“La tregua inflacionaria es frágil”, advierte Ecolatina

27 de febrero, 2020

inflación changuito supermercado

El resultado de las PASO de agosto de 2019 (parece casi un siglo atrás) y el consecuente salto cambiario llevó la inflación a la zona del 4% mensual en el último cuatrimestre del año pasado. El corrimiento del “billete”, la inercia y “un comportamiento precautorio de las empresas ante la posibilidad de un acuerdo de precios y salarios tras el cambio de Gobierno” redundaron en un cierre de año a todo ritmo en el frente nominal. El famoso (y triste) 53,8% de inflación anual.

 

“Si bien los lineamientos generales en materia económica están atados a la reestructuración de la deuda, las primeras decisiones dieron cuenta de que controlar la inflación, al menos en el corto plazo, es un objetivo no menor para el Gobierno”, dice Ecolatina. Así se entienden el cepo a las divisas y los diversos congelamientos de regulados.

 

“La combinación de los incrementos precautorios en el cierre del 2019 y la vuelta al ancla tarifaria y cambiaria en los primeros 45 días de este año trajo buenos resultados en materia de precios. La inflación nacional se desaceleró a 2,3% en enero –en parte ayudada por la salida del índice de los bonos pagados en diciembre a los encargados de edificios y personal doméstico– y, según el IPC GBA Ecolatina, la tendencia continuaría a la baja: el avance de los precios fue de 2,2% entre la primera quincena de febrero e igual período de enero”, aseguraron desde la consultora. Una medición en línea con la de Seido, que ayer anunció que los precios están subiendo 2,1% mensual y avanzaron 0,5% semanal en la semana que concluyó el pasado domingo 23.

 

Hay un elemento inquietante entre cierta calma nominal. “La inflación en alimentos no cede”, dice Ecolatina. A contramano de lo que sucedió con el nivel general, las subas de los alimentos y bebidas durante el primer mes y medio de 2020 es superior al de los últimos meses del año pasado. “Una de las principales causas de esta dinámica fue la reimposición del IVA en algunos alimentos de la canasta básica, que por su significativo peso traccionaron el índice. Asimismo, también se observó durante enero un avance en el precio de la carne, que por cuestiones asociadas al ciclo ganadero pospuso el traslado a precios del salto del tipo de cambio”, explicaron. Así, el aumento de los alimentos duplicaría el del nivel general (8% vs 4,5%, según nuestras estimaciones preliminares) en el primer bimestre.

 

Otro dato negativo es que esa suba desmedida de los alimentos “podría limitar el efecto expansivo sobre el consumo de la política de ingresos progresiva que está llevando a cabo el gobierno justamente en favor de los sectores más postergados”.

 

Hacia adelante

 

A futuro, dólar y tarifas serán las claves. “Complicaciones en las negociaciones de la deuda presionarían sobre el dólar oficial imponiendo un límite al proceso de desinflación. El deslizamiento del tipo de cambio en las últimas ruedas, especialmente si se sostiene en las próximas semanas, es una prueba de fuego para la dinámica inflacionaria: una depreciación lenta pero sostenida evita el atraso cambiario impidiendo que la inflación mensual perfore el 2%”, agregaron en Ecolatina. Ayer, el dólar derrapó más de 20 centavos y el mayorista cruzó $62.

 

“Por otro lado, incluso en un escenario favorable en términos de la renegociación, el congelamiento tarifario –a priori vigente hasta mayo/junio– resulta difícil de sostener. Eventualmente, el Gobierno deberá permitir que los servicios públicos y los combustibles suban a un ritmo similar al de los costos, a fin de evitar que el peso de los subsidios económicos crezca. Además, considerando que en el año próximo se celebran las elecciones de medio término, es probable que el oficialismo quiera concentrar estos ajustes durante el segundo semestre de 2020”, agregan.

 

En síntesis, “la tregua inflacionaria es frágil”. Incluso en el mejor de los casos –éxito en la renegociación y estabilidad cambiaria–, dice Ecolatina, “se vería afectado por la necesidad de mostrar austeridad fiscal limitando los subsidios económicos, al menos en la segunda mitad del año”.

 

“A fin de contrarrestar el impacto directo y el de segunda ronda de estos eventuales aumentos, el Gobierno cuenta con dos cartas. Por un lado, todavía mantiene caudal político y buenas relaciones con los sindicatos, por lo que de mantenerse una inflación ‘aceptable’, sin bruscas aceleraciones, podría transitar el año sin demandas salariales que presionen excesivamente sobre los costos empresariales. En segundo lugar, la baja del costo del financiamiento tras la aparición de líneas de crédito subsidiadas para empresas podría colaborar en un contexto de lenta recuperación de las ventas. En definitiva, considerando los riesgos y limitaciones del uso del ancla cambiaria y tarifaria para atacar la inflación se deberá echar mano a otras herramientas para continuar con un proceso sostenible de desaceleración de la inflación. En cambio, el exceso en la utilización de alguno de los elementos disponibles será más un impedimento que un facilitador para alcanzar la estabilidad nominal en el futuro”, concluyen.

 

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