Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente

26 de enero, 2020

En la tarde del 16 de febrero de 1996 Cristina Robledo jugaba ser una turista más en Marbella, uno de los balnearios top de Pinamar, mientras su marido, José Luis Cabezas, simulaba hacerle fotos con su cámara. Todo se trataba de una puesta en escena. Detrás de su esposa, Alfredo Yabrán caminaba cómodo junto a su mujer, María Cristina Pérez.

 

Dos años después, el empresario que hizo un culto del anonimato, se quitaba la vida de un escopetazo en su estancia de Entre Ríos, acorralado por la Justicia argentina y el FBI, y dejando un testamento nombrando a “H. C.”, Héctor Collela, como su sucesor. “Me pidió que cuide a la familia”, había dicho Colella al salir del funeral.

 

Yabrán venía con un derrotero a cuestas al parecer insoportable tras ser denunciado en agosto de 1995 por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo en una maratónica sesión del Congreso. El ministro había dicho que el empresario lideraba una mafia que controlaba la entrada y salida de bienes del país a través un entramado de empresas sospechosamente autofinanciadas, con posiciones dominantes en logística, seguridad, transporte y servicios aeroportuarios, más la impresión de dinero y documentos oficiales y el manejo informático de Lotería Nacional por vía de una empresa cautiva.

 

Cuando se mató, a los 53 años, era buscado intensamente por el asesinato del reportero gráfico de la revista Noticias, que un año antes había publicado la foto que le costó la vida. “Yabrán ataca de nuevo”, tituló Noticias en su tapa del 5 de marzo de 1996. La imagen capturada por Cabezas acompañaba una investigación escrita por el periodista y compañero de temporada Esteban Michi, donde revelaba los negocios del empresario en Pinamar.

 

Rara vez concedía entrevistas, y cuando lo hacía exigía que el periodista no esté acompañado por un fotógrafo. En tiempos de selfies, donde las redes sociales lograron destruir cualquier posibilidad de anonimato, resulta distópico pensar que Alfredo Yabrán se jactaba de que su cara nunca había sido publicada. “Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente”, dijo alguna vez en una entrevista. “Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía”.

 

 

 

Cimbronazo 

 

El crimen de Cabezas, encontrado calcinado dentro de un automóvil en una cava de Madariaga con las manos esposadas en la espalda y dos tiros en la cabeza, perpetrado el 25 de enero de 1997 tras una fiesta de cumpleaños en la casa del empresario postal Oscar Andreani, provocó un quiebre político en los gobiernos de los entonces presidente Carlos Menem y del gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde.

 

Fue este último quien advirtió en aquel momento que le “tiraron un muerto” y reveló vínculos entre la política, empresarios y la policía, de la que supo decir meses antes que era “la mejor del mundo”.

 

La noticia del homicidio -ocurrido en el balneario elegido por empresarios y políticos para veranear durante la década del ’90- le llegó a Duhalde cuando se disponía a salir de pesca.

 

Mientras Duhalde consideraba que Yabrán era “sospechoso” del crimen de Cabezas, Menem sostenía que el hombre que visitaba con frecuencia la Casa Rosada era “sólo un empresario más”.

 

Cincuenta días después del asesinato, el gobernador dijo que la policía daba miedo en lugar de seguridad e hizo la primera de una serie de purgas en la fuerza de seguridad, exonerando a 150 efectivos.

 

La investigación determinó posteriormente la responsabilidad de jefes policiales en el homicidio y sus vínculos con el encargado de la custodia del empresario, Gregorio Ríos.

 

Cinco meses después del crimen renunció el ministro de Justicia Elías Jassan, al descubrirse que había mantenido más de cien contactos telefónicos con Yabrán, sospechado de haber actuado como el instigador del homicidio.

 

Jassán, según se reportó entonces en medios periodísticos, había sido vicepresidente de una empresa ligada a Yabrán y le otorgó el reparto de la correspondencia de la cartera a su cargo a la compañía de correos OCA, también mencionada como propiedad del empresario.

 

 

Superación personal

 

Para la Justicia, la víctima fue capturada por la llamada “Banda de Los Horneros” en un operativo clandestino supervisado por los policías Aníbal Luna y Sergio Camaratta, y luego llevada hasta una cava de un camino rural de General Madariaga, donde el también ex policía Gustavo Prellezo lo asesinó de dos disparos en la cabeza e incendió su cuerpo dentro del auto que utilizaba para trabajar.

 

En el juicio oral, se determinó que el empresario Alfredo Yabrán fue el autor intelectual “mediato” del crimen, y su jefe de custodia, el ex sargento del Ejército, Gregorio Ríos, el autor “inmediato”.

 

En los últimos años, todos los condenados fueron recuperando la libertad, en tanto que en 2010, a Prellezo le otorgaron la prisión domiciliaria por problemas de salud.

 

Finalmente, el 8 de enero de 2017, a pocos días de cumplirse el vigésimo aniversario del crimen del reportero gráfico, Prellezo salió en libertad condicional por decisión de la Cámara de Apelaciones de Dolores, que estimó que dentro de cinco años podrá quedar en libertad plena.

 

Los jueces destacaron la “superación personal” del condenado en base a sus estudios universitarios, y también su trabajo como gestor desde su domicilio.

 

Además valoraron que realiza actividad física, concurre a la Iglesia Adventista y fortaleció sus “lazos familiares y sociales en general”, ya que formó una nueva pareja con la que tiene un hijo.

 

La familia del fotógrafo reclamó el viernes que Prellezo no ejerza como abogado matriculado hasta que cumpla la totalidad de la sentencia, a fines de 2021.

 

Gladys Cabezas, hermana del reportero gráfico, dijo que hasta la fecha el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal (CPACF), presidido por Eduardo Awad, no se expidió sobre su reclamo para retirarle la matrícula a Prellezo (58) “hasta que cumpla con la condena de la justicia”.

 

 

Todavía sé lo que hicieron el verano pasado

 

El 23er aniversario del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas fue recordado este fin de semana con diversos actos en todo el país, mientras su familia, dirigentes del gremio de reporteros gráficos y autoridades encabezarán los homenajes con dos ceremonias en las localidades bonaerenses de General Madariaga y Pinamar, donde se produjo el crimen.

 

Familiares y amigos de Cabezas, con la colaboración de los intendentes de Pinamar, Martín Yeza, y de General Madariaga, Esteban Santoro, realizaron ayer un primer acto a las 10, en la cava sobre la ruta 11, a la altura del kilómetro 385, y el segundo a las 19 en el monolito que lleva su nombre, frente a la Terminal de Micros pinamarense.

 

 

Además se plantaron árboles de la paz “para que José Luis descanse en paz”, en tanto que autoridades del diario Página 12 colocaron una placa recordatoria en el lugar.

 

La Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) realizó un acto a las 18.30, en recordación en su sede de Venezuela 1433, y otro en Santa Fe, en la plaza del Soldado. Además hubo homenajes en Mendoza, Salta, Rosario y Neuquén.

 

 

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