Cómo movilizar a la Nación en tiempos de crisis

Más allá de algunos errores no forzados, descoordinaciones operativas y la subestimación inicial de la gravedad de la situación, está claro que el Presidente parece haber encontrado el camino, el tono y las acciones simbólicas para ponerse por encima de grieta

24 de marzo, 2020

Cómo movilizar a la Nación en tiempos de crisis

Por René Palacios

 

“Presidente Alberto Fernández, usted es el comandante en la batalla, somos uno solo en esta pandemia”. El tuit de Mario Negri, jefe del principal bloque opositor al peronismo en la Cámara Baja, resume, en pocas palabras, el marco en que se está desarrollando la crisis sanitaria provocada por la llegada del Covid-19 a nuestro país.

 

La metáfora bélica refleja el dificilísimo escenario que está viviendo el país en su pelea contra la pandemia. No obstante, el Presidente parece estar sorteando las dificultades y su figura se ha robustecido. ¿Por qué, en un escenario tan tumultuoso, inédito y con varios frentes abiertos, el jefe de Estado parece estar controlando la situación?

 

“Juegos de Poder”, un viejo libro de Dick Morris, exasesor de Bill Clinton y Fernando De la Rúa, entre otros, podría darnos pistas sobre las claves del éxito que está teniendo el Presidente. El texto compara tácticas de comunicación política similares que tuvieron resultados diferentes en distintas coyunturas. La que fue exitosa en un escenario determinado resultó un fracaso en otros. En el capítulo final, Morris analiza como Franklin D. Roosevelt, en Estados Unidos y Winston Churchill, en Reino Unido, tuvieron éxito en movilizar a sus respectivas naciones en durante la Segunda Guerra Mundial  y los compara con el fracaso de Lyndon Johnson en Vietnam. ¿Cuáles fueron las claves de su éxito, los errores del fracaso y cómo está enfrentando Fernández la situación actual?

 

  • Señalar el apartamiento de la norma

Roosevelt y Churchill no dejaron duda alguna en la mente de su pueblo de que enfrentaban una situación nueva cuando fueron catapultados a la Segunda Guerra Mundial. No dejaron espacio para la semejanza con los tiempos de normalidad. Fernández sigue ese camino. “El mundo atraviesa una amenaza y Argentina también está en riesgo”, comienza su carta a la sociedad una vez declarada la cuarentena preventiva y obligatoria.

 

  • Reconocer la magnitud de la tarea

Tanto Churchill como Roosevelt enfatizaron la dificultad de la tarea que tenían por delante y la gravedad del sacrificio que requería. Johnson, en cambio, la minimizó. Obligó a la Nación a descubrir por su cuenta la magnitud del esfuerzo que la guerra en Vietnam exigiría al país. Al advertir sobre la magnitud de la pandemia y sus consecuencias sanitarias, económicas y sociales, Fernández no está dejando lugar a dudas de que el desafío del país es inédito. El Presidente ha dejado claro que “esta es la prueba más exigente que la Argentina haya tenido en lo que va del siglo”.

 

  • Generar una coalición multipartidaria

Churchill dejó por completo de lado todo tipo de gobierno partidario y formó una coalición con el Partido Laborista, su principal oposición. Roosevelt no se quedó atrás y nombró republicanos en posiciones clave,  como en la Secretaría de Guerra y la Secretaría de la Armada.

 

Sin la necesidad de repartir cargos en el Gabinete, Fernández ha generado un equipo de gestión con Horacio Rodríguez Larreta, principal figura institucional de Cambiemos y Axel Kicillof, gobernador de la principal provincia del país y representante del ala más cristinista de su coalición de Gobierno. La imagen de los tres, trabajando codo a codo para controlar la expansión del virus en el área metropolitana, hubiera sido impensada hace apenas algunos días. Con la grieta en cuarentena, el Presidente se pone por encima de las divisiones y consigue generar consenso en su liderazgo para enfrentar la crisis.

 

  • Cuidarse de las falsas buenas noticias

Preocupados porque sus naciones relajaran prematuramente sus esfuerzos y perdieran de vista su objetivo, tanto Churchill como Roosevelt pusieron tanto ímpetu en reducir el optimismo facilista como en desalentar el derrotismo. Incluso, esta línea se mantenía en momentos donde llegaban noticias de triunfo, señalando constantemente el largo camino que quedaba por recorrer.  Hasta el momento, el Presidente tiene el mismo espíritu: “El contagio va a ocurrir y no lo vamos a poder evitar, pero en nuestra caso el contagio será más lento y como es más lento vamos a poder atender a la gente”.

 

  • Suspender las prioridades internas

Roosevelt tuvo que interrumpir su famoso New Deal cuando los japoneses bombardearon Pearl Harbor. Johnson, en cambio, se empecinó en seguir adelante con su programa interno de “La Gran Sociedad”, insistiendo en que Estados Unidos podían solventar los gastos de “armas y manteca”. Su negativa a no considerar más que un aumento simbólico de los impuestos fue un error que llevaría a su país a una década de inflación y estancamiento económico.

 

Fernández, quien llegó al poder con el mandato claro de terminar con la recesión económica, sabe que está en un dilema supremo: decretando la cuarentena es consciente que una económica dependiente del mercado interno como la nuestra va a sufrir un daño profundo. Sin embargo, su prioridad parece clara: “La urgencia no es la economía. La urgencia es la vida de la gente. La economía se va a frenar. No tengan dudas (…) Yo sé que esta decisión que tomé (en referencia al aislamiento obligatorio) está complicando la vida de mucha gente, pero también le estoy salvando la vida a muchos de ellos”.

 

  • No engañarse a sí mismo

Tanto Roosevelt como Churchill captaron las espantosas realidades que tuvieron que enfrentar. Ninguno de los dos se engañó a si mismo diciendo que la tarea era simple o la victoria llegaría fácilmente. Johnson puso tantas fichas en engañar a Estados Unidos aferrándose a la falsa ilusión de una victoria inminente que termino despistándose a sí mismo. Fernández parece tener los ojos abiertos ante la gravedad de los hechos. Evitar el autoengaño será vital para seguir controlando las riendas de la situación.

 

Más allá de algunos errores no forzados, descoordinaciones operativas y la subestimación inicial de la gravedad de la situación, está claro que el Presidente parece haber encontrado el camino, el tono y las acciones simbólicas para ponerse por encima de grieta. El tiempo dirá si mantiene ese camino y sigue la senda de los líderes que movilizaron a sus pueblos durante la Segunda Guerra Mundial.