El vínculo entre las instituciones y la prosperidad

18 de febrero, 2020

Por Manuel Calderón  Profesor de historia del pensamiento económico (UNLP y UBA)

 

Los filósofos políticos de la modernidad reconocieron que el problema económico de una sociedad era como lograr el trabajo en equipo de sus integrantes: el problema de la cooperación. Jean-Jacques Rousseau en su “Discurso sobre la desigualdad” lo ejemplifica como el problema de la caza del ciervo: un conjunto de hombres si trabajan en equipo pueden cazar un ciervo, pero en caso de que a uno de ellos se le presente la oportunidad de cazar una liebre trabajando por su cuenta, lo hará. Desde el punto de vista de la sociedad de cazadores, un ciervo para todos vale más que una liebre para cada uno, y el comportamiento del cazador que rompe el contrato, destruye la confianza en la asociación y todos terminan siendo más pobres obteniendo liebres en lugar de ciervos.

 

El problema es entonces cómo generar un sistema de incentivos, de premios y castigos, que haga compatible la búsqueda del beneficio individual con la prosperidad social. David Hume, Adam Smith y Thomas Malthus vieron a las instituciones como este sistema de incentivos, por ejemplo la forma en que se define la propiedad; la forma en que se organizan la división del trabajo, la producción y los intercambios; el conjunto de derechos, obligaciones, penalidades y los procedimientos para resolver disputas establecidos en la tradición, la legislación y la jurisprudencia. Para ellos, este conjunto de instituciones es el resultado de un lento proceso evolutivo que ocurre a partir del comportamiento de los individuos, pero sin que ellos se propongan su diseño deliberadamente, sin que sean conscientes de sus efectos de largo plazo. Su teoría acerca de cómo evolucionan las instituciones es similar a un mecanismo de selección natural; se puede evaluar qué tan buenas son las instituciones de una sociedad a partir de observar el nivel de prosperidad que estas instituciones le permitieron alcanzar. Los economistas clásicos tenían como objetivo científico explicar la forma en que la propiedad privada, la libertad individual de elegir y contratar en relación a qué, como y con quien producir y comerciar, y el sistema de mercados y precios para la organización de los intercambios y la distribución, generaban el sistema de incentivos que mejor lograba la generación de riqueza social en el largo plazo.

 

Este proyecto de investigación sigue siendo uno de los principales de la ciencia económica actual, integrando los desarrollos de la teoría microeconómica de las interacciones estratégicas entre individuos con la evidencia acerca de los diferentes niveles de prosperidad de las sociedades. Concretamente, el análisis del efecto que diferentes tipos de instituciones o “reglas de juegos” (como define Douglas North a las instituciones) tienen en la generación de riqueza social. El desafío es justamente poder dar cuenta del efecto causal entre instituciones y prosperidad. En este sentido, entre las publicaciones más influyentes de los últimos años están las de Acemoglu, Johnson y Robinson (2001), Acemoglu y Johnson (2005), Acemoglu y Robinson (2012). Uno de los tipos de evidencia más impactante es la que dan los llamados “experimentos naturales”, por ejemplo, la implementación de dos esquemas institucionales distintos sobre una sociedad anteriormente única a partir de un hecho político abrupto de división, como en el caso de Corea del Norte y Corea del Sur, dos países que antes de la división eran una misma sociedad con la misma cultura, mismo tipo de individuos, etcétera.

 

La única diferencia entre las dos Coreas son sus instituciones políticas y económicas: en Corea del Sur similares a las de los países capitalistas y en Corea del Norte similares a la de los países comunistas. A medida que transcurrió el tiempo luego de la división, la diferencia entre los niveles de riqueza se acentuó notablemente a favor de Corea del Sur. A partir de este tipo de eventos, los autores clasifican dos tipos de instituciones políticas y económicas: las inclusivas y las extractivas. Las primeras incentivan el esfuerzo, la inversión, la innovación y la generación de riqueza a largo plazo, mientras que las segundas promueven la extracción de rentas y la apropiación por parte de algunos del resultado del esfuerzo de la mayoría, bloqueando los incentivos a la inversión, la innovación y el crecimiento de largo plazo.

 

Uno de los aspectos en donde recientemente se ha puesto el foco es en cómo ocurre el cambio institucional a favor de instituciones que promuevan la prosperidad, dado que este cambio es en gran medida el resultado de una acción colectiva de los individuos de la sociedad. En este sentido se presta atención a cómo se modifican los sistemas de creencias de los individuos y sus esquemas de valores y percepciones.

 

Para North (2005) es importante cómo se generan las creencias y cómo a partir de ellas toma cuerpo la intencionalidad que motiva el comportamiento de los individuos. En la misma línea un estudio que ha tenido reconocimiento, por mostrar evidencia causal sobre los sistemas de creencias a partir de un experimento natural, es el realizado por Di Tella, Galiani y Schargrodsky (2007) en donde muestran que el otorgamiento de derechos de propiedad a un grupo de individuos tuvo un impacto favorable en relación a sus percepciones o creencias respecto de valores propios de instituciones de sociedades capitalistas.

 

Volviendo al problema inicialmente planteado por los clásicos, es determinante el rol que tienen las instituciones en relación a la performance económica de las sociedades, y la teoría económica en las últimas décadas ha dedicado gran esfuerzo a la comprensión del funcionamiento de diferentes arreglos institucionales, a partir de la teoría de juegos, la teoría de contratos y diseño de mecanismos, y el empleo de métodos empíricos para analizar el impacto económico de la implementación de programas sociales que definen determinados esquemas de pagos o de incentivos individuales. Como dice Myerson en su conferencia Nobel (2007), “ahora los economistas estudian toda clase de preguntas acerca de incentivos en las instituciones sociales y nuestra teoría es ahora lo suficientemente amplia para analizar los problemas de incentivos competitivos tanto en los mercados como en la política, en la búsqueda de un mejor entendimiento analítico acerca de cómo la riqueza de las naciones depende de las instituciones”.

 

Referencias

Acemoglu, D., Johnson, S. y Robinson, J. (2001). “The Colonial Origins of Comparative Development: An Empirical Investigation”. American Economic Review.

Acemoglu, D. y Johnson, S. (2005). “Unbundling Institutions”. Journal of Political Economy

Acemoglu, D. y Robinson, J. (2012). Why Nations Fail. The Origins of Power, Prosperity and Poverty. Currency, New York.

Di Tella, R., Galiani, S. y Schargrodsky, E. (2007). “The Formation of Beliefs: Evidence from the Allocation of Land Titles to Squatters”. The Quarterly Journal of Economics

Myerson, R. (2007). “Perspectives on Mechanism Design in Economic Theory”. Nobel Prize Lecture.

North, D. (2005). Understanding the Process of Economic Change. Princeton University Press

 

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