Dólar libre otra vez firme, con bonos y acciones en baja

6 de enero, 2020

El dólar volvió a bajar y cerró a $37,61

Por Luis Varela 

 

Con un cepo cambiario asfixiante, con un Estado híperegulador y un Gobierno que hasta ahora viene cumpliendo con el pago de los vencimientos de la deuda, el año 2019 terminó para las finanzas argentinas con un reloj cambiario estable que marcaba un “tic tac”, con alta inflación, con tasas de interés en baja y con títulos argentinos (tanto acciones como bonos) recuperando valor.

 

El indicador que posiblemente mejor reflejaba el estado de ánimo de la población, tras el final del gobierno de Mauricio Macri y el amanecer del de Alberto Fernández, fue el descenso vertical del riesgo país, que después de trepar al mayor nivel en quince años (2.533 puntos por el susto de la vuelta de los K) se desplomó nada menos que 763 puntos en cuatro meses, para cerrar el año en 1.770 puntos básicos.

 

Y otro dato que también generaba un cierre de año para la sonrisa era la evolución de las reservas del Banco Central: gracias al cepo, y a un superávit comercial que surgió porque las importaciones desaparecieron, las arcas de la autoridad monetaria subieron en US$ 1.523 millones en apenas dos meses, al pasar de US$ 43.255 millones en el cierre de octubre a US$ 44.778 millones a fin de año.

 

Sin embargo, mientras la papa caliente que recibió Fernández debe resolver todavía el histórico déficit fiscal, una inflación que todavía es indomable y un cronograma de vencimientos de la deuda que tal como está planteado no se puede cumplir, la llegada de 2020 cambió totalmente toda la situación: el mercado cambiario dejó de estar estable, las acciones y los bonos empezaron a bajar nuevamente y el riesgo país subió de nuevo, acumulando un aumento de 177 unidades, hasta 1.947 puntos básicos, en apenas dos ruedas operativas de este año.

 

El drástico vuelco en la tendencia tiene algún componente interno (como la menos negociadora pretensión tributaria de Axel Kicillof para Buenos Aires, mucho más exigente que la de Fernández para la Nación), pero el foco principal del giro en “U” de las variables no obedece a algo autóctono, sino a una cuestión internacional que tiene a todo el mundo en ascuas.

 

Hubo, a nivel global, dos movimientos que general altísima preocupación, uno por supuesto mucho más grave que el otro. Por un lado, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, resolvió enviar tropas a Libia. Y, Donald Trump apretó el gatillo y, con un dron, hizo matar al poderoso general iraní Qassem Soleimani, el principal hombre de Irán en Irak.

 

Semejante movida, que por supuesto generó una promesa de venganza “aplastante” contra Estados Unidos y todos sus aliados provocó un gigantesco cambio de actitud en los inversores de todas las latitudes. De manera inmediata dos valores globales esenciales, que actúan como ejes cartesianos de casi todos los precios, pegaron un salto: el barril de petróleo subió 3,1% en un solo día, hasta US$ 63, testeando su precio más alto de los últimos quince meses. Y, al mismo tiempo, la onza de oro saltó hasta superar los US$ 1.552, su valor más alto en siete años, mostrando que muchos tenedores de dinero están asustados y decidieron comprar metal amarillo al precio que fuera.

 

O sea, el temor a que se profundice la violencia internacional hizo que muchos inversores optaran por buscar refugio en posiciones cautelosas y, al mismo tiempo, resolvieran abandonar los que son considerados valores de mayor riesgo.

 

La complicación internacional pueda interferir en la decisiva negociación de la deuda argentina cambia por completo el escenario y genera un mercado local completamente diferente.

 

El gran tema es que desde un final de 2019 en el que todo venía con viento a favor, pasamos a un escenario de desconcierto, con las principales variables financieras dándose vuelta por completo. Con una inflación que sigue volando arriba del 4% mensual, y con la sucesión de anuncios de aumentos salariales que se vienen acordando, tenemos un nuevo escenario para el dólar, las tasas de interés, los bonos y las acciones.

 

Mientras la inflación no baja del 4% mensual, 52% anual, los precios de todos los dólares oficiales siguen congelados y atrasándose (lo cual extinguirá el saldo comercial que Argentina empezó a conseguir después de muchos años de fracaso externo). El dólar turista quedó en la zona de los $ 81,90, el minorista teórico, porque no se puede comprar, se mantiene $ 62,98 y el mayorista está clavado en $ 59,82 desde mediados de agosto (por lo que no registró la inflación del 21% que se acumula desde ese momento.

 

Mientras tanto, el dólar blue está frenado porque la gente necesita pesos para pagar los gastos de todos los días, por eso acaba de bajar de $ 78,50 a $ 77. Pero los dólares libres que manejan los inversores más grandes y las empresas vuelven a mostrar precios hacia arriba: el dólar mep trepó hasta $ 75,31 y el contado con liquidación subió a $ 78.

 

Mientras tanto, el Banco Central sigue pagándole 55% anual a los bancos por las Leliq, al tiempo que éstos les pagan a los pequeños inversores plazos fijos con tasas del 38% anual por plata chica y del 39% por plata grande, lo cual en los hechos significan tasas de interés negativas, tal como ocurrió en los últimos tres años con Cristina Fernández en la Casa Rosada.

 

Y, por si fuera poco, aparece otro riesgo muy grande: el ministro de Economía Martín Guzmán y el titular del Banco Central, Miguel Pesce prometieron que no iba a haber emisión de pesos. Pero estamos viendo algo muy peligroso: no están emitiendo billetes físicos nuevos, pero están liberando encajes bancarios, que en los hechos multiplica los fondos libres en los homebanking, y termina formando demanda, y riesgo de inflación que puede derivar en algo ciertamente peligroso.

 

Así, mientras los inversores huyen de lo riesgoso y buscan refugio en posiciones consideradas seguras, los títulos argentinos cayeron en la volteada. Los bonos se acaban de dar vuelta: subían sin parar en diciembre, pero en enero la realidad es completamente otra. Las cotizaciones de los títulos tanto nacionales como provinciales venían como un tren hasta el 31 de diciembre, pero en dos ruedas de enero se dieron vuelta: bajan 2,3% promedio en lo que va de este año, con ocho papeles que suben entre 2% y 5% (los bonos TO21, AF20, PAY0, PBY22, A2M2, TJ20, AA37 y BDC28) y catorce papeles que caen entre 2% y 11% (los bonos A2E7, A2E2D, A2E2, TVPP, DICA, AM20, BDC20, TVPA, AC17, DIA0, TC21, AO20, AY24 y AA22).

 

Y mientras los bonos se amortiguaban, el precio de las acciones sintió todavía más la diferencia. En medio de gran desconcierto global, la Bolsa de Buenos Aires fue claramente la peor de todas. En lo que va de enero, la Bolsa de Santiago de Chile sube 3,6%, la de México trepa 2,2%, la de San Pablo avanza 1,8%, Nueva York mejora 0,6%, Tokio no se mueve y Frankfurt baja 0,2%. Pero el índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires baja 0,9% medido en dólares y cae 2,8% medido en pesos.

 

Y, marcado una gran diferencia, la Bolsa porteña tiene en dos ruedas de enero diez papeles que suben entre 3% y 22% (Tglt, Phoenix, Mirgor, Cablevisión, Gas Natural, Molinos, Rosenbusch, Agrometal, Casado y Dycasa) pero muestra catorce papeles que caen entre 5% y 10% (Edenor, Central Puerto, Ban Patagonia, Ferrum, Loma Negra, Longvie, Aluar, Costanera, Grimoldi, Richmond, Banco Francés, Cresud, Irsa y Siderar.

 

A partir de estos valores el mercado local y las bolsas internacionales abrirán hoy lunes con alto grado de tensión. Seguramente entramos en una zona de gran incertidumbre. Habrá que ver qué ocurre con las decisiones militares que van tomando los gobiernos. Y, por supuesto, los efectos en valores clave como el petróleo, el oro, los metales, los granos…

 

Y en cuanto a lo que le toca a Argentina, habrá que ver qué tanto afecta todo esto al proceso de negociación de la deuda. Es difícil pensar que el Fondo Monetario abanique aún más la movida incomprensible que hizo Trump, aunque a esta altura de la historia, debería haber pocas cosas que nos sorprendan.

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