Larry Fink de BlackRock se suma a la pelea contra el cambio climático

15 de enero, 2020

LARRY FINK

¿Efecto “Greta”? ¿Efecto Australia? ¿Mera conveniencia y corrección política? ¿Buenos retornos? Poco importa porque uno de los hombres más poderosos del mundo de las finanzas profesa la fe verde. Hablamos de Larry Fink, CEO de BlackRock (la fundó, también), que maneja activos por casi US$ 7 billones (trillion, en inglés). Más de 15 PIB de Argentina.

 

En su tradicional carta anual a los CEO, Fink anticipó a todos que, desde ahora, tendrá una mirada verde, por llamarlo de algún modo, en sus inversiones. Si bien Fink “no es el líder climático que necesita el mundo”, dice Bloomberg, tiene cierto poder como para cambiar algunas conductas corporativas. Por cierto, tiene un látigo interesante para castigar. Además, puede ayudar a generar un cambio de conciencia en sus pares, potenciando un cambio que arrancó hace un tiempo, pero necesita más fuerza.

 

“El cambio climático se ha convertido en un factor decisivo en las proyecciones a largo plazo de las compañías. En septiembre pasado, cuando millones de personas salieron a las calles para protestar contra el cambio climático, muchos enfatizaron el impacto significativo y duradero que tendrá en el crecimiento económico y en la prosperidad –un riesgo que, a la fecha, los mercados han sido lentos en reflejar–. Pero la concientización está cambiando muy rápido, y yo creo que estamos al borde de un cambio estructural de las finanzas”, dijo Fink en la misiva.

 

 

“La evidencia en relación al riesgo climático está convenciendo a inversores a reevaluar los supuestos básicos sobre las finanzas actuales. Investigaciones realizadas por una amplia gama de organizaciones –incluyendo al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, el BlackRock Investment Institute y muchos otros, junto con nuevos estudios de McKinsey respecto a las consecuencias socieconómicas del riesgo climático– están profundizando nuestra comprensión respecto a cómo el riesgo climático impactará tanto nuestro mundo físico como el sistema global que financia el crecimiento económico”, agrega.

 

Sigue Fink: “Por ejemplo, ¿serán capaces las ciudades de financiar las necesidades de infraestructura a medida que el riesgo climático redefine el mercado estadounidense de los bonos municipales? ¿Qué pasará con las hipotecas a treinta años –un pilar fundamental de las finanzas– si los acreedores no pueden estimar el impacto del riesgo climático para un horizonte tan extenso, y si no hay un mercado viable para seguros sobre inundaciones o incendios en áreas afectadas? ¿Qué pasa con la inflación, y a su vez con las tasas de interés, si el valor de los alimentos aumenta a causa de sequías o inundaciones? ¿Cómo podemos modelar el crecimiento económico si los mercados emergentes ven caer su productividad como consecuencia de temperaturas muy altas y otros impactos climáticos?”

 

Cada vez más, dice, “los inversores están considerando estas preguntas y reconociendo que el riesgo climático es un riesgo de inversión”. En efecto, el cambio climático es uno de los temas principales que los clientes alrededor del mundo comentan con BlackRock, añade. Desde Europa a Australia, de América del Sur a China, de Florida a Oregón, están preguntando cómo deberían modificar sus portafolios. Están buscando entender tanto los riesgos físicos asociados al cambio climático, como también las maneras en que las regulaciones climáticas impactarán precios, costos y demanda de manera transversal en la economía.

 

“Como fiduciario, nuestra responsabilidad es ayudar a los clientes a navegar esta transición. Nuestra convicción respecto a la inversión es que los portafolios que integran sustentabilidad –y el cambio climático– pueden brindar a los inversores mejores rendimientos ajustados por riesgo. Y, dado el aumento del impacto de la sustentabilidad en los retornos de las inversiones, creemos que la inversión sustentable es la base más sólida para los portafolios de nuestros clientes de cara al futuro.

 

En una carta enviada ayer a sus principales clientes, BlackRock anunció una serie de iniciativas para posicionar la sustentabilidad en el centro de su enfoque de inversión. Enfoque que va desde posiciones pasivas hasta otras más agresivas, como desinvertir en aquellas que presentan un alto riesgo relativo a la sustentabilidad, como productoras de carbón térmico.

 

El año pasado, recuerda Fink, BlackRock votó en contra o se abstuvo de votar respecto a 4.800 directores en casi compañías. “Cuando consideremos que las compañías y los directorios no están generando buenos reportes sobre sustentabilidad o no están implementando las acciones correctas para manejar estos temas, apuntaremos a los directores como responsables”, dijo.

 

Lejos del idealismo, Fink también reconoce que no existe la tecnología para reemplazar de manera rentable muchos de los usos esenciales que tienen hoy los hidrocarburos. “Debemos ser conscientes de las realidades económicas, científicas, sociales y políticas de la transición energética. Los gobiernos y el sector privado deben trabajar juntos para llevar a cabo una transición que sea justa y equitativa – no podemos dejar atrás a partes de la sociedad, o a países enteros en mercados en vías de desarrollo, mientras caminamos hacia un mundo con bajas emisiones de carbono”– , dice y agrega, con razón, que “son los gobiernos son los que deben liderar esta transición”. Aun así, “las empresas y los inversores también juegan un papel relevante”.

 

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