¿El coronavirus nos lleva hacia la anarquía coronada?

18 de marzo, 2020

¿El coronavirus nos lleva hacia la anarquía coronada?

Por Matías Rajnerman Economista de Ecolatina

 

Desde hace poco más de una semana, un tema acaparó la opinión pública, siendo abordado desde múltiples formas. ¿Es posible, a menos de diez días de su “escalera a la fama”, analizar el impacto del coronavirus desde una arista novedosa? ¿Ya se agotaron todos los análisis interesantes?

 

Lamentablemente, pareciera que es difícil ofrecer algo nuevo: demasiados análisis en poco tiempo cierran paso a lo novedoso, sobre todo en un escenario donde lo que prima es el desconocimiento y la incertidumbre. Sabemos dónde empezó la enfermedad, que su impacto en la actividad será no menor a 0,5% del PIB y que está provocando un sismo económico a nivel internacional, pero no sabemos hasta dónde llegará. Para peor, esta respuesta debe buscarse más en la medicina que en la economía.

 

Entonces, dado que los primeros efectos directos del coronavirus fueron harto analizados, intentaré pensar en los indirectos y enforcarme en uno que será particularmente relevante para nuestro país: la mayor aversión al riesgo de los capitales financieros globales, lo que complicará una reestructuración de la deuda que ya venía tensa. Esto podría suceder por dos vías: estirando la negociación o reduciendo las posibilidades de “ahorro”, ya sea a través de una quita o un plazo de gracia menor o una tasa de interés mayor.

 

En momentos de incertidumbre, los inversores financieros se refugian en activos más seguros, aquellos que poseen un menor rendimiento, pero también menores chances de default. El oro y el dólar billete fueron las opciones buscadas entonces, relegando a los activos de los países emergentes. En este sentido, Argentina no fue una excepción: por el menor apetito por nuestros bonos, se disparó nuestro riesgo país, saltando de 2.200 puntos básicos al comienzo de la crisis a 3.600 en la última jornada, alcanzando un récord desde 2005.

 

Si bien ya estábamos en zona de default, este nuevo desplome de los activos locales -especialmente aquellos bajo Ley Extranjera- es un problema importante. Varios están cotizando a paridades cercanas al 30/40% de su valor de cara, quedando en terreno de compra buitre. Si este fuera el caso -no lo sabremos con certeza hasta que comience la negociación ya que dependerá de compraventas entre privados-, las chances de reestructurar la deuda o de lograr una quita sustancial se reducen drásticamente. Este tipo de fondos de inversión no buscan negociar ni obtener ganancias financieras, sino litigar y lograr beneficios legales. En consecuencia, las chances de “negociar” -no solo de llegar a un acuerdo para nuestro país- del Palacio de Hacienda serían menores.

 

Ahora bien, si asumiéramos superado el problema de los fondos buitre -algo que a todas luces no lo está, pero que es necesario para seguir con el análisis-, la negociación igualmente sería más difícil que antes. Por un lado, porque la misma inevitablemente se estirará. Dado que las principales urgencias se posan sobre el Tesoro Nacional, y no sobre los acreedores financieros, a medida que pase el tiempo nos veremos forzados a aceptar un plan de pagos menos amigable. De una manera similar, habrá que volverse más atractivos que antes para captar el apetito de los acreedores. Esto implicará una mayor tasa de interés para los activos reestructurados o un sendero fiscal -y, no menor, externo- más consistente que antes, de manera tal de parecer más seguro. Por lo tanto, podemos afirmar que no solo nuestro país no se beneficia con esta crisis, sino que, por el contrario, se perjudica todavía más.

 

Si bien el plan de cerrar la reestructuración antes del segundo trimestre ya es absolutamente imposible, las próximas semanas serán claves para determinar si nuestro país camina rumbo hacia un nuevo default o si, como parece cada vez más complejo, logra sortearlo. Antes de la crisis global, la negociación venía complicada, pero todavía era posible cerrarla de manera exitosa. El coronavirus podría asestarnos un golpe letal. Esperemos que la economía argentina no se contagie también de coronavirus: así como en el cuerpo humano, no será nada fácil.