Argentina ante el nuevo escenario económico global

21 de febrero, 2020

Por Juan Radonjic

 

El coronavirus desplazó a la guerra comercial entre Estados Unidos y China del sitial que ocupó durante dos años como principal amenaza al crecimiento global. Esto quedará en claro en la reunión que se realizará este fin de semana en Riad y de la que participarán los ministros de Economía y presidentes de los Bancos Centrales de los países del G 20.

 

El peor momento de la desaceleración económica a nivel global parece haber quedado atrás y el FMI pronostica que el PIB mundial crecerá 3,3% en 2020 luego de haberlo hecho al 2,9% el año pasado. Pero todos los pronósticos coinciden en que la tasa de crecimiento de la mayoría de los países será baja durante los próximos años.

 

Los ejemplos abundan. Estados Unidos creció 2,3% en 2019 y este año la expansión podría ser menor, y eso que es la economía desarrollada con mejor desempeño. Japón podría caer en recesión en el primer trimestre de este año. Alemania le escapó por poco a esa situación pero el Bundesbank acaba de afirmar que no observa que la economía esté recuperándose en el arranque de 2020 luego de haber cerrado 2019 con un magro crecimiento de 0,6%. Como consecuencia de lo que le ocurre a su mayor economía, la zona euro crece apenas por encima del 1% sin perspectivas de mejorar mucho en lo inmediato, como lo reconoce el Banco Central Europeo.

 

China, que fue el motor del crecimiento global a la salida de la crisis que se desató en 2008, ya no crece al 11% anual sino que apenas supera el 6% y tal vez siquiera eso si el coronavirus no se extingue pronto.

 

En nuestra región, Brasil está recuperándose en cámara lenta. Luego de las fuertes contracciones de 2015 y 2016, en los últimos tres años el PIB creció 1% y todavía no recuperó su nivel pre crisis. Para este año se proyecta una expansión de sólo el 2%.

 

Este es el mundo de hoy en el cual deber moverse Argentina. Viendo estos números, y varias restricciones propias, las expectativas deben adecuarse a este contexto global y, por lo tanto, no tiene sustento pensar que el país pueda crecer a tasas altas. Claro que para acercar su desempeño al de los demás países, también debe reducir su estrafalario nivel de inflación.

 

Además de estas tendencias más estructurales, hay factores puntuales que pueden favorecer o complicar a la economía argentina. Un dato clave es el valor del dólar contra el resto de las monedas, como lo demuestra la Historia reciente. Un nivel bajo facilita el manejo cambiario, reduce el peso de la deuda y mejora el precio de las commodities impulsando a la economía local como se observó al comienzo de los noventa y desde 2002 a 2014 con la excepción de 2009 por la crisis financiera. Pero cuando sube, el escenario se complica como se comprobó a comienzos de los ’80, en la segunda parte de la década del ’90 y en 2018.

 

Contra todos los pronósticos de fines del año pasado, la moneda estadounidense se está fortaleciendo en el mundo por la incertidumbre que genera el coronavirus. Un dato a favor es que las tasas de interés en Estados Unidos seguirán en su bajo nivel actual por bastante tiempo y tampoco puede descartarse que el próximo movimiento de la Fed sea un recorte. Brasil ayudará algo duplicando la suba del PIB, pero la desaceleración de China afectará el valor de muchos de los productos que exporta Argentina. Todos los pronósticos que se hagan sobre la economía nacional no podrán soslayar este marco internacional, con sus aspectos positivos y negativos. La clave de un buen gobierno siempre es maximizar los primeros y moderar el impacto de los segundos.

 

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