Transición a destino incierto

La lectura histórica de Fernández es alentadora: critica la desorganización del kirchnerismo, el deterioro social macrista y pondera los equilibrios de los años nestoristas, pero la economía no se maneja con un joystick

16 de diciembre, 2019

Transición a destino incierto

 Por Alejandro Radonjic 

 

Quien hoy preside Argentina fue muy crítico de la política económica del Gobierno anterior. Por cierto, no era solitario su análisis y eran, y aun son, pocos los que creen que Mauricio Macri hizo las cosas bien en el área más sensible de la gestión.

 

Yendo aún más atrás que la campaña reciente, podemos corroborar que, quien hoy preside Argentina, también fue muy crítico de la gestión anterior a la de Macri, es decir, la de Cristina Kirchner. Sobre todo, la de sus últimos años, con Axel Kicillof a la cabeza del Ministerio de Economía. Alberto Fernández tampoco está solo con esa interpretación, aunque el malestar social no era tan grande, por aquel entonces, como el que hubo con Macri luego.

 

El discurso y el posicionamiento de Fernández es importante, desde ya. Resume su visión. Luego, pasan cosas y uno va cambiando con la realidad. Pero, en principio, hay un Presidente que critica la desorganización macroeconómica del kirchnerismo tardío, el deterioro social del macrismo y, tercer elemento, pondera los años nestoristas de 2003-2007. Fueron años mozos (había inclusión social y la macro estaba sana) y no es casual que Néstor Kirchner se haya ido del poder con una aprobación del 70%.

 

La lectura que hace Fernández de los casi 20 años que van desde la salida de la gran crisis de 2001 es alentadora porque pondera positivamente los mejores años. Sin embargo, como se mencionara, el curso de la economía no se puede digitar con un joystick, lamentablemente. Se puede propender ir hacia un lugar, pero no siempre se logra.

 

El 2019

 

Sin entrar en comparaciones, hoy Argentina atraviesa una gran crisis. Es una crisis incremental que, para ser justos, arrancó hace casi 10 años cuando Argentina volvió a chocar con la restricción externa (o “eterna”, diría Aldo Ferrer). Hubo años mejores que otros, pero la tendencia “punta a punta” es negativa. Fue una década perdida. En la campaña, Fernández cargó las tintas sobre Macri pero sabe, porque ya lo dijo, que esto viene de antes.

 

Ya no es más el exjefe de Gabinete de Kirchner ni el candidato del Frente de Todos (FdT). Desde el martes pasado, es el Presidente de la República y el que maneja la batuta.

 

Su interesante discurso inaugural despuntó con la cruda descripción de la realidad socio-económica y una de las primeras definiciones fue la necesidad de “un contrato social que sea fraterno y solidario”. Hasta 2018, Argentina crecía en los años impares (electorales) y caía por el ajuste en los no electorales. El famoso “serrucho”. Hoy, la situación es peor: el PIB cayó en 2018, 2019 y el REM del BCRA augura que el 2020 será rojo también.

 

Que 2020 va a ser un año complejo es casi una obviedad. Ultimamente, ningún año es fácil en Argentina. No se puede agregar tanto más. Los escenarios que se abren hacia adelante son múltiples: blancos, negros y también grises.

 

En paralelo, la pobreza creció vertiginosamente. Los datos allí están: en el primer semestre de 2019, la pobreza fue de 35,2% y la situación hoy está peor. ¡Una suba de 10 puntos en un bienio! Que una cosa (recesión) y la otra (pobreza) están ligadas es tan obvio como que la necesidad de detener el espiral descendente debe ser la prioridad número uno. Así lo entiende, también, quien capitanea el barco.

 

Pero, ¿qué hará Fernández para tender a solucionar eso? En los últimos días se empezó a clarificar el panorama. A las políticas focalizadas de lucha contra el hambre que capitaneará Daniel Arroyo, la gran pregunta es “la macro”. No hay ninguna política social que pueda sustituir a una economía que crezca sin inflación. Ya se vio en los últimos años: el gasto social fue récord, pero el efecto de una macro disfuncional lo desbordó por todos lados. Hoy, sostiene la UCA, el 59,5% de los niños y adolescentes viven en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza.

 

El plan de Fernández se va detallando por etapas, quizás algo desprolijamente, pero va apareciendo. Nada muy sorpresivo, por ahora. Faltaban los detalles, pero lo conocido hasta aquí va en la línea que, si bien no fue confesada en la campaña, estaba prevista. Faltan más definiciones, por cierto, como el plan para “ponerle plata en el bolsillo a la gente”, que se difundirá hoy. Es la gran apuesta de crecer “por abajo” vía consumo y, con ello, traccionar a la inversión. También se ignora la oferta financiera a los acreedores privados de Argentina; la política tarifaria; la estrategia comercial; el plan para Vaca Muerta o las ideas de Miguel Pesce para regular la base monetaria.

 

Falta, también, la interacción con la realidad. La economía es una ciencia social, aunque algunos se olviden. ¿Moverá la aguja el plan de estímulo y estabilizará el PIB, como quiere Martín Guzmán? ¿Aceptarán los bonistas la oferta que haga Argentina? ¿Cuán “agarradas” estarán las tarifas? ¿Vaca Muerta volverá a crecer a tasas chinas? ¿Volverán a restringirse las importaciones? ¿Esterilizará Pesce el “bombazo” monetario, que ya había arrancado Guido Sandleris? Un mundo cambiante y un clima incierto (una nueva seca no debe descartarse) completan el panorama. Son demasiados interrogantes.

 

Que 2020 va a ser un año complejo es casi una obviedad. Ultimamente, ningún año es fácil en Argentina. No se puede agregar tanto más. Los escenarios que se abren hacia adelante son múltiples: blancos, negros y también grises. Hay un nuevo Gobierno y está aún fresco como para definiciones taxativas ex ante, más allá de sus reminiscencias con ciertas etapas. Además, la Casa Rosada siquiera mostró todas sus cartas, aunque se intuya su estrategia. Como se dijo, tampoco queda claro cómo responderán los agentes ni cómo reaccionará la macroeconomía en su conjunto. Seguimos en plena transición hacia un destino no escrito.