“Pasará una generación hasta que Argentina tenga otra oportunidad como la de Macri”

4 de octubre, 2019

velasco macri

El economista chileno Andrés Velasco publicó, días atrás, una interesante columna sobre Argentina. Resulta interesante por varios motivos: primero, porque es un muy buen economista y sabe sobre Argentina; segundo, porque estuvo del otro lado del mostrador (fue ministro de Hacienda de su país en la gestión de Michelle Bachelet) y tercero, porque su mirada fuera de la grieta y la baja politiquería aporta elementos que no siempre se ven en el debate por estas pampas.

 

En una columna publicada en Project Syndicate, Velasco desmenuza el crash de las Macrinomics y no tira la pelota afuera. “La probable derrota de (Mauricio) Macri en los comicios presidenciales del 27 de octubre habrá obedecido a los mismos tipos de errores cometidos por sus predecesores peronistas”, dice Velasco y agrega: “Se trata de un desenlace catastróficamente decepcionante”.

 

Según Velasco, las culpas están en el programa económico de Cambiemos. Critica, en líneas generales, que “el Gobierno gastó demasiado, no impuso los impuestos necesarios, se endeudó excesivamente, no logró disciplinar su propia política monetaria y, a la larga, fue víctima de un pánico masivo de mercado”.

 

“Es curioso que Macri se haya puesto nervioso en los últimos meses de 2017 (…) Por razones aún desconocidas, Macri optó por obligar al BCRA a adoptar una relajación monetariainoportuna”, señala el economista.

 

En particular, critica el uso del inflation targeting. “El régimen de metas inflacionarias ha funcionado bien en países donde la inflación ya era baja. Pero para llegar allí, los países que han aplicado con éxito las metas inflacionarias, como Chile, Israel y Polonia, inicialmente emplearon alguna combinación de tipos de cambios fijos o reptantes, sistemas cambiarios duales, políticas de ingresos, o todo lo anterior. Las autoridades de Argentina, en contraste, descartaron un tipo de cambio fijo o semifijo a causa de la traumática experiencia de veinte años atrás con la paridad de 1 a 1 entre el peso al dólar. Y las políticas de ingresos hubieran exigido negociar precios y salarios con los mismos líderes sindicales que consideraban sus adversarios políticos. Sin embargo, parece plausible que en una economía como la de Argentina, con una larga historia de inflación inercial y de circuitos tóxicos de retroalimentación entre los precios y el tipo de cambio, la desinflación habría sido más rápida si las autoridades no hubieran dependido exclusivamente de la tasa de interés como herramienta antiinflacionaria”, dice Velasco.

 

Aún más, dice: “Un sistema de metas inflacionarias exitoso supone una política fiscal prudente y un banco central autónomo. Como (Federico) Sturzenegger lo deja claro en su estudio (Nota de Redactor: el que publicó, semanas atrás, en Brookings), Argentina no cumplía ninguno de estos dos prerrequisitos”.

 

Ese es el puntapié para criticar la gota (chorro, más bien) que rebasó el vaso de la larga secuencia de errores de implementación de políticas. “En diciembre de 2017, los asesores políticos de Macri presionaron a Sturzenegger para que este elevara la meta de inflación y, unas pocas semanas después, para que recortara la tasa de interés dos veces, en un total de 250 puntos básicos”, relata Velasco sobre el 28-D. “Fue el comienzo del fin”, dice. “Si bien otras naciones han relajado las metas inflacionarias sin consecuencias tan graves, en ellas no se daba la especial combinación existente en Argentina de débiles condiciones subyacentes y limitada credibilidad del Gobierno”, explica.

 

Lo que viene después ya es conocido. “Los inversores optaron por retirarse del país, el peso se depreció y los spreads de riesgo país se dispararon. Puesto que la deuda pública externa estaba denominada en dólares, cuando el tipo de cambio se depreció de $20 a $40 por dólar, la proporción deuda-PIB se duplicó prácticamente de la noche a la mañana. Muy pronto, Argentina debió acudir al Fondo Monetario Internacional en busca de un rescate”, relata Velasco, hoy instalado en la London School of Economics.

 

Fue un craso error de diagnóstico de “los asesores políticos de Macri”, y de Macri desde ya, porque, además, tenía pocos fundamentos. En otras palabras, se pasaron de rosca. “Es curioso que Macri se haya puesto nervioso en los últimos meses de 2017. El y su coalición, Cambiemos, habían triunfado en las elecciones legislativas y de gobernadores de octubre, derrotando al Partido Justicialista incluso en su tradicional baluarte de la provincia de Buenos Aires. Era el momento preciso para poner la casa fiscal en orden y concretar la desinflación. Pero, por razones aún desconocidas, Macri optó por obligar al BCRA a adoptar una relajación monetaria inoportuna”, escribe Velasco.

 

“Tal desenlace no era inevitable”, agrega. “Si bien Macri apostó correctamente al evitar un tratamiento de shock, es probable que haya tenido más capital político de lo que pensaba: los electores apoyaron su coalición en octubre de 2017, a pesar de que se habían disparado las tarifas de los servicios públicos, que la inflación permanecía alta y que persistía un crecimiento lento. Macri podría haber gastado más de ese capital político desde el principio en un ajuste fiscal gradual (aunque serio), haber impulsado antes la reforma a las pensiones, y haber virado más hacia la izquierda en materias como los derechos humanos y el aborto, en las que un liberal declarado como él pudo haber sido menos tímido”, señala Velasco. “Pero no lo hizo”, recuerda. ¿Quién dijo que todo está perdido? Velasco. “Tristemente, es posible que pase una generación hasta que a Argentina se le presente otra oportunidad como la que tuvo Macri”, concluye.

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