El nuevo Gobierno de España, según la mirada de Thomas Hobbes

14 de noviembre, 2019

España Gobierno

Por Augusto Nicolás Salvatto Investigador Asociado al CEI – UCA y Maestrando en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca)

 

España tiene nuevo gobierno. Muy pocos podían imaginárselo el domingo por la noche al conocerse los resultados electorales. Por el contrario, se anticipaba un largo bloqueo que podría derivar en las terceras elecciones en un año, producto de que las condiciones de fuerzas entre los sectores de izquierda y derecha seguían similares a las arrojadas tras los comicios de abril de este año.

 

Nada hacía sospechar que ante unas condiciones globales tan similares, las negociaciones para formar gobierno fueran a prosperar esta vez. Pero la realidad suele sorprendernos, y menos de 48 horas después de la noche del domingo, Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Unidas Podemos) firmaron un preacuerdo de gobierno, sobre el que no se habían podido poner de acuerdo durante los seis meses previos.

 

La gran pregunta que hay que hacerse, entonces es ¿qué cambió del viernes al domingo? O formulada en términos personales, ¿por qué Sánchez decía el viernes que no dormiría tranquilo teniendo a Iglesias en su gobierno y el martes lo hizo su vicepresidente?

 

¿Qué cambió?

 

El miedo Lo que ahora perturba el sueño del líder del tradicional PSOE ya no es Iglesias, sino el cambio de distribución de fuerzas en la derecha española que ubica al partido de extrema derecha Vox como tercera fuerza política y condena al más centrista ciudadanos al sexto lugar.

 

Vox representa al sector más a la derecha del escenario político español, que hasta hace unos años se encontraba bajo el amplio paraguas del Partido Popular. La formación liderada por Santiago Abascal, alcanzó los 52 escaños en el Parlamento y encendió las alarmas de todo el arco político español cuando su crecimiento dejó de ser una distopía (o utopía según quien lo vea) y se volvió una posibilidad real. El miedo fue un factor clave para destrabar el bloqueo que vivía España.

 

Menos de 48 horas después de las elecciones, España rompió con el bloqueo político que sufrió todo el año. Sin embargo, el preacuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos sorprendió a todos. ¿Por qué no lo hicieron antes? La respuesta podemos encontrarla en uno de los pensadores clásicos de la filosofía política.

 

Y es que el miedo tiene un rol fundamental a la hora de explicar los comportamientos sociales y políticos. Al menos así lo plasmaba el filósofo británico Thomas Hobbes en 1651, en su célebre obra “El Leviatán”. En el pensamiento de Hobbes, el temor y el principio de la conservación personal llevan al ser humano a renunciar a su libertad natural y entregársela a un Leviatán que llamamos Estado a cambio de que éste garantice nuestra seguridad. En lo que se conoce como el contractualismo hobbesiano, es el miedo lo que nos hace organizarnos políticamente en lugar de vivir disgregados, y no la afinidad que nos tenemos los unos a los otros.

 

Pero este intercambio no es tan fácil ni de forma natural: Hobbes tenía bien claro que nadie renuncia a nada sin pensárselo dos veces. Por el contrario, la pulsión de la vanidad estará en permanente conflicto con el miedo, aunque sea este último el que se termine imponiendo, llevando consigo a los acuerdos sociales.

 

De la misma forma, mientras el temor a la pérdida del poder no se encontraba presente o era visto como algo muy lejano, Sánchez rechazó una y otra vez las propuestas cada vez más edulcoradas de Unidas Podemos. Sin embargo, el miedo a perder el poder, y principalmente el miedo al avance de la extrema derecha, lo hicieron renunciar a la posibilidad de formar un gobierno en soledad.

 

El miedo continúa siendo hoy uno de los principales movilizadores de la acción política y Hobbes uno de los pensadores clásicos más influyentes. La Gran Bretaña del Siglo XVII tiene poco que ver con la España de 2019, pero otra vez sus observaciones son claves para entender la pregunta que se hicieron hoy todos los españoles: ¿Qué cambió?