Donald, Greta y la discusión de fondo

3 de febrero, 2020

Donald, Greta y la discusión de fondo

Si se estira (sin mayores esfuerzos) la secuencia de dardos recientes que volaron entre Donald Trump y Greta Thunberg en la gélida Davos se puede llegar a un debate sobre el futuro del capitalismo. El “team Greta” plantea cambios que el “team Donald” los invalida como impracticables. En el medio, hay más en juego que la constatada suba de la temperatura global.

 

En una interesante columna, el economista Yanis Varoufakis se suma a ese debate y dice que la razón está del lado de…Trump. Por cierto, el griego está lejos de negar el cambio climático y ser del “team Trump” pero dice que, tal como se planteó el debate, la joven activista (cara visible de un movimiento que la excede y antecede por largo) tiene las de perder.

 

En Project Syndicate, Varoufakis escribió los motivos: “La actitud del Gobierno de Trump frente al cambio climático, y los que hacen campaña a favor de medidas drásticas para contenerlo, es abominable, desagradable y errónea. Pero detrás de la vulgaridad y la toxicidad de Trump, (Steven) Mnuchin, y otros, es lógica fría y honestidad brutal: su política es la única defensa auténtica del capitalismo contemporáneo. Y, a juzgar por el consejo condescendiente de Mnuchin a Thunberg, entienden que la economía tradicional, a diferencia de la ciencia climática, es su amiga”.

 

El secretario del Tesoro de Estados Unidos le recomendó a la joven sueca que estudie economía. El ex-Goldman Sachs continuó la chicana diciendo que, luego de estudiar, Greta debía explicar como dejar de depender de los combustibles fósiles y pasar a ser un capitalismo verde y sustentable.

 

“Mnuchin a conciencia (o instintivamente) ofreció algo más que un ninguneo sarcástico. Si Thunberg siguiera su consejo, estaría debilitada. Un título en economía, y no en ciencia, política o historia, aplastaría su espíritu o la alejaría de emprendimientos que podrían tornarla aún más peligrosa de lo que ya es para los intereses económicos que representa Trump”, dice Varoufakis y carga las tintas sobre cómo se enseña la economía mainstream.

 

“Los libros de textos de economía que Thunberg tendría que leer comienzan con modelos de mercados en los que se demuestra matemáticamente que el impulso ilimitado del beneficio privado sirve al interés público. Sólo después de que haya aprendido estos teoremas, y haya practicado la gimnasia mental necesaria para extraer sus pruebas matemáticas, estará expuesta a ‘excepciones’ – por ejemplo, las ‘externalidades’ de los procesos de producción, como la contaminación que induce al cambio climático, que imponen costos que no son absorbidos plenamente por el contaminador-. El propio encuadre de las fallas de mercado como una ‘excepción’, quizá causada por alguna ‘externalidad’, es una inmensa campaña de propaganda para los Trump y los Mnuchin de este mundo”, dice Varoufakis y pide reformar la forma en la que se enseña economía en las universidades.

 

“Algunos lamentan la animosidad del Gobierno de Trump hacia los jóvenes y científicos que hablan con sensatez sobre una amenaza enorme que deberíamos enfrentar a través de la cooperación global. Pero Trump y su secretario parecen entender algo que sus detractores liberales (Nota del redactor: en la acepción sajona de “progresistas”) no entienden: no se pueden admitir los peligros del cambio climático, comprometerse a hacer lo que haga falta para revertirlo y seguir pensando en el capitalismo como un sistema natural que se puede modificar para brindar una prosperidad verde y compartida”, agrega el economista griego.

 

“Trump lo entiende: el cambio climático es el Waterloo del capitalismo. Lisa y llanamente, no existe ningún camino posible hacia la reestabilización del clima que sea consistente con el mantenimiento de los principales pilares del capitalismo. El sistema en el que vivimos, a diferencia del sistema que describen los libros de textos de economía de las impuluniversidades, pone en marcha un mecanismo de reciclaje dinámico patológico: los oligopolios extraen un valor agotable de los seres humanos y de la naturaleza a una velocidad vertiginosa, solventados por una financiarización turboalimentada con deuda, que a su vez alimenta a los oligopolios extractivos”, agrega.

 

Esa “tecnoestructura”, como la bautizó John Kenneth Galbraith en su libro de “El nuevo estado industrial” (1967), “nunca aceptará voluntariamente los límites al crecimiento físico y la extracción necesarios para contener el cambio climático porque no podría sobrevivir”.

 

Amplía Varoufakis: “La clase política depende completamente de ella para el financiamiento de sus campañas, de manera que cualquier límite, cuota o esquema de comercialización de emisiones impuesto por el gobierno resultará cosmético y, en definitiva, impotente. De la misma manera que los estudiantes de economía estudian las fallas de mercado como excepciones de un sistema de mercado que, de lo contrario, funciona perfectamente, los reformistas de centro asumen la tarea engorrosa de imaginar un capitalismo reformado y verde”.

 

Así concluye: “El trumpismo, a pesar de ser grosero y desagradable, es una manifestación honesta del momento histórico en que el capitalismo tardío empujó a la humanidad más allá de un punto de no retorno. Trump nos insta a seguir adelante, mientras que Mnuchin sugiere que Thunberg anestesie su alma con el opio de la economía tradicional. La única alternativa a su política de un cambio climático acelerado, a los maleficios petroleros y financieros que impulsan al capitalismo, es la desintegración general de la tecnoestructura de hoy. ¿Tenemos el estómago para eso?”.

 

Dejá un comentario