Guzmán y el déficit 0 en 2023: ¿dónde está el problema?

17 de febrero, 2020

Buenos Aires: La sesión especial en la que el ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, brindará su informe sobre la renegociación de la deuda pública externa ante el pleno de la Cámara de Diputados de la Nación comenzó esta tarde poco después de las 17.30.Foto: María Candelaria Lagos/Télam/amb 12022020

Por Gonzalo Martínez Mosquera (h)

 

El ministro de Economía, Martín Guzmán, presentó su plan de reducción del déficit fiscal primario, que llegaría al “equilibrio” (déficit primario 0) en el 2023.

 

Inmediatamente cayeron la Bolsa, los bonos y varios economistas lo criticaron fuertemente por llegar a ese equilibrio recién dentro de tres años. Creo importante marcar que el equilibrio relevante para el análisis, no es el déficit primario 0. Que el Gobierno logre el déficit primario 0 en 2023 no implica que recién a partir de ese año pueda empezar a pagar la deuda.

 

¿Para qué sirve el déficit fiscal?

 

El Gobierno paga todo con pesos emitidos. Tanto la deuda en pesos como la deuda en dólares se pagan con pesos emitidos. En el caso de la deuda en dólares, lo único que puede hacer el Gobierno para pagarla es emitir los pesos necesarios para comprar los dólares y saldar esa deuda. Siempre que exista un tipo de cambio de pesos/ dólares, el Gobierno estará en condiciones de pagar toda su deuda.

 

La pregunta relevante no es si el Gobierno puede pagar la deuda (que siempre puede hacerlo), sino como hacer para que esos pesos emitidos no generen inflación y/o una disparada del tipo de cambio.

 

El déficit fiscal (que es siempre en pesos) cumple una función: suministrar la liquidez que demandará el mercado para funcionar (la base monetaria). El “equilibrio” no hay que buscarlo en el momento que el gasto iguala a la recaudación (déficit primario 0) sino cuando ese déficit iguala la variación en la demanda monetaria.

 

Es a partir de ese “equilibrio” que se puede empezar a pagar la deuda sin afectar fiscalmente la inflación.

 

Algunos números

 

La base monetaria argentina es de aproximadamente $ 1.800 miles de millones compuesta por el circulante más las cuentas corrientes en el BCRA.

 

Si suponemos una inflación anual de 40% para 2020, que la demanda monetaria se mantiene constante en términos reales y que el PIB se mantiene idéntico a 2019 (crece 0%), eso implicaría que para no afectar fiscalmente la inflación ni para arriba ni para abajo, debería darse una suba de la base monetaria también de 40%.

 

Eso significa que un presupuesto “equilibrado” implicaría tener un déficit primario de $720.000 millones (40% de la BM). Eso es más o menos el 2% del PIB. Si se cumpliera el 0,6% de déficit que informó el ministro para 2020 y si se dieran los supuestos comentados, eso querría decir que queda 1,4% del PIB que podrían usarse para pagar deuda del Tesoro (en pesos y dólares), deuda del BCRA (Leliq) o simplemente para que baje la inflación. Para tener una idea, las Leliq suman aproximadamente $1.300 miles de millones. Si restamos reservas netas, quedarían aproximadamente unos $700.000 millones o 2% del PIB.

 

La fuga: un comentario

 

El Gobierno no necesita financiar gasto dado que todo el gasto es en pesos y como sabemos tiene la “máquina” de imprimir pesos. Recauda y se endeuda con un sólo objetivo: no generar inflación. Toda vez que recauda o se endeuda, el Gobierno está retirando pesos del mercado. Eso tiene una consecuencia que es que el tipo de cambio sea mayor (baja el dólar) que lo que sería si no lo hiciera. Si entendemos que subir el tipo de cambio (bajar el dólar) es equivalente a financiar la fuga de capitales, no sólo el endeudamiento es el culpable de esa fuga, sino también lo es la recaudación de impuestos, la baja del gasto y la suba la tasa de interés.

 

¿Dónde está el problema?

 

No es casualidad que el número de inflación de enero (2.3%) no haya sido tan alto versus lo que venía siendo, a pesar de la baja en la tasa de interés impulsada por el BCRA. El esfuerzo que hizo Cambiemos de la mano de Nicolás Dujovne para bajar el déficit fiscal empieza a rendir sus frutos y dejaron una base firme para arrancar.

 

Los números que mostró el ministro Guzmán no son “tan” malos. El alarma que sonó en el mercado financiero por el hecho de que el déficit primario 0 se alcanzaría recién en 2023 son un poco exageradas, a mi criterio. Es verdad que para alcanzar esos números, Alberto Fernández deberá resistir las presiones internas que ya ahora, a dos meses de Gobierno, son claramente palpables. Cumplir las promesas de campaña respecto a jubilaciones, tarifas y una larga lista de etcéteras sin afectar el déficit planteado será el verdadero desafío.

 

Lograr aquellos números de déficit será una cuestión de priorizar entre pagar deuda, bajar inflación y atender a los reclamos sectoriales. Es ahí donde estará el desafío.

 

El problema, insisto, no son los números que mostró Guzmán. El desafío será alcanzarlos.

 

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