Besmedrisnik: “No hay expectativas de una recuperación generalizada”

21 de enero, 2020

PABLO Besmedrisnik

Entrevista a Pablo Besmedrisnik Director de Invenómica Por Alejadro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, Pablo Besmedrisnik (Director de Invenómica) ofrece su visión sobre los desafíos de Vaca Muerta, la industria automotriz y la de los servicios informáticos.

 

Hay un nuevo Gobierno, nuevas prioridades y nuevas políticas. Estás todo muy fresco y el año recién arrancó, ¿pero cómo están viendo desde Invenómica el panorama macro para 2020?

Los objetivos centrales de la Argentina para el 2020 deberían ser alcanzar una renegociación rápida de su deuda de forma tal que se ajuste a su nueva realidad macroeconómica, lograr estabilizarse económica y financieramente, y comenzar a esbozar indicios de crecimiento. Son metas difíciles, pero no imposibles. No hay expectativas de una recuperación importante y generalizada, al menos para la primera mitad del año. Habrá una inversión muy restringida, por lo que la política económica deberá generar los instrumentos para promover el repunte de los sectores productivos a partir de una mayor utilización de su capacidad instalada, que está en niveles mínimos. Recuperar el crédito para la industria, el comercio y la construcción, e impulsar la demanda, son instrumentos naturales. La construcción (por su impacto sobre el mercado local), y la producción de gas y petróleo (por su efecto sobre la balanza externa), deberían ser ejes de políticas públicas concretas.

 

Uno de los sectores que más siguen de cerca en la consultora es el energético. Arranquemos por Vaca Muerta, la “vedette” de los últimos años. Diversas estadísticas (etapas de fractura o “rigs” operativos) muestran que la actividad ha caído, y bastante, desde agosto pasado. Demostrando que el sector, para bien o para mal, reacciona muy rápido a los cambios. ¿Qué perspectivas ven para la producción no convencional en 2020?

La producción no convencional tiene mayores requerimientos de inversión que la convencional, y la maduración de los pozos es mucho más rápida. Hay una sensibilidad extrema ante cambios en el contexto económico global y más específicamente nacional, y las variables centrales son precios y demanda en el mercado local. Primero, el cambio en las condiciones de mercado del gas primero frenó la continuidad de las inversiones en pozos gasíferos para volcarse a la extracción de petróleo. Luego, el congelamiento de los precios de combustibles líquidos terminó de afectar de lleno al sector, específicamente en la etapa de perforación y fractura. Y la respuesta de las empresas fue contundente, con un ajuste de magnitud. Con financiamiento e inversiones externas frenadas, e incertidumbre sobre la evolución en el futuro, es lógico que las empresas retrasen sus inversiones en nuevos pozos no convencionales y comiencen a concentrar su esfuerzo en producir hasta la última gota en pozos más maduros. Hasta que esta realidad no mute, no estamos ante un escenario de crecimiento, sino de mantenimiento y de mayor foco en recursos existentes, en el mejor de los casos. No se aprecia una perspectiva de cambios sustantivos para los próximos meses. Hay expectativas respecto del plan de fomento del Gobierno que está en ciernes, aunque vale aclarar que es muy difícil desconectar a un sector de la realidad macroeconómica y política de un país. Se pueden implementar políticas específicas para un sector, aunque el perfil de riesgo del rubro petrolero no podrá ser absolutamente distinto de la economía en general. El crecimiento depende en definitiva de que haya más demanda externa y doméstica. Para el 2020, las posibilidades en el exterior están limitadas por la infraestructura, y las de las ventas en el mercado interno encuentran su límite en una economía todavía estancada y con una tasa de inflación que aún no se contiene.

 

También hay una cuestión más estructural y es la falta de infraestructura, que opera como una suerte de “techo” para la producción. ¿Qué infraestructura adicional necesitaría Vaca Muerta y qué posibilidades hay de que se realice? No son obras baratas, por cierto.

Si se pretende que el sector gas y petróleo sea un motor real de la economía argentina y una fuente de divisas de relevancia, además de las inversiones asociadas a la perforación y fractura, se necesita generar la infraestructura necesaria para poder evacuar el gas y el petróleo. Contar con gasoductos, plantas de licuefacción y puertos de envergadura es necesario para estar en condiciones de ser un jugador en el mercado internacional. Los montos de inversión en esos segmentos son grandes y se amortizan en el mediano y largo plazo, condiciones normales en países que cuentan con un recurso de semejante valor como el de Vaca Muerta, pero improbables en países con regulaciones laxas y que inspiran poca confianza. Las inversiones pensando en un horizonte largo son incompatibles con un país que coquetea (y un poco más) con el default. La disponibilidad de infraestructura tampoco es una condición suficiente para el desarrollo pleno del sector enfocado en el mercado externo. Insertarse en el comercio internacional de hidrocarburos implica necesariamente contar con estándares de competitividad que la Argentina y sus empresas petroleras no necesariamente alcanzaron. El recurso existe y es valioso. Para su aprovechamiento pleno se necesita de políticas concretas de fomento, así como de un contexto macro adecuado y tiempo.

 

Otro sector delicado, y que conocen muy bien, es el automotor. Adefa dijo que la producción se desplomó 32,5% en 2019 y apenas se ensamblaron más de 300.000 vehículos. ¿Qué perspectivas productivas avizoran para 2020?

No parece probable que la producción automotriz recupere una senda de expansión importante en el corto o mediano plazos. Será difícil que vuelva a gozar de niveles de producción superiores a las 800.000 unidades del 2011. La dinámica del mercado interno es una restricción al crecimiento. La caída en el poder adquisitivo del salario, la falta de crédito, los altos costos de mantenimiento y las expectativas negativas del consumidor conspiran contra la posibilidad de un repunte inmediato en el mercado. La recuperación de la producción necesita también de un contexto macroeconómico menos volátil y de generar cambios en la estructura comercial y productiva asociada al intercambio con Brasil. La mejoría de Brasil no necesariamente implica hoy una mayor y sustantiva demanda de autos argentinos. Por otro lado, Brasil parece estar enfocada en sostener su crecimiento automotriz en una política agresiva de exportaciones, con su correlato inmediato en la actividad de las terminales argentinas.

 

Un tema que trataron en un informe reciente es que Brasil compra cada vez menos autos de Argentina. ¿Hay posibilidades de compensar esa tendencia, que difícilmente cambie, con otros mercados?

Luego de una importante contracción, el mercado automotriz brasileño retomó el crecimiento. Sin embargo, aumentando con fuerza la participación de vehículos fabricados localmente, y quitándole espacio a los importados, entre ellos, los de Argentina. Si bien el repunte en las ventas de autos en Brasil es una muy buena noticia, no necesariamente impactará con firmeza en la producción argentina. La política pública de Brasil desde hace mucho tiempo está enfocada en fortalecer su red productiva local. Históricamente Brasil ha generado beneficios fiscales y financieros que fomentan su producción nacional de vehículos y un mayor componente nacional. Hoy, de cada cien autos que se comercializan en el mercado brasileño, diez son importados y tan sólo cinco se despacharon desde Argentina. No parece muy posible que la Argentina en el corto plazo encuentre otros socios comerciales que puedan ocupar el lugar de Brasil como receptáculo de vehículos nacionales. El mercado natural de los vehículos argentinos es Brasil (también lo es para los productos industriales en general), salvo muy valiosas excepciones de terminales que encuentran en sus plantas argentinas un hub productivo para venderle al mundo. Argentina deber revisar sus mecanismos de comercio con Brasil, exigir su cumplimiento real y concreto y, paralelamente, equilibrar los instrumentos de fomento fiscales y financieros brasileños. Asimismo, el sector está mutando globalmente con la incorporación masiva de tecnología y nuevos jugadores. En ese marco, Argentina deberá encontrar su lugar en la matriz productiva y de servicios mundial del sector automotriz.

 

Por último, un sector que siguen de cerca es el de los servicios informáticos. ¿Cómo lo están viendo y qué restricciones tienen para escalar?

Para un sector enfocado en el mercado global, las restricciones al flujo divisas con el exterior y la existencia de un desdoblamiento de hecho del tipo de cambio son restricciones claras. Superada la coyuntura económica y financiera actual, el principal limitante para su crecimiento será la disponibilidad de recursos humanos con calificación suficiente. Las empresas de software y servicios informáticos no necesitan de grandes inversiones de infraestructura para desarrollar proyectos (las grandes ciudades argentinas en general disponen del contexto adecuado), por lo tanto, en un proceso de estabilización macroeconómica, con recursos humanos suficientes y una estructura de costos competitiva, podrá continuar con su sendero de crecimiento aún con más fuerza. La velocidad de reacción del sector para desplegar nuevos proyectos es muy alta. El sector deberá profundizar su desarrollo agregando mayor valor agregado, fomentando la venta de servicios integrales o productos, y parcialmente eludir jugar en el mercado de la venta de horas, un mercado internacional de commodities en el cual se rivaliza por precio con proveedores de alta escala y muy competitivos como India, por ejemplo.

 

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