Clásico: regresa la “inflación empresaria”

2 de marzo, 2020

El presidente Alberto Fernández junto a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner saludan a la multitud reunida en la Plaza del Congreso, luego de dejar inaugurado el periodo ordinario de sesiones ante la Asamblea Legislativa. Foto: Alvarez Julián/aa

Fue, es y será la economía. La microeconomía del bolsillo es la que guía la política en Occidente. En eso, Argentina no es excepción. Más allá de otros temas de elevada relevancia, el Presidente sabe que está donde está por el desfalco de las Macrinomics y que su suerte política, afuera y adentro del Frente de Todos, está atada a la economía. Es el gran tema. Los otros son secundarios. La épica discursiva, con tintes nestoristas, está diseñada para la recuperación de la herencia recibida (grave, por cierto). Están las palabras y falta, ahora, que acompañen los números.

 

Dicho eso, no es casualidad que la parte más voluminosa del discurso que dio ayer Alberto Fernández haya estado dedicada a la economía. A lo recibido y a lo que viene. Allí se juega el partido. Su partido. Y el Presidente lo sabe. En ese campo, la evolución de los precios es clave. La inflación fue la bestia negra de Mauricio Macri. Por cierto, él no la generó, pero se desbocó en su gestión, sobre todo luego del pasaron cosas: 47,6% en 2018 y 53,8% en 2019. Las dos más altas luego de 1991. Fernández ponderó los “incipientes resultados” logrados allí. El carácter incipiente debe resaltarse. Va un solo mes de inflación algo más baja (2,3% en enero) y no debe desentenderse del supercepo que congeló el dólar ni del hecho de que están todos los precios regulados pisados. Es una tregua bienvenida, pero todavía débil.

 

Pero quizás preocupó más la receta antiinflacionaria, tan poco original como efectiva. “Estamos analizando las estructuras de costos de los eslabones de la producción, para trabajar en las diferentes relaciones entre intermediarios, logística, canales de comercialización y evitar los abusos de posición dominante”, dijo Fernández. Es el regreso de la “inflación empresaria”.

 

“Vamos a fortalecer también los mecanismos de defensa del consumidor y lealtad comercial”, agregó el Presidente. Eso es bienvenido, por cierto, pero está lejos de configurar la panacea antiinflacionaria.

 

“Que los precios dejen de crecer en Argentina es una responsabilidad de todos”, sentenció. “El Estado, este Gobierno Nacional, se va a poner al frente de la batalla contra la inflación usando todas las herramientas legales con las que cuenta. No es posible que con la moneda estabilizada y las tarifas congeladas, al igual que los combustibles, el precio de los alimentos siga creciendo”, dijo el Presidente. Los alimentos subieron 4,7% en enero y la suba de febrero, estima Ecolatina, no habría estado muy lejos. También es cierto que el Gobierno quitó, desde el 1° de enero, la exención de pagar IVA de varios de esos productos básicos. Además, hubo efectos estacionales en algunos, como el de la carne.

 

“Vamos a exigirles total responsabilidad a los formadores de precios. Argentina no resiste más el abuso de quienes preservan su rentabilidad a costa de consumidores condenados a pagar sus excesos preventivos. Debemos terminar con la Argentina de los vivos que se enriquecen a costa de los pobres bobos que estamos condenados a pagar lo que consumimos”, agregó el Presidente y remató: “Esa descripción de lo que nos pasa, exige un punto final al abuso. No solo es un imperativo económico sino también es un imperativo moral. Los pícaros que especulan subiendo los precios no tiene cabida en esta Argentina”.