La pobreza es una consecuencia de tener un sector público desordenado

2 de octubre, 2019

El dato pobreza de distribución del ingreso pobreza uca

Por Jorge Colina Economista de Idesa

 

El primer semestre del 2017 fue un período bueno marcado por un incipiente proceso de recuperación de la actividad económica (la economía creció 1,2% anual) con inflación descendente (22% anual). La pobreza en ese entonces era de 20% de los hogares o 29% de las personas. El primer semestre del 2019 es lo opuesto. La economía cayó -2,5 anual y la inflación se aceleró llegando al 56% anual. La pobreza es de 25% de los hogares o 35% de las personas.

 

Así, sólo en los grandes aglomerados urbanos hay 2,4 millones de hogares pobres habitados por 10 millones de personas pobres. El deterioro económico producido entre el primer semestre del 2017 y el mismo período del 2019 produjo 600.000 hogares pobres más y 2,2 millones de personas pobres más.

 

¿Qué pasó al interior de estos hogares? En el 2017 los hogares pobres tenían ingresos por $9.700 mensuales y necesitaban $15.500 para no ser pobres, ya que este era el valor de la Canasta Básica Total del momento.

 

En el 2019 los hogares pobres generan ingresos por $18.500 pero necesitan $30.500 para no ser pobres. Si se saca una cuenta rápida la Canasta Básica Total de los pobres creció un 96% mientras que los ingresos de los pobres crecieron en 91%. La inflación en este período fue de 95%.

 

Lo que se observa son dos cosas. Una, que mientras el costo de vida de los pobres va por arriba de la inflación promedio, sus ingresos van por debajo. Este es el fenómeno que soporta la afirmación “la inflación genera pobres”. Lo segundo, y esto es lo más importante, es que la diferencia de dinámicas entre el costo de vida de los pobres y sus ingresos no es muy divergente. Una cosa subió al 96% y la otra al 91%. Tan pequeña divergencia generó 2,2 millones más de pobres. La segunda enseñanza es que la inflación a niveles altos tiene una tremenda potencia para generar pobres.

 

La alta inflación prevaleciente es el resultado de un crónico y alto déficit fiscal que el anterior gobierno financió con emisión monetaria y el actual con endeudamiento externo. Las pruebas están disponibles. Entre el 2011 y el 2015, con la economía real estancada, la circulación monetaria creció un 180%. Entre el 2017 y el 2019, que es de deterioro económico, el pago de intereses de deuda del sector público nacional creció un 180%. Esto benefició obviamente a los que especulan con activos financieros, en general, y títulos públicos, en particular, pero multiplicó los pobres.

 

Si se quiere dejar de multiplicar pobres y, lo que sería mejor, bajar la pobreza hay que terminar con la inflación. Chile y Uruguay en el 2006 tenían 32% de la población en la pobreza. Hoy, ambos países, tienen 8% de pobreza. Lo lograron en base a tener inflación anual de un dígito y una economía que crece, no a “tasas chinas”, sino a tasas moderadas pero sostenidas. Uruguay tenía una historia similar a la argentina y la cambio: hace 15 años que no para de crecer. ¿Cómo lo lograron? Teniendo un sector público ordenado, que no pretende financiar déficit fiscales altos con emisión monetaria o tomando costosa deuda externa.

 

El problema en Argentina es que todavía se sigue creyendo que propugnar tener un sector público equilibrado es “anti progre”, “neoliberal” o “ajustador”. Cuando en realidad es la base para empezar a sacar a la gente de la pobreza. La prueba de que un sector público ordenado trasciende las fronteras ideológicas está en el hecho de que Chile tiene gobiernos de derecha y Uruguay de izquierda, pero ambos respetan el equilibrio fiscal.

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