Coronavirus: la epidemia sigue fuera de control

30 de enero, 2020

coronavirus

Por Héctor Rubini Economista USAL

 

Al días de ayer la cantidad de afectados por el coronavirus en todo el mundo superaba las 7.000 personas y había generado 162 muertes. Alrededor de unas cien personas en Wuhan se habrían repuesto y podrían considerarse casi sanas, pero siguen en observación. Sin embargo, lo peor no pasó. La velocidad de contagio es, de mínima, entre el doble y el triple que la de la epidemia del SARS de 2003-04 y se han confirmado infectados en todas las provincias chinas, salvo Tibet, y en otros 17 países. Los últimos casos de esta semana registrados fuera de China se confirmaron en Sri Lanka, Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos, Camboya y Emiratos Arabes Unidos. En varios otros países hay personas bajo observación, pero afortunadamente, han sido casos negativos. En nuestra región, es el caso de México, Perú, Ecuador, Brasil y Paraguay. En Colombia se descartó la enfermedad en una persona, y también en varias otras en México.

 

La Organización Mundial para la Salud sigue con su postura de no declarar una emergencia sanitaria internacional. Frente a esto, cada país sigue su criterio. Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Alemania y Singapur han iniciado la repatriación de ciudadanos de sus países de la ciudad de Wuhan. También se espera el envío de aviones para repatriar personas por parte de la Unión Europea, y de los gobiernos de Francia y Australia.

 

Por ahora se mantiene la cuarentena en 25 ciudades que engloban una población superior a los 56 millones de habitantes. La mayor es Wuhan que, con casi 12 millones de habitantes en 8.290 kilómetros cuadrados es la quinta mayor ciudad de China. Las restricciones, sin embargo, entraron en vigencia cuando ya 5 millones de personas habían abandonado Wuhan previo al feriado del Año Nuevo Chino. El aumento exponencial de casos descubiertos en esta semana puede ser apenas la punta del iceberg y según algunos médicos chinos el pico de contagio se alcanzaría recién dentro de diez días. Pero sólo los más optimistas confían en contar con una primera vacuna recién para dentro de tres semanas. La situación, mal que le pese al gobierno chino, sigue fuera de control.

 

Los chequeos en aeropuertos de China y en algunos del resto del mundo se tornaron más rigurosos la semana pasada. Decisión razonable, pero tardía, parcial, descoordinada, e insuficiente a una nueva realidad, más clara desde esta semana: a) son cada vez más los casos de contagio fuera de China, b) viene en aumento el contagio entre seres humanos, c) se corre riesgo de que el contagio ocurra antes de que un infectado muestre síntomas, d) a mayor demora para obtener las primeras vacunas, más factible es la mutación de virus, pero se desconoce con certeza a qué velocidad puede cambiar.

 

La economía china recibirá un impacto negativo, el que cobrará mayor magnitud cuanto más tiempo duren las cuarentenas y se extiendan a más ciudades chinas. Como observamos esta semana, se verá resentido el turismo, el intercambio de estudiantes y profesores universitarios, y buena parte del comercio exterior. Varios economistas europeos vienen anticipando para este año una desaceleración inequívoca de la economía china, y ubican la tasa de crecimiento en valores en torno de 5% o incluso menos.

 

Por ahora la Organización Mundial de la Salud considera a la situación como una “urgencia de salud pública de alcance internacional”, y no ha declarado una emergencia mundial. Si bien es cierto que apenas el 1% de los contagiados se encuentra fuera de China, el potencial de diseminación mundial no tiene límites. La enfermedad se detectó el 8 de diciembre y las cuarentenas y otras medidas rigurosas se adoptaron en China el último fin de semana. Como era de esperar, vienen a pareciendo casos de chinos y no chinos en otros países fruto del contagio entre humanos, como ha sido más que evidente en Alemania, en Japón y otros países, de modo que el virus se ha transportado a otros países básicamente por vía aérea pero con un alcance todavía desconocido. Todo sugiere que el período de incubación en una persona afectada oscila entre e 3 y 14 días. Por consiguiente en las últimas dos semanas bien pueden haber arribado a cualquier otro país aviones con infectados que todavía no muestran síntomas.

 

Mientras tanto, un manto de desinformación sigue siendo más que evidente por parte de las autoridades chinas, y esto sigue generando dudas sobre la veracidad de las cifras sobre personas afectadas y fallecidas por este virus. Desde la semana pasada se observa un inequívoco interés del gobierno chino en controlar al máximo la información sobre este episodio que es el más grave fracaso de políticas públicas de la actual administración.

 

Una de las críticas más duras que está recibiendo en estos últimos días tiene que ver con la aparente actitud dual hasta mediados de mayo de informar sobre el nuevo virus a la Organización Mundial de la Salud, y no a la población, sin adoptar medidas concretas de prevención y control. Más aún hasta el 14 de enero las autoridades sanitarias de Wuhan negaban enfáticamente la posibilidad de contagio entre humanos de la “aparente” nueva neumonía originada en un mercado frutos de mar de esa ciudad. Un centro de concentración de animales silvestres que cubre un área equivalente a aproximadamente siete estadios de fútbol, de modo que no sería de extrañar que junto al nuevo coronavirus se hayan diseminado otros agentes patógenos todavía desconocidos y que pueden agravar esta crisis sanitaria internacional.

 

Las autoridades chinas siguen ejerciendo un estricto control contra todo tipo de noticia o comentario crítico de algún ciudadano chino en Weibo, WeChat, Douyin u cualquier otra de las redes sociales más utilizadas en ese país. Los instrumentos habituales son la “persuasión” para borrar críticas a las autoridades, el bloqueo directo a ciertos sitios web de otros países y las frecuentes caídas de velocidad o suspensión de la descarga de contenidos de sitios web del exterior. Algo que igualmente es sorteado por internautas y periodistas abriendo sitios web en redes sociales del exterior y publicando contenidos bajo nombres falsos. Los periodistas tampoco la pasan mejor. La semana pasada un grupo de periodistas de Hong Kong que habían viajado a Wuhan y entrevistaron a varios enfermos fueron luego detenidos por varias horas y debieron entregar sus teléfonos y cámaras para su supervisión.

 

Es claro que si la situación sigue empeorando en China y en el resto del mundo, el presidente Xi no podrá eludir su responsabilidad en esta crisis. Tampoco al inequívoco pase de facturas del propio Partido Comunista Chino que no vacilará en optar por un reemplazante en caso de que no se logre poner fin en breve a las cuarentenas y ceses de actividad en varias ciudades que están poniendo al límite la paciencia de la población afectada.

 

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