Finalmente, se prefirió el reperfilamiento a la emisión

12 de febrero, 2020

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Por Julia Segoviano Economista de LCG

 

El lunes por la noche, en contra de las expectativas que se habían gestado durante el día, el Ministerio de Economía informó que “la licitación de Bonos del Tesoro quedó desierta”. Esta licitación tenía como objetivo conseguir el financiamiento para hacer frente a los vencimientos del Bono Dual (AF20) el 13 de febrero. El pago de este bono ascendía a $100.000 millones, es decir, un vencimiento en moneda local que a todas luces resultaría menos complejo de cumplir que si fuera un bono denominado en dólares, moneda que Argentina no emite. Sin embargo, con el llamado a esta licitación, el Gobierno manifestó con claridad su deseo de no recurrir a la emisión para cumplir con los compromisos de pago.

 

Durante la jornada, mientras se esperaban los resultados de la licitación, los rumores corrieron entre analistas y se extendió una sensación más alineada con el optimismo que con el complejo panorama que posteriormente anunciarían. La razón era el atractivo que aparentemente estaba teniendo la licitación para acreedores externos. Templeton, un fondo que se calcula que posee el 25% de la emisión del bono, parecía “estar adentro” en la negociación, lo que podía contagiar al resto de inversores y mejorar el humor para adquirir los bonos. Un día después, cuando el Ministerio anuncia el reperfilamiento de los vencimientos de capital, queda claro mediante el comunicado que los acreedores externos fueron los más reticentes a aceptar el canje inicialmente y a comprar bonos en la licitación posterior.

 

La especulación sobre si era preferible emitir o reperfilar los vencimientos rápidamente llegó a su fin. Se decidió evitar la emisión para honrar los pagos y postergarlos hasta el 30 de septiembre. El mensaje desde el Ministerio tiene un dejo de firmeza y confrontación, ya que aclara que los que decidieron entrar al canje inicialmente hoy poseen una tenencia sostenible mientras que “los que no cooperaron tendrán que esperar”.

 

Emitir no era una opción deseable, debido a los riesgos de desestabilización macroeconómica que implicaba. El exceso de pesos en un contexto de baja demanda de dinero podría haber presionado la brecha cambiaria, así como también generar presiones inflacionarias, sin que fuera clara la capacidad del BCRA para esterilizar exitosamente esta emisión. Incluso para lograrlo, debería haber apelado a una suba de tasas, lo opuesto al sendero que la administración actual viene tomando.

 

La alternativa que se estaba considerando, un reperfilamiento compulsivo de los vencimientos, tampoco lucía muy alentadora. El incumplimiento de los pagos debe ser la última opción si lo que se busca es reconstruir la curva de pesos y evitar un desplome de los títulos en pesos de cara a la reestructuración, más compleja, de la deuda en moneda extranjera. Sin embargo, la decisión tomada por el Ministerio parece haber encontrado un punto medio entre las dos situaciones. Se resolvió extender el plazo del vencimiento de capital, mientras se continúan pagando los intereses adeudados. Asimismo, a las personas humanas con tenencias inferiores al valor nominal de US$ 20.000 al 20 de diciembre de 2019 no se les postergará el pago de capital.

 

Lo cierto es que se consiguió, al menos por ahora, sortear el vencimiento sin provocar fuertes disrupciones. No se emitirán pesos para cumplir con estas obligaciones, pero tampoco se anunció el reperfilamiento de todos los títulos en pesos. De todas maneras, esta decisión conlleva una pérdida de confianza por parte de los acreedores, situación poco favorable de cara a la reestructuración en dólares. A esto se suma que la medida tomada despeja el panorama sólo en el cortísimo plazo, ya que el mes que viene los vencimientos en pesos a afrontar ascienden a 120.000 millones, reflotando la discusión sobre emisión o reperfilamiento en caso de que un nuevo canje propuesto por el Gobierno fracase. La postura confrontativa que adoptó el comunicado oficial podría tratar de persuadir a los acreedores sobre la conveniencia de aceptar los bonos ofrecidos por el ministerio.

 

De todas formas, la razón que alegó el Gobierno para postergar el pago es que parte de los acreedores decidieron tratar este bono como uno en dólares (debido a encontrarse atado al valor de la divisa), y por eso serán incluidos en la reestructuración de moneda extranjera, reafirmando que los títulos en pesos serán respetados. La realidad es que actualmente la credibilidad del gobierno, luego del episodio en la provincia de Buenos Aires y del reperfilamiento actual, quedó dañada.

 

El hermetismo que caracteriza a la gestión actual tiene como contrapartida un sinfín de especulaciones y análisis basados en muy poca información. De cara a los próximos vencimientos será fundamental un manejo prolijo de las opciones que el Gobierno propone a los acreedores y cumplir con el vencimiento de los pagos, para no terminar de sepultar la credibilidad futura.

 

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