El programa macro y el acuerdo de precios y salarios

6 de enero, 2020

Hasta ahora, Alberto Fernández, se mostró como un discípulo de Néstor Kirchner en todo lo relacionado con el vínculo con los distintos sectores. El kirchnerismo fue un proceso largo, que durante sus doce años en el gobierno, fue mutando. Y uno de los terrenos en el que más lo hizo fue en el de las relaciones con empresarios y dirigentes gremiales.

 

Inicialmente, Kirchner aspiraba a construir un capitalismo nacional fuerte, quería grupos empresarios locales de peso y apostaba por el desarrollo industrial. Por eso, siempre mantuvo una relación privilegiada con la UIA. En la Conferencia Industrial de 2007, la última a la que asistió como Presidente, claramente, jugó de local. El auditorio le era muy favorable.

 

Lo mismo puede decirse de la relación con las organizaciones sindicales y con quien era su líder más representativo en aquellos tiempos: Hugo Moyano quien todos los años le llevaba como ofrenda a la Casa Rosada el cierre de la paritaria de Camineros. Todo ese armado empezó a resquebrajarse a partir de 2010 y sobre todo luego del triunfo de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales de 2011, las últimas que ganó su espacio político hasta las de 2019.

 

Fernández quiere recomponer el entramado de relaciones del kirchnerismo inicial. El desafío no es menor porque las condiciones son otras y ahora tiene mucho menos que ofrecer. Por eso, en este contexto, a diferencia de lo que ocurrió con Kirchner, Fernández pretende institucionalizar los acuerdos con los sectores productivos.

 

De allí que los haya reunido a todos ellos apuntando a la firma, dentro de poco tiempo, de un acuerdo de precios y salarios que permita ir bajando la inflación y para comprometerlos a que se involucren en la creación de un consejo económico social que pretende que se haga por ley.

 

Los acuerdos no pueden suplir el diseño de una política macroeconómica consistente que sea capaz de generar apoyo entre los sectores a los que se pretende convocar. Pero dado ese primer paso, los compromisos de los distintos agentes económicos son clave para asegurar los resultados de cualquier programa de gobierno. Y para ello, Fernández necesita recuperar capacidad de diálogo con todos los sectores, que el último gobierno peronista, en su etapa final, había perdido. Su reciente presencia en una reunión AEA es concluyente al respecto. En el gobierno de Mauricio Macri no se creyó conveniente poner en marcha acuerdos sociales porque podrían erosionar el poder presidencial pese a que se había hablado de esa posibilidad durante la campaña electoral. Su apuesta era crear un escenario macroeconómico que acomodase la puja entre precios y salarios. Los resultados no fueron satisfactorios.

 

Ahora se abre una nueva instancia, y cuanto antes se ponga en marcha mejor porque permitirá saber con exactitud cuáles son los objetivos que tiene el Gobierno y a qué nivel pretende que converjan las distintas variables. ¿A qué tasa de inflación está apuntando? En ese terreno el arreglo del tema de la deuda es clave, porque si no están definidos los compromisos que asume el país en ese terreno, será poco creíble cualquier meta que se establezca para las variables económicas.

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