Carugati: “Resolver demasiado rápido la deuda puede dar la señal de patear los problemas para más adelante”

20 de enero, 2020

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Entrevista a Matías Carugati Consultor económico

 

El Economista dialogó con Matías Carugati, consultor económico, a cerca de las perspectivas para los próximos meses y para 2020. El especialista considera fundamental el tiempo en que se maneje la renegociación de la deuda: resolverla demasiado rápido puede ser señal de “patear los problemas para más adelante”, minimizando los beneficios del acuerdo, mientras que tomarse demasiado tiempo para llegar a un acuerdo puede terminar estresando mucho la macro en 2020.

 

Varios economistas vienen advirtiendo por la fuerte emisión monetaria más la caída de la demanda de pesos que se avecina. ¿Qué prevé al respecto?

Coincido con los riesgos que implica ir demasiado rápido con la emisión de dinero. La estrategia del Banco Central pasa por facilitar la liquidez en un contexto de muy baja monetización en general, con la estacionalidad de la demanda de dinero jugando a favor y con el efecto del cepo cambiario, que permite “inflar” la demanda de dinero. La idea sería reactivar el crédito para que acompañe el impulso fiscal, financiando préstamos al consumo y, sobre todo, capital de trabajo. De esta manera, los estímulos al consumo podrían ser correspondidos más por un aumento en la oferta y no tanto por remarcaciones, si es que las empresas encuentran financiamiento para utilizar su capacidad instalada (hoy ociosa). Seguramente haya margen para inyectar dinero. El problema es que la línea divisoria entre una emisión “prudente” y otra “descontrolada” es fina y, peor aún, no sabemos bien donde se encuentra. Que haya baja monetización es parte el resultado explícito de la política monetaria de la gestión anterior, pero también es el resultado de la desconfianza en la moneda. Si la gente no quiere tener pesos en su bolsillo, de alguna manera encontrará la forma de sacárselos de encima, aun cuando ese proceso lleve algo más de tiempo en este contexto. Por otra parte, la estacionalidad que jugaba a favor, en breve (febrero) jugará en contra. La experiencia de la gestión anterior es ilustrativa, porque intentaron un relajamiento apresurado de la política monetaria y terminaron “pagando” por ello con más depreciación e inflación. El contexto no es igual ahora, pero convendría ser más precavidos en este frente, porque la demanda de dinero viene muy golpeada después de tantas crisis y estamos, además, con un proceso inflacionario que hay que encauzar lo más rápido posible.

 

El Banco Central viene bajando progresivamente la tasa: recientemente, quedó en 50%. ¿Cómo impactará esto?

La baja de la tasa de referencia va a implicar una disminución en las tasas de interés de todo el sistema financiero, empezando por las tasas pasivas. En efecto, la Badlar viene bajando bastante ya. Que esto también se traduzca en una mayor brecha cambiaria (por aumento de la cotización paralela) va a depender no sólo de lo que haga el Central, sino también del resto de la política económica. Sobre todo de las perspectivas sobre la renegociación de la deuda soberana (ojo: también a lo que pase con las provincias). En este marco, el rumbo que están tomando las tasas es interesante, por decirlo de algún modo. Se pretende bajar la inflación pero las tasas reales empiezan a entrar en terreno negativo. Es difícil reconstruir la confianza en el peso argentino si seguimos castigando a quienes ahorran en moneda local dentro del sistema financiero. Eso, además, atenta contra el desarrollo de un mercado en pesos más profundo. La posibilidad de realizar depósitos ajustables por UVA es interesante, pero habrá que ver cómo se instrumenta.

 

¿Qué estima en materia de inflación para este año?

Que la inflación de 2020 sea menor a la de 2019 es altamente probable. Hoy, el consenso estima que podría bajar a 42% o incluso a menos. La cifra final dependerá del éxito que tenga el Gobierno en su plan de emergencia. Si se mira con algo de perspectiva, vemos que el plan de estabilización se basa en utilizar el tipo de cambio como ancla principal, lo cual se complementa, al menos en una etapa inicial, con un congelamiento tarifario y las “muletas” de la política de ingresos (acuerdo económico y social). Si la renegociación de la deuda se resuelve satisfactoriamente, deberíamos notar una desinflación a lo largo de 2020. Podría ser incluso más fuerte de lo esperado, si es que se logra romper la inercia inflacionaria. De todos modos, conviene ser cautos y mantener una estrategia prudente. Ya vimos con Macri que intentar ir más rápido de lo que se puede termina generando problemas. Bajar la inflación es importante, pero más importante aún es lograr establecer un proceso de desinflación sostenible.

 

¿Se prevé un alza del consumo?

Sí. Es lo que el Gobierno espera y, dada la configuración de la política económica, es lo más probable. Los planes de estabilización basados en el tipo de cambio tienden a generar un aumento del consumo debido al incremento real (y en dólares) de los salarios. Tal vez no suceda muy pronto, pero deberíamos ver mejoras en el consumo privado en algún momento del segundo trimestre. Todo esto, lógicamente, condicional a lo que ocurra con la renegociación de la deuda. Y aquí cabe hacer una consideración adicional: cuanto más se estiren las negociaciones, más tarde se reducirá la incertidumbre macro y menores los efectos de una solución en 2020. Hay una suerte de trade-off entre una solución duradera (en el sentido que no requiera nuevas negociaciones en el futuro) y una solución rápida. Resolver demasiado rápido puede ser señal de “patear los problemas para más adelante”, minimizando los beneficios del acuerdo. Pero tomarse demasiado tiempo para llegar a un acuerdo puede terminar estresando mucho la macro este año.

 

En cuanto al PIB, ¿qué perspectivas tiene para 2020?

Lo que se espera es otro año de contracción del PIB promedio, con el ritmo de caída moderándose en la primera mitad del año y notándose el inicio de la recuperación en la segunda mitad. De todos modos, el escenario actual de alta incertidumbre hace muy difícil estimar el crecimiento con precisión. Sencillamente, hay muchas cuestiones que pueden afectar la cifra final, de las cuales el tema de la deuda es el más relevante a cortísimo plazo. Si Guzmán logra un acuerdo positivo para el país, el plan de estabilización tiene chances de bajar la inflación y recuperar la economía. Se trata de un plan de emergencia, basado en un ancla cambiaria a la que no le sobra nada (no tenemos un TCR “súper competitivo”), un ancla tarifaria con costo fiscal relevante (sobre todo en el marco de falta de financiamiento) y una política de ingresos aún no testeada. Puede tener éxito, pero la sostenibilidad en el tiempo dependerá de usar y no de abusar de las herramientas. Intuyo que la estrategia fiscal post-acuerdo será lo que termine alineando las expectativas de los agentes, y con ello buena parte del rumbo de la macro. Recién comenzado el año, todo está por verse.

 

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