maneras no convergen: tienen valencia. El buen desempeño económico o la gobernabilidad, por ejemplo, son temas valentes, a diferencia de aborto o impuestos.

 

La pandemia del coronavirus ha puesto a prueba el liderazgo de los gobernantes en todo el mundo. Cada gobierno ha adoptado cursos de acción distintos, y en algunos casos han evolucionado con el correr de las semanas. Los medios de comunicación han dedicado casi enteramente su atención a las decisiones y medidas implementadas; es prácticamente el único tema en agenda. Sin duda, la manera en que se tomen las decisiones y el comportamiento de los dirigentes políticos durante esta crisis tendrá un efecto claro sobre la percepción de los votantes acerca de la capacidad de gestión y colaboración versus obstrucción de las elites políticas, algo que podría constituir un criterio de evaluación por parte de la ciudadanía en el futuro.

 

Alrededor de temas valentes, como los llama la ciencia política (Stokes 1963, Macdonald y Rabinowitz 1998), convergen votantes indistintamente de su identidad partidaria. Los partidos no pueden tomar posición, sino que son los votantes quienes asocian en mayor o menor medida a los partidos con estos temas y con su capacidad para lograr el resultado deseado. Es posible pensar este contexto como un momento clave en la asociación de los partidos a temas valentes, como la capacidad de capear una crisis, o esa figura del “piloto de tormentas” tan recurrente en la Argentina.

 

El contexto político institucional de Argentina dificulta la construcción de consensos: hay casi 700 partidos políticos reconocidos a nivel nacional y de distrito, escindirse y formar pequeños bloques legislativos en el Congreso tiene bajo costo, y los gabinetes casi nunca tiene en cuenta la distribución de fuerzas en los espacios de formación de consensos, como el Congreso. Esto ha resultado en un estilo de decisión que se caracteriza por la concentración en un número pequeño de personalidades en vez de la coordinación y cooperación entre diferentes fuerzas políticas. La pandemia, sin embargo, ha desafiado este contexto: actuó hasta el momento como sustancia o elemento valente para unir partes que en otras circunstancias parecían imposibles de conciliar.

 

El coronavirus es un rector de las expectativas y demandas a cubrir de manera inmediata, sin margen para desacuerdos, marchas y contramarchas. Hay riesgo para los oficialismos en tomar medidas unilaterales y un idéntico riesgo para las otras fuerzas políticas en no colaborar u obstruir las medidas dispuestas. La pandemia desafía nuestro contexto institucional, la grieta, y la manera en que los partidos se han definido a sí mismos, diferenciándose del otro en cada oportunidad. Hacia adelante, la pregunta es si esto es un cuarto intermedio en la grieta, o si contribuirá a generar un “nuevo estilo” en la política argentina.