El Gobierno de Brasil está jugando con fuego

9 de enero, 2020

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

 

Mientras nuestro Gobierno trata de mostrarse cauteloso respecto de la escalada bélica entre Irán y Estados Unidos, el Gobierno de Brasil no dudó en tomar partido por Estados Unidos. Primero la cancillería brasileña al condenar sólo los ataques a la Embajada estadounidense en Bagdad. Luego de la muerte del general Soleimani emitió un comunicado de apoyo incondicional a Washington: “Al tomar conocimiento de las acciones conducidas por Estados Unidos en los últimos días en Irak, el gobierno brasileño manifiesta su apoyo a la lucha contra el flagelo del terrorismo, y reitera que esa lucha requiere la cooperación de toda la comunidad internacional sin que se busque cualquier justificativo o relativización para el terrorismo”.

 

Esa asociación de las actividades de Soleimani con organizaciones terroristas, fue reafirmada por declaraciones del presidente Jair Bolsonaro: “Nosotros repudiamos el terrorismo en cualquier lugar del mundo y punto final. Es un derecho de ellos, como el mío también”. Resultado: este lunes, la encargada de negocios de Brasil en Teherán fue llamada por el gobierno iraní para “dar explicaciones” según la versión oficial de Brasilia. En realidad, para recibir una protesta formal del gobierno de Irán. Mal que le pese a Itamaraty, la aparente confianza mutua ha quedado dañada.

 

¿Brasil ingresa como potencial blanco a atacar? La mayoría de los periodistas y exdiplomáticos brasileños sostienen que no es factible, aunque olvidan, que Argentina recibió una bomba en la embajada en Israel y otra en la AMIA, ante el sobreactuado alineamiento con Estados Unidos en la Guerra del Golfo a principios de los ’90. Además, desde la Revolución Islámica de 1978, y probablemente de bastante antes, existe evidencia de una vinculación más que amistosa entre los chiítas iraníes y la organización Hezbollah. También sobre las actividades de dicha organización en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, y las “relaciones carnales” entre el chavismo venezolano, Irán, Hezbollah y otras organizaciones que operan en Líbano y Siria.

 

La estrategia esperable de Irán es la de ataques por sorpresa a objetivos blancos en países alineados con Estados Unidos, y fuera de Medio Oriente. Y luego de estos episodios, Brasil deberá extremar sus medidas de seguridad. Anteayer la embajada de Estados Unidos en Brasilia emitió un comunicado recomendando a los estadounidenses que están en Brasil “bajo perfil, estar atento ante lo que ocurre alrededor, mantenerse alerta en lugares frecuentados por turistas, y rever sus planes de seguridad personal”. Algo que con mayor o menor énfasis se mantenga por bastante tiempo en un año en el que hasta eventos de portivos como los Juegos Olímpicos en Tokio de julio próximo asoman como un blanco “fácil” para cualquier atentado. El gobierno de Irán ha manifestado que lanzará su represalia no sólo contra Estados Unidos, sino contra todos sus aliados. Es claro que tiene en la mira a Israel, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos, y los miembros de la OTAN. ¿Incluirá o no a Brasil en ese grupo? Imposible saberlo.

 

En cuanto a los negocios bilaterales, el eventual debilitamiento del comercio con Irán no alterará la economía brasileña. Las exportaciones a Irán de los primeros once meses de 2019 sumaron US$ 2.117 millones, 1,03% de las ventas brasileñas al exterior. Las importaciones desde Irán ascendieron a sólo US$ 88,9 millones.

 

En 2019 Irán fue el cuarto destino de las exportaciones agrícolas brasileñas. El 44% de las ventas a Irán fueron de maíz, el 26% grano de soja triturado, el 13% harina y pellets de soja, 10% ventas de carne bovina y 7% azúcar de caña. Ahora bien, Irán fue el segundo importador de maíz brasileño, el quinto mayor comprador de soja y el sexto mayor comprador de carne bovina de Brasil. A su vez, dicho país le exporta a Brasil urea, uvas frescas y secas, objetos de vidrio y otros productos manufacturados.

 

En general se espera que no habrá grandes variaciones en el intercambio bilateral. Pero en el corto plazo el lobby agroexportador tratará de persuadir a Bolsonaro para que no vuelva a irritar a Teherán. Sus inoportunas declaraciones exponen ahora a los brasileños a eventuales atentados dentro y fuera de Brasil, y ponen también en riesgo el esfuerzo de empresarios de verdad, a los que les costó más de cuatro décadas ganar mercados en Medio Oriente.

 

Ahora es la diplomacia brasileña la que deberá cargar con la tarea de recomponer la imagen externa de Brasil, luego de este desmanejo comunicacional de Bolsonaro, quien trata a su manera de copiar el estilo temerario de Trump. Algo que puede ser muy efectivo para ganar elecciones, pero que en las relaciones internacionales puede no ser bueno. Sobre todo, cuando gobiernos como el de Irán cuentan con organizaciones, medios y capacidad de sorpresa notablemente superiores a las de cualquier gobierno de nuestra región.

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