La situación de los jubilados y los recuerdos de una luchadora

20 de febrero, 2020

norma plá

Por Sebastián Giménez Escritor y trabajador social

 

Era un adolescente cuando Norma Plá comenzó a reclamar por los jubilados en Plaza Lavalle en el 1992. Protagonizó más de cien marchas de la erróneamente denominada clase pasiva. Frente al Congreso en Plaza Lavalle. Tenía un modo desenfadado de encabezar las protestas, era una cacique que actuaba a veces de modo violento, pero una violencia que no lastimaba a nadie, que exponía de modo desvergonzado y brutal la injusticia del sistema. Tuvo enfrentamientos con políticos y policías, a los que les arrojaba en ocasiones productos alimenticios como harina, huevos y chorizos. Amenazó al ministro de Economía, Domingo Cavallo, con instalar una carpa frente a su casa. Se trepaba a una de las puertas enrejadas del Congreso, lo que generaba esa empatía en los que mirábamos por la tele y rogábamos: no te caigas Norma, por Dios. Y no se caía, qué se iba a caer esa criollaza humilde nacida en Temperley.

 

Cobraban $150 los jubilados en la década de la Convertibilidad. Precios congelados, sueldos congelados y jubilaciones congeladas: el pacto social con el que gobernó el menemismo y al que se le dio el nombre de estabilidad. El país quedó congelado con un dólar demasiado alto y sostenido en base a endeudamiento que fue creando las condiciones del aumento de la desocupación y el colapso social que eclosionó en el 2001.

 

Ciento cincuenta pesos o dólares era la jubilación mínima de ese momento. A partir de marzo 2020, de acuerdo al aumento otorgado, estará en $15.892. Si lo convertimos al dólar para ahorro/ turista, serían US$ 192. Al dólar oficial, serían US$ 250.

 

Pero, ¿están mejor hoy entonces los jubilados que en el ‘92? Válgame Dios. Al cálculo le tenemos que incorporar todo lo que se encareció la vida en dólares. En 1992, el kilo de asado costaba $4 o dólares. Los beneficiarios de la jubilación mínima podían comprar con sus haberes 37 kilos. Actualmente, el kilo de asado cuesta $350 o US$ 4,25 en promedio. O sea, con la jubilación mínima podrán comprar 45 kilos de asado al dólar ahorro/turista y más de 50 kilos al dólar oficial. 37 kilos de asado en 1992 contra 50 aproximadamente en 2020. Pero en 2020, esos valores son al 19 de febrero.

 

El problema actual es que los precios se mueven cada día, cada mes, y la actualización de las jubilaciones no. El enunciado objetivo de desindexar los aumentos aliviará las cuentas públicas pero repercutirá negativamente en el costo de vida de los jubilados, que correrían de atrás a la inflación. No puede dejar de señalarse también el achatamiento que sufrirán los haberes situados un poco por encima de la jubilación mínima en la actualidad.

 

Como todos sabemos, un rubro sensible de los jubilados son los medicamentos. Plá reclamaba que el Pami fuera administrado por los propios beneficiarios. No creo que se llegue a tanto, pero al menos será interesante que se tenga en cuenta la situación y se brinde una cobertura de salud amplia a los que aportaron toda la vida. Por eso, mejorar el Pami y la cobertura gratuita en medicamentos anunciada por el presidente Alberto Fernández son un salario indirecto importante, además de la devolución del IVA y el congelamiento de tarifas. Estas compensaciones son importantes, pero las jubilaciones precisarán (al igual que los sueldos), para no perder poder adquisitivo, tener una cláusula gatillo que permita de alguna forma alcanzar el aumento de precios. La posibilidad de concretarlo en un país devastado económicamente es un desafío complejísimo y en un sistema solidario que sufre y se resiente con la desocupación y el empleo precarizado.

 

Plá y sus compañeros reclamaban, en 1992, $450 o dólares para la jubilación mínima. Hoy serían $37.350 al dólar ahorro o $28.350 al oficial. Estamos lejos de alcanzar los reclamos que enarbolaba aquella luchadora emblemática por los derechos de los jubilados. En el ‘92, conmovió alzando su voz contra el pacto social encorsetado. Sin poder alcanzar hoy ni ayer la meta de su reclamo será importante no perder de vista, sin las entrañables marchas de los miércoles, la situación de los jubilados y tenerlos siempre en agenda. Siempre.

 

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