El desafío para el nuevo Gobierno no es cómo gastar más

Seguir haciendo promesas de mayores gastos y sugerir que se financiará con subir la presión impositiva no ayudará a generar credibilidad.

12 de diciembre, 2019

El desafío para el nuevo Gobierno no es cómo gastar más

Por Jorge Colina Economista de Idesa

 

Asumido el nuevo Gobierno se escuchan anuncios sobre recomposición de salarios públicos, prestaciones sociales y jubilaciones, crédito barato y congelamientos tarifarios. Esto lleva a las siguientes preguntas. ¿Cuál fue el error del anterior Gobierno? ¿Gastó poco, que la gente está tan necesitada?

 

Al mismo tiempo también se escucha que la deuda pública es impagable. Ya se descuenta que el Estado no va a cumplir con sus compromisos, por lo cual sólo resta ver si el desenlace será una reprogramación acordada, un default unilateral o una combinación de ambas dependiendo del acreedor. Esto lleva a otras preguntas. ¿Cuál fue la motivación del anterior gobierno para generar una deuda impagable? ¿Un capricho? ¿Un beneficio para los acreedores?

 

Un poco de Historia

 

Después de la crisis del 2001 – 2002, el país atravesó una fase de recuperación económica entre el 2003 y el 2011. Esto coincidió con un período de abundancia fiscal motorizado por la gran bonanza del comercio internacional provocada por la incorporación de China al mercado mundial. Pero en el 2011 la bonanza concluye y, con ello, la abundancia fiscal.

 

Según datos de la Secretaría de Hacienda, la presenta década, o sea desde el 2010 en adelante, fueron todos años de déficit fiscales primarios (o sea, sin considerar pagos de intereses). Entre el 2010 y el 2015, se acumularon muchos déficit que se financiaron con emisión monetaria lo cual trajo la alta inflación. El nuevo Gobierno decidió no bajar el déficit fiscal sino hacer que crezca por debajo de lo que crece la economía para que se reduzca medido en términos del PIB. Como no podía seguir emitiendo, para no agravar la inflación, tomo deuda pública en dólares. Así es como entre el 2016 y el 2018 se siguieron acumulando déficit primarios. En el 2018 los acreedores dejaron de prestar porque tanta acumulación de déficit primarios hacía imposible que el país pudiera cumplir con sus compromisos. El 2019 es el año del ajuste fiscal con la meta del “déficit primario cero”.

 

El problema del anterior Gobierno no fue el ajuste (que se circunscribió al último año), sino la acumulación de déficit fiscales primarios que heredó y que él mismo se encargó de continuar. En otras palabras, el problema del anterior Gobierno no fue que gastó poco, sino que siguió gastando mucho.

 

El desafío del nuevo Gobierno, ahora, es muy grande. Pero no porque la deuda sea impagable, sino porque el déficit fiscal parece irreversible ya que se proyecta seguir gastando por encima de las posibilidades fiscales.

 

En las actuales condiciones en la que la economía tiene una inflación del 50% anual y creciente, es imposible mover la actividad económica vía aumentos de ingresos de la población y/o crédito barato. Porque todo peso adicional que se pone en la economía impacta vía precios antes que en la actividad. Por este camino se corre el serio riesgo de agravar la inflación.

 

En este sentido, lo que corresponde es plantear una política anti-inflacionaria antes que una política de reactivación. En todo caso, una política antiinflacionaria con elementos que atenúen sus impactos recesivos –como podrían ser acuerdos transitorios de precios, salario y metas de gasto público–, pero no ignorar la inflación. La Argentina no está en una situación como la del 2002. Está en una situación como la de 1988.

 

Por lo anterior, tampoco es de esperar que se pueda mantener el alto gasto público financiado con retenciones a las exportaciones, porque el mundo no está en el 2002. En el 2002, China se incorporaba al mercado mundial. En el 2020, el mercado mundial está en guerra comercial por culpa de China.

 

El ministro de Economía tiene que llevar a los acreedores externos un plan creíble de control de la inflación y reactivación. Para ello, debe haber un plan de ordenamiento del Estado, tanto para promover la estabilidad macroeconómica como para generar los excedentes necesarios a fin de repagar en el futuro la deuda reprogramada. Seguir haciendo promesas de mayores gastos y sugerir que se financiará con el simple trámite de subir la presión impositiva no ayuda a generar esa credibilidad.