Los cisnes negros serán cada vez más frecuentes

28 de febrero, 2020

coronavirus china

Por Tomás Piqueras Economista y Luis Garvía Economista y profesor de la Universidad Pontificia Comillas

 

Los inversores no toman sus decisiones por lo que las cosas son, sino por lo que podrían llegar a ser. La gran incertidumbre causada día tras día por el Covid-19, asociada con la falta de información, con la relativa novedad de la enfermedad y con el potencial riesgo de pandemia están provocando diariamente caídas récord desde el Brexit, superiores al 3% en el caso de algunos mercados europeos, llegando a doblar este porcentaje en los mercados asiáticos, y con continuas correcciones de las perspectivas de crecimiento en el medio y largo plazos.

 

Algo que parecía ser un hecho aislado en China y donde el resto de los países quedaban al margen, terminó por demostrar, una vez más, que los diferentes países, economías y sociedades están mucho más conectados de lo que a primera vista creemos. El primer caso se detectó en China el 31 de diciembre, falleciendo la primera persona el 9 de enero. En apenas unos días se procedió a cerrar ciudades, aislando a millones de ciudadanos y controlando masivamente los movimientos de personas. En estos primeros momentos lo único que se sabía es que era una enfermedad que se contagiaba a una gran velocidad, permaneciendo asintomática durante días. El 24 de enero, un día antes del Año Nuevo Chino, y aprovechando el parón económico que supone para el país la semana dedicada al festival de primavera, China lanzó un contundente mensaje levantando un hospital de 2.000 camas en tan solo 10 días. La construcción se retransmitió en directo a todo el mundo, con millones de visitas y un impacto mundial. China se reafirmaba como la potencia mundial que es tratando de compensar su pésima gestión del SARS durante el 2003.

 

Pese a la baja tasa de mortalidad del virus en comparación con otros similares (2% en caso del coronavirus frente al 30% de la gripe aviar o 12% del SARS), la semilla del pánico ya estaba sembrada y era cuestión de tiempo que esto se tradujese en términos económicos.

 

Las importaciones y las exportaciones de mercancías representan una pieza clave en esta gigantesca cadena de valor llamada globalización, tanto es así, que solamente para hacernos una idea debemos saber que el 80% de los medicamentos que se comercializan en Estados Unidos pasan al menos una vez en alguna de sus fases de manufacturación por el Gigante asiático. Este proceso que ha permitido que China pase de unos ratios de pobreza extrema del 80% a una pobreza casi nula también tiene consecuencias adversas, y es que los mecanismos de transmisión en caso de crisis también se globalizan. Hace no mucho hablábamos de la relevancia que tenía el país que preside Xi Jinping en la estructura económica global, y cisnes negros como este demuestran lo inútil que es pensar en mercados como hechos aislados de un contexto internacional.

 

Cuando caídas en las Bolsas como las que hemos visto en estos últimos días se producen, se pone de manifiesto la problemática que trae consigo las actuales políticas monetarias que los diferentes bancos centrales decidieron adoptar para solucionar la crisis del 2008. Las tasas de interés en mínimos históricos han empujado a los inversores a tomar más riesgo del que deberían con tal de ser capaces de obtener algo de rentabilidad, y ahora se encuentran con que en épocas de volatilidad como las actuales son incapaces de tolerar sus niveles de riesgo y terminan deshaciendo sus posiciones sin mayor alternativa que la liquidez, ya que los activos (mal llamados) seguros no sólo no dan rentabilidad, sino que además producen un costo para los inversores.

 

Ante esta situación no es sorprendente que veamos todas esas caídas comentadas en los precios de la renta variable. La pregunta principal ahora es hasta cuando se van a producir estos desplomes en los principales índices y, para eso, será clave saber cómo afectará el abastecimiento de mercancías desde China hacia el resto del mundo. Suele suceder que el mercado reaccione en exceso ante este tipo de eventos y cuando nos apartamos del caos del momento y tratamos de mirar con una perspectiva más amplia nos damos cuenta de que subestimamos una y otra vez la capacidad de las personas para arreglar los diferentes problemas que se van sucediendo a lo largo de nuestra Historia.

 

Se estima que los daños provocados por esta crisis podrían costar entre 0,4% y 0,7% del crecimiento del PIB mundial y ahora la reflexión que debemos hacer es si seremos capaces de aprender alguna lección tras la crisis del coronavirus. La gran mayoría de nuestras cadenas de producción pasan por China, los cisnes negros van a tener cada vez más presencia en nuestra economía y nuestros mercados financieros están tremendamente expuestos a shocks informativos globales. Ante ese contexto, los mercados necesitan más que nunca estructuras flexibles sin grandes trabas para adaptarse a los nuevos modelos de producción a medida que este tipo de sucesos van sucediendo.

 

 

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