La transición interminable

8 de enero, 2020

 Por Patricio G. Talavera

 

Pedro Sánchez Castejón fue confirmado ayer como presidente del Gobierno Español. Lo fue por el margen más escueto desde 1979: 167 votos a favor y 165 en contra. Su Gobierno no depende tanto de esa aritmética, como de aquella que señala la composición de los 18 diputados que eligieron abstenerse. Son los 13 legisladores de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), partido decano del independentismo catalán, y la coalición nacionalista vasca Bildu, última metamorfosis del mundo “abertzale” posterior al desarme de ETA.

 

Difícil reconocer en esta suma parlamentaria, no ya al PSOE centrista y moderado con el que Sánchez intentó ampliar (frustradamente) su base parlamentaria en noviembre, sino al PSOE más progresista que el ahora Presidente ensayó en abril y antes, en las primarias del PSOE. Bildu, como ERC, como gran parte del mundo nacionalista periférico español. De esta experiencia del primer Gobierno de coalición desde 1939, se pueden extraer algunas observaciones.

 

El cambio de la composición parlamentaria, y no tanto su propia fuerza, fungió de inevitabilidad a Unidas Podemos y a Pablo Iglesias dentro de la estrategia del PSOE. Logra mucho más con 35 bancas (una vicepresidencia y cuatro ministerios) de lo que alguna vez tuvo con 71 escaños, allá por el hoy lejano 2016.

 

La estrategia de repetición electoral, sostenida fundamentalmente por el PSOE andaluz y el castellano, en el convencimiento del derrape de Podemos y la depresión conveniente de Ciudadanos, fracasó. Dejó al PSOE malherido, al aliado preferente (Ciudadanos) al borde de la extinción y no logró sofocar a Podemos, al cual se le tuvo que conceder mucho mas que lo que pedía en junio.

 

Es poco factible que, dado lo exiguo de los márgenes, de esta Legislatura se salga con mandatos cumplidos y reformas hechas. Como se vio en el debate, la tensión es extrema, y la fragilidad de los partidos bisagra, como Foro Asturias, Coalición Canaria, ERC, Bildu y Teruel Existe en sus compromisos con los grandes partidos, es enorme.

 

Todo esto se trasladará a la dinámica electoral del 2020, donde ya están fijadas en el calendario las elecciones de País Vasco y Galicia, y donde puede sumarse Murcia, reducto de Vox. Esto puede mantener la dinámica de un Gobierno “en funciones”, reducido a lo básico para su supervivencia otro año más, posponiendo las reformas.

 

Se aproxima un periodo de alta inestabilidad, con dificultades económicas. Y uno de los activos de esta coalición, antes contranatura y hoy, como dijo el portavoz del Partido Nacionalista Vasco, “rápida y furiosa”, es la grieta social y geográfica, con Vox como guía prográmatica del Partido Popular de Pablo Casado, improvisador gris y sin reacción, con Ciudadanos e Inés Arrimadas gesticulando para salir de la irrelevancia.

 

El contencioso catalán escalará y de como lo conduzca la coalición progresista determinará el largo del recorrido de esta Legislatura, que difícilmente logre estirarse hasta 2024. Una parte de la Justicia española, fracturada políticamente, ha reaccionado interviniendo (resolución de la Junta Electoral destituyendo nada menos que al Presidente catalán, cuando es órgano administrativo), generando efectos políticos no previstos.

 

Mas que la España de 1936, posiblemente sea la vuelta de la España de los años últimos de la Restauración borbónica antes del golpe de 1923: la crisis de un orden partidario perdurable, sin solución de continuidad, con fragmentación y polarización. Como el agua mal drenada, los empozamientos estarán a la orden del día en el pantano español.

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