Sanders pudo resistir los ataques de los otros candidatos demócratas

27 de febrero, 2020

La consigna en el debate del martes a la noche en Carolina del Sur era clara: todos contra Sanders.  De una forma u otra, los demás candidatos demócratas están frente a la necesidad de frenarlo para que la ventaja que lleva en este ciclo de primarias no se siga agrandando. Pero no lo lograron porque fue un debate caótico y pocas cosas pudieron sacarse en limpio. Todo quedó como estaba.

 

Un nuevo triunfo en las primarias del sábado en Carolina del Sur, o una derrota muy ajustada, colocarían a Sanders en inmejorable posición para obtener un resultado favorable el supermartes del 3 de marzo cuando se votará en catorce estados y se elegirá un tercio de los delegados a la Convención partidaria. Y si a Sanders obtiene buenos resultados ese día (el escenario más probable) tendría la nominación virtualmente asegurada.

 

Dada la fuerte presencia que tienen los afroamericanos entre los votantes demócratas, las encuestas para las primarias del sábado favorecen a Joe Biden, que además ayer, recibió el respaldo del representante James Clyburn que tiene mucho peso en el estado y es el legislador negro con mayor influencia en el Congreso.

 

Algunos analistas entienden que un triunfo de Biden podría cambiar el curso de la campaña y abrirles oportunidades a otros candidatos. De todas maneras, necesitan ser más eficaces que hasta el momento para confrontar con Sanders al que básicamente atacan afirmando que tiene un problema de elegibilidad. En otras palabras: está demasiado volcado a la izquierda y eso le impediría convocar a segmentos del electorado más moderados que son necesarios para derrotar a Trump.

 

El problema es que ninguno de los demócratas que están en carrera parece estar en condiciones de reunir todo el partido detrás de su candidatura. Es una condición necesaria, aunque tal vez no suficiente para derrotar a un presidente en ejercicio con los indicadores económicos a su favor.

 

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El impacto en Argentina

 

Como ocurre cada cuatro años, en 2020 la atención de los mercados se concentrará cada vez más en las elecciones presidenciales de Estados Unidos dado que para la economía global es muy relevante quien esté sentado en el Salón Oval. Argentina no es indiferente a ese proceso porque su economía está muy condicionada por lo que ocurra más allá de sus fronteras.

 

Pero agenda bilateral de Estados Unidos con Argentina es modesta. Desde Washington se despliega una actitud que parece más de veto que propositiva y por eso al comienzo del gobierno de Fernández dio a entender que esperaba que Argentina no se vuelva a acercar a Maduro, que no excluya a Hezbollah del listado de organizaciones terroristas y que no avance en acuerdos estratégicos con China. Si esto guarda alguna relación con la realidad, no es pura coincidencia.

 

Los problemas puntuales fueron pocos, como la amenaza de suba de los aranceles al acero y al aluminio, pero que también afectó a Brasil y se decidió en el marco del la guerra comercial con China. De todas maneras, está claro que la visión política de los gobiernos de Fernández y de Trump difieren en casi todo. Pero si Trump obtiene la reelección, Fernández compartirá con él todo su primer mandato, lo que no ocurrió en los casos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri que comenzaron sus gestiones con un presidente estadounidense y la terminaron con otro.

 

Pero hay algunas posiciones en materia de política económica que sostiene Trump, que pueden terminar siendo favorables para Argentina. Es el caso de su demanda para que la Reserva Federal baje la tasa de interés y que eso lleve a que se debilite el dólar, que es otro de sus objetivos. Ambos le convienen a Argentina, porque tasas más bajas en Estados Unidos significan más capitales disponibles para otros mercados y el dólar bajo mejora el precio de las commodities y facilita el manejo de la política cambiaria local.

 

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