Guzmán, ante el desafío de saltar de la academia a una negociación real

6 de diciembre, 2019

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En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica, pero en la práctica sí.  Martín Guzmán (37 años) deberá poner en práctica sus vastos conocimientos en (re)negociaciones de deuda soberana. Sobre esa cuestión, casi un tara en Argentina, decidió especializarse. Con 37 años y cuna platense, ahora deberá poner, como se dice en la jerga, a la deuda pública en una trayectoria sustentable. Deberá, además, hacerlo rápido (quedan US$ 13.000 millones en Reconquista 266) y con los mercados voluntarios cerrados.

 

Fue designado por Alberto Fernández para ocupar el cargo del Ministerio de Economía. “Es alguien a quien he consultado mucho en los últimos tiempos”, dijo. “Es un hombre joven, muy preparado y deposito una gran confianza en él para sacar el país de la postración en la que está”, señaló. Resta saber cómo distribuirán tareas con Matías Kulfas, que liderará el Ministerio de Desarrollo Productivo.

 

Graduado del gran semillero que es la Universidad Nacional de La Plata (allí hizo el grado y una maestría), después fue a Brown University y, luego, recaló en Columbia University. Hoy, es profesor e investigador asociado en esa casa de estudios prominente de la Ivy League. El Nobel Joseph  Stiglitz lo apañó y escribieron varios trabajos juntos sobre Argentina y otros países con problemas de endeudamiento soberano, como Grecia.

 

En las últimas semanas, a medida que su nombre iba desplazando al de Guillermo Nielsen, el mercado empezó a medirlo y hablar del “Plan Guzmán”. Días atrás, Guzmán brindó una conferencia en Ginebra sobre el tema y proponía, entre otras cosas, un periodo de gracias de 2 años para Argentina, es decir, no pagar intereses ni capital sobre la deuda. La idea, además, sería hacerlo rápido y evitar que el soberano se quede sin dinero antes de que concluyan las negociaciones. Es decir, evitar un default desordenado.

 

En el mercado tienen opiniones divididas y hay una grieta enorme. Por un lado, hay quienes creen que no es necesario siquera reestructurar y que, ajustando los cinturones, se pueden honrar los vencimientos. Por el otro, hay quienes proponen patear todo para adelante.

 

La visión de Guzmán, en el neto, es market-friendly e incluso hay cálculos de que los bonos podrían subir de precio con su plan.

 

En una nota a clientes, Juan J. Battaglia de Cucchiara & Cía dijo: “En teoría, todo perfecto. Recuperar capacidad de pagos y postergar plazos sin quita nominal, continuar la consolidación fiscal lentamente para no profundizar aún más el escenario recesivo y negociar sin caer en default para evitar litigios. Pero no todo es color de rosas”.

 

Agrega Battaglia: “La práctica es algo más compleja. Dudo que los tenedores acepten no recibir ningún tipo de flujo por dos años. Otros rumores dicen que los cupones en los primeros años serán capitalizados o pagado con nominales de los mismos títulos. Algún flujo intuyo que tendrá que ofrecer para que los acreedores acepten. Seguramente tendremos varias negociaciones según el tipo de bono (moneda, legislación y vencimiento)”. En la jerga, esos flujos se suelen llamar “sweetners”, algo así como endulzantes para tentar a los acreedores y compensar el trago amargo de no cobrar en tiempo y forma.

 

En principio, hay voluntad de los acreedores de Argentina de renegociar aunque otros, por cierto, buscarán litigar. Los bonistas saben hacer cálculos y entienden que Argentina está casi quebrada. O lo estará cuando terminen las vacaciones de verano.

 

Su tarea será decisiva para quitar la Espada de Damocles de la deuda pública, bajar el riesgo país y darle aire a la economía para que crezca.