¿El PJ milita mejor el ajuste?

2 de marzo, 2020

alberto fernandez

Por Augusto Salvatto UCA

 

En los últimos meses, el gobierno de Alberto Fernández tomó una serie de decisiones, que en el marco de la delicada situación económica que vive el país, implicaron una reducción de los salarios reales, especialmente de la clase media.

 

Esto es lo que en economía se conoce como ajuste, es decir, una serie de medidas que buscan controlar el desequilibrio en las cuentas públicas tanto por la vía del aumento de la recaudación como de la reducción del gasto.

 

Esta situación, aunque previsible debido a la situación económica del país, hizo sonar las campanas indignadas que anuncian la existencia de una contradicción, y que tan frecuentemente retumban en la política argentina.

 

“Si (Mauricio) Macri hubiera ajustado de la forma que lo hizo Alberto (Fernández), hubiera sido un escándalo”, declaró Miguel Pichetto en una entrevista con Jorge Lanata el martes pasado.

 

La situación despertó un análisis con poco rigor científico pero sí muy extendido en el inconsciente colectivo de la política argentina: solamente el peronismo puede hacer un ajuste sobre las clases medias sin que esto conlleve un caos social. Como en toda afirmación que tenga como origen el manual de ciencia política editado por don Pedro Grullo, se suelen citar ejemplos elegidos a dedo, y en este caso, el ajuste estructural del menemismo es la estrella de la película.

 

Es la política…

 

Si existe o no una contradicción entre el discurso del peronismo y sus acciones, es una cuestión de segundo plano. Los cientistas sociales no estamos para indignarnos sino para comprender lo que sucede. Y la respuesta a por qué el peronismo tiene mayor capacidad para militar un ajuste económico podemos encontrarla en la naturaleza misma de la política.

 

La política es la batalla –en democracia, debemos agregar el adjetivo pacífica– entre discursos contradictorios para volverse hegemónicos y poder transformar así el sentido común de las sociedades. Es decir, en política no se pelea por votos, sino más bien por construir el terreno y los términos de la disputa, mediante el discurso. En términos futbolísticos: el que gana es el que pone el estadio, escribe las reglas y lleva la pelota.

 

Esto quiere decir que cuando llega el momento de la campaña electoral, más de la mitad del trabajo ya está hecho para los distintos sectores. Y eso es básicamente la diferencia entre la política y el marketing. El marketing intenta vender un producto, para lo cual busca segmentar, ver cómo transformar ese producto en atractivo y cómo crear una necesidad.

 

La política busca construir un sentido e instalar un discurso que será aceptado por la mayoría de la sociedad como cierto y que luego, el marketing utilizará para vender a su candidato. La política es, por consiguiente, una batalla entre explicaciones fabricadas que compiten entre sí. La construcción de narrativas o explicaciones que busquen dan coherencia y sentido a lo que ocurre es fundamental para decidir el reparto de poder en una sociedad. La política define, entonces, sobre qué se discute, como se discute, quien pone los nombres, los motes y los adjetivos calificativos

Militando el ajuste

 

Con esta visión de lo que es la política, resulta mucho más sencillo comprender por qué el peronismo tiene mayor espalda política para realizar ajustes estructurales en la macroeconomía que otros partidos. En los momentos previos a 2015, el peronismo fue exitoso en construir una imagen de Macri como un candidato ultraneoliberal, ajustador y que gobernaría para los ricos. Algo que horrorizó a muchos neoliberales, pero que se instaló en gran parte de la sociedad como un sentido común. Muchas de las acciones de la gestión 2015-2019 llevaron a reforzar esa imagen, y las que no lo hicieron, quedaron en la anécdota, porque cuando se construye un sentido común, es muy difícil deconstruirlo.

 

Por otro lado, desde la década de 1940 el peronismo también fue exitoso en ubicarse discursivamente del lado de los sectores más desfavorecidos. Si eso efectivamente sucedió con algunas políticas y no con otras, es meramente anecdótico. Aquí estamos discutiendo los discursos, narrativas, la construcción de sentido común.

 

El resto es una suma sencilla. Así como en 2015 el macrismo fue exitoso en instalar el discurso corrupción-honestidad, que se ubicó por encima de otras dicotomías, en 2019 el peronismo reflotó la vieja contradicción entre ricos versus pobres y unos pocos contra todos. No resulta difícil para ese sector político pararse del lado de los que menos tienen, y por ende gran parte de la comunicación política ya está hecha. Los aumentos impositivos rápidamente se vuelven solidarios o patrióticos.

 

Los hechos pasan a un segundo plano.