Europa ante el desafío del cambio climático

27 de noviembre, 2019

Greta Thunberg cambio climático

Por Paolo Rizzo Economista

 

Bruselas– Los países europeos serán los protagonistas absolutos de la COP 25, la cumbre contra el cambio climático que se celebrará en Madrid entre el 2 y el 13 de diciembre. La cumbre, a la cual Chile tuvo que desistir de recibir por las tensiones sociales, será la 25° reunión del COP, el organismo de las Naciones Unidas que monitora la aplicación del Acuerdo de París.

 

El acuerdo firmado en Francia, en 2015 por 195 países, vincula los gobiernos a poner el límite del calentamiento global por debajo de 2ºC. Pero las metas se alejan cada vez más. El 4 de noviembre pasado, Estados Unidos comenzó el proceso formal para salir del acuerdo. Además, China, el mayor productor de emisiones de CO2, acaba de anunciar la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón con una capacidad equivalente a la de la UE. Por otro lado, Europa parece adelantarse más que nadie en la lucha contra el cambio climático. Mañana, el Parlamento Europeo votará una resolución que declare la emergencia climática en el continente.

 

Parece curioso que, tal como EE.UU., los países europeos consideren el Acuerdo de París como un límite. Pero mientras el presidente Donald Trump apuesta en relanzar la economía estadounidense a través de emisiones de CO2, Europa intenta crear una economía sostenible y neutral en emisiones de carbono. El Acuerdo de París representaría entonces un límite para el desarrollo económico de EE.UU. A la vez, sería un límite ya superado para los Estados europeos que piensan en ir mas allá de las metas establecidas en 2015.

 

La sensibilidad europea sobre el cambio climático quizás se deba al hecho que el Viejo Continente sufre particularmente los efectos del calentamiento global. El Mediterráneo se acalora 20% más rápido que la media mundial; se registran sequías y olas de calor en el norte de Europa; desaparecen los glaciares alpinos; se inunda Venecia y los incendios flagelan Portugal y Grecia.

 

Pero el movimiento ambientalista está cambiando a Europa. Las marchas de protestas del “Fridays For Future” idealmente lideradas por Greta Thunberg han llevado a las calles a millones de jóvenes demandando por un cambio. La joven sueca encontró receptividad en los líderes europeos, incluso el Papa. Sus viajes en Europa en tren han contribuido en generar un sentimiento de vergüenza entre los suecos que viajan en avión: la flygskam. Como respuesta, las industrias están cambiando sus políticas ambientales. Recientemente una famosa compañía aérea lowcost europea anunció que compensará las emisiones de dióxido de carbono de todos sus vuelos.

 

La revolución ambientalista ha conquistado también la política. En el Parlamento Europeo, el grupo político de los verdes cuenta con 74 diputados, 19 más que en la pasada Legislatura. El grupo ha sido decisivo en la formación de la próxima Comisión Europea y en la definición de sus metas. Para 2030, Europa apuesta a reducir del 40% las emisiones de CO2 con respecto a 1990. Pero hay propuestas para reducirlas hasta 55%. En fin, el objetivo a largo plazo será convertirse en 2050 en el primer continente climáticamente neutro del mundo. Por un lado, se reducirán sustancialmente las emisiones y, por otro, se desarrollarán tecnologías para atrapar el dióxido de carbono almacenándolo en el subsuelo.

 

Mientras tanto, en cada Estado europeo se están tomando iniciativas contra el cambio climático. Hace pocos días, Alemania aprobó un programa plurianual de 54 billones de euros para financiar el desarrollo de la “green economy”. En los Países Bajos se introdujo un límite de 100 km/h en las autopistas para reducir la contaminación atmosférica. El Gobierno de Italia aprobó el “decreto clima” que introduce incentivos para el desguace de autos, la venta de productos a granel y la compra de bicicletas. Portugal sigue invirtiendo en las energías renovables y apuesta a cubrir desde 2040 todo el consumo de electricidad a través de fuentes renovables. En fin, casi todos los países europeos han introducido incentivos fiscales y proyectos de inversión en la green economy en el Presupuesto 2020.

 

La nueva Comisión Europea coordinará las acciones de los Estados miembros. La promesa de la presidenta electa, Úrsula von der Leyen, es presentar un Pacto Verde Europeo en los primeros 100 días de su presidencia. El pacto deberá indicar una estrategia de financiación verde y introducir un Plan Europeo de Inversión Sostenible. Además, apoyará la creación de un Fondo de Transición Justa para ayudar las regiones europeas a adaptarse a las transformaciones del mundo. En fin, la ambición de ser el primer continente climáticamente neutro podría convertir a Europa en el líder global del desafío de las próximas décadas: la lucha contra el cambio climático.