Litio: verdades sobre un recurso clave para el desarrollo industrial

13 de diciembre, 2019

Litio: verdades sobre un recurso clave para el desarrollo industrial

Por Martín Fellner 

 

El litio es un recurso de gran presencia en Argentina, que puede convertirse en un factor clave para el desarrollo industrial y en un importante generador de divisas para nuestro país. Por ejemplo, durante 2018, Chile generó exportaciones de litio por US$ 950 millones. Sin embargo, pese a la abundancia relativa de este recurso con respecto al resto del mundo, en Argentina no está siendo aprovechado en su máxima potencia.

 

Los ojos de los grandes jugadores de la minería mundial están puestos en Argentina desde hace ya varios años. A la gran atracción que representa la posibilidad de invertir en minerales como el oro, la plata o el cobre, se le sumó, hace poco más de una década, el litio. Pero la producción del país no alcanza aún grandes volúmenes y sólo dos proyectos lograron hasta el momento exportar. Lo más preocupante es que no se conocen avances en agregado de valor del mineral, salvo excepciones hoy difuntas. El tiempo corre y Argentina debe rápidamente marcar una política clara y eficaz en el desarrollo del litio.

Acerca del litio y sus virtudes

 

Muchas son las voces que en la actualidad hablan del litio, cientos las notas que reflejan la importancia de su existencia, variadas opiniones sobre la capacidad que tendrá para salvar las siempre agobiantes cuentas de la economía nacional, pero pocas son las pausas y escasos los análisis sobre la realidad que atraviesa el mineral estrella en nuestra región y, particularmente, en Argentina.

 

Que “el mineral del futuro”, que “el oro blanco de Sudamérica” y muchos otros rimbombantes titulares son a diario pronunciados ya no solo desde la ciencia y la técnica sino también desde la política y la opinión pública en general.

 

Es sabido que el litio es el elemento más ligero del mundo, un metal blando, con bajo peso, con color blanco plateado, con alta capacidad para concentrar energía y algunas otras particularidades que lo hacen especial respecto del resto de sus competidores en la minería. No menos conocida es su alta concentración en lo que se conoce como el “Triángulo del Litio” que forman Bolivia y Chile, que acompañan a Argentina en esa trilogía. En estos países se concentra aproximadamente el 65% de las reservas mundiales de litio, que ascienden al 85% si se toma en cuenta sólo la presencia del mineral en salmueras, la mayor y más rentable forma de extracción. La otra posibilidad de obtención resulta de su captación mediante fuentes sólidas (rocas) de la cual Australia tiene una significativa ventaja productiva respecto del resto de los países del mundo.

 

Oportunidad de desarrollo

 

Las preguntas que surgen es si está nuestro país en condiciones de aprovechar esa enorme posibilidad que la naturaleza otorga, si los recursos económicos generados por el litio son realmente significativos para la economía nacional, si existe capacidad y voluntad para dotar de valor agregado al mineral, en fin, donde estamos parados y hacia donde vamos con el “mineral del futuro”.

 

Cabe mencionar que el litio no es precisamente un “mineral del futuro”. No lo es porque su extracción data de cientos de años, incluso en nuestro país, y no lo es tampoco porque su utilización para la producción de baterías eléctricas, lo que en los últimos tiempos revolucionó el mercado, ya tiene largo camino recorrido en muchos países del mundo. La alta concentración en la región no significa monopolio y, por lo tanto, si Argentina no tiene la destreza para aprovechar positivamente sus reservas, quedará lejos en esa acelerada carrera productiva. El litio no es futuro: es pasado y es también presente.

 

En nuestro país, las viejas producciones de litio provenían de rocas de las provincias de San Luis y Córdoba, pero con el tiempo se fueron paralizando por los bajos precios del mineral y las reiteradas crisis económicas mundiales. El descubrimiento del litio de salmueras en primer lugar, seguido del fugaz impacto de la microtecnología y el creciente mercado de los vehículos eléctricos impulsados por baterías de litio, cambiaron rotundamente la ecuación y provincias como Jujuy, Salta y Catamarca se convirtieron en las “vedettes” del litio. Estas provincias concentran en la actualidad más del 80% de las reservas de ese mineral del país.

 

Sin embargo, y pese a haber alcanzado importante fama, en Argentina solo dos proyectos producen (y exportan) litio y sus derivados. Uno de ellos es el de Mina Fénix en la provincia de Catamarca desde 1998 y otro de la minera Sales de Jujuy que inició sus operaciones en 2014 . En este último participa junto al inversor privado la empresa provincial JEMSE, con el 8,5% de las acciones. Y, si bien una treintena de otros proyectos están atravesando etapas con miras a entrar pronto en producción, en estos últimos años ninguno de ellos ha logrado producir litio.

 

Esto explica por qué Argentina pese a ser uno de los países con mayor cantidad –y calidad– de recursos produce apenas algo más de 35.000 toneladas de carbonato de litio (el producto mayormente comercializable), cuando el mundo demanda actualmente unas 350.000 toneladas y las estimaciones sugieren que no serían menos de 600.000 para 2025, principalmente para la industria automotriz.

 

Se produce aún relativamente poco y, por lo tanto, también se exporta poco. Durante 2018, los ingresos por exportación de litio, según el Indec, alcanzaron los US$ 244 millones y en los primeros nueve meses del presente año, algo más de US$ 142 millones. Si bien la participación actual del litio es baja en relación a la exportación total del país, incluso dentro de la misma minería (representa apenas el 4,9% del total), estos números no son despreciables cuando se observa que los envíos salen nada menos que de las provincias (Jujuy y Catamarca), con fuerte dependencia del Tesoro Nacional y que logran mediante el litio una importante generación de recursos propios.

 

De lograrse un proceso virtuoso entre lo público y lo privado, las exportaciones, y por lo tanto el ingreso de divisas, podrían cuanto menos quintuplicarse en los próximos años. El vecino país de Chile, como se mencionara, exportó durante 2018 por US$ 950 millones.

 

Estas reflexiones pretenden poner claro sobre oscuro y calmar expectativas en torno al litio que, si bien son altas en función de la enorme potencialidad que nuestro territorio posee, deben también ser responsables a sabiendas que aún muchos proyectos requieren maduración y, si las políticas económicas y sociales no acompañan, algunos podrían retrasarse –como en los últimos años–o bien paralizarse definitivamente.

 

Los desafíos son múltiples: acompañar los proyectos en producción, fomentar la obtención de la licencia social en cada nuevo emprendimiento, poner en marcha los proyectos en carpeta, alcanzar acuerdos que incentiven el agregado de valor a la producción, etcétera. Sobre esto último es preciso recordar la buena pero corta experiencia que significó durante 2013 el acuerdo entre gobiernos e inversores para que las computadoras del plan Conectar Igualdad fueran ensambladas con baterías de litio argentino.

 

El litio puede revolucionar la industria local, motorizar una minería sustentable, contribuir con las economías regionales, aportar nuevos puestos de trabajo y generar recursos económicos (cada proyecto requiere no menos de US$ 400). Dependerá de la capacidad y los entendimientos que los diversos actores (Gobiernos Nacional, provinciales, municipal y empresas privadas nacionales y extranjeras) puedan alcanzar y de que la política se ubique a la altura para garantizar la real participación de las comunidades y el acompañamiento en los procesos productivos de una industria nacional pujante.

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