Pasaron las elecciones, pero aún queda la crisis

29 de octubre, 2019

Macri - Fernández

Por Alejandro Radonjic

 

Entre las variantes del “riesgo político” figura la de los cambios de las políticas públicas. Si una economía entra en crisis, como Argentina en 2018 y, además, enfrenta elecciones presidenciales binarias en 2019, el “riesgo político” es alto porque el riesgo de que las políticas iniciales sean distintas en el futuro cercano, así como la realidad misma, es enorme. El riesgo país que mide JP Morgan, también.

 

Desde que irrumpió la crisis cambiaria a comienzos de 2018, Argentina entró en modo película de suspenso. Los problemas que suscitó la crisis per se y la acechanza de las elecciones (que se volvían competitivas a raíz de esa misma crisis, que propició el #Hay2019 pankirchnerista) dominaron todo. Más allá de algunas estabilizaciones transitorias, todo estaba atado con alambres. Parece que pasó de todo, y también que no pasó nada.

 

Hoy, se ha despejado la incógnita electoral que alimentaba ese riesgo político. Ya todos lo saben: gobernará Alberto Fernández hasta el 10 de diciembre de 2023. El problema es que la crisis económica persiste y el “se vienen tiempos difíciles” que recitan en el Frente de Todos es un reconocimiento de que 2020 no será un año fácil, cuanto menos. Casi todos lo saben, y ya lo sienten. Ese 2020 difícil aguarda, además, múltiples decisiones sobre temas densos, como la relación con el FMI y la negociación con los acreedores privados y potenciales cambios de políticas en la economía y otras áreas también. Varias de esas decisiones, es cierto, ya se han anticipado, como el supercepo que anunció un temeroso Guido Sandleris el domingo a la noche. La forma en que el Frente de Todos se moverá, políticamente hablando, también es otra fuente de incertidumbre.

 

Las visiones

 

“Hay tres cuestiones fundamentales para resolver en el corto plazo”, dice Luis Secco ([email protected] Económicas) ante El Economista: el desbalance entre pesos y dólares; la deuda pública y el cansancio con el ajuste, con su consecuente reclamo de una recomposición en los ingresos reales de la población. “La suerte de la presidencia de Alberto Fernández se definirá en cómo se resuelvan estas cuestiones”, agrega Secco.

 

“El BCRA intenta contener el desbalance entre pesos y dólares con el supercepo, que busca generar una demanda de pesos inexistente impidiendo el atesoramiento de dólares. Eso generará una brecha más alta y, eventualmente, futuras presiones inflacionarias. Esto, sin considerar la emisión de pesos necesaria de acá a fin de año para atender el déficit fiscal y los pagos de deuda pública. Eso también pegará en la brecha y la inflación. Sin mercados financieros abiertos, el BCRA también financiará los pagos de la deuda en dólares. Para eso, se requiere una rápida renegociación de la deuda y lograr, además, que sea una única negociación, y no la primera de muchas. Para lograr eso será necesario mostrar un sendero de consolidación fiscal. Debería haber interés mutuo en una transición cooperativa”, dice Secco.

 

“Como vamos hacia meses de inflación más alta, la cuestión social emergerá también. La mayoría de la sociedad votó por una recomposición de los ingresos. Allí, Alberto Fernández tendrá poca capacidad de hacer ‘delivery’ en 2020”, concluye Secco y agrega que “estos próximos 15 días serán cruciales”. Por último, agrega que “Argentina está partida al medio y hay una franja que va desde la Cordillera hasta la Mesopotomia, que no votó populismo y es la zona más productiva y competitiva del país: es un tema para reflexionar”.

 

“Se despejó la incertidumbre electoral. Sabemos que Alberto Fernández será el próximo presidente, aunque no sabemos qué hará ni con quién. Supongo que con el correr de los días iremos despejando esas dudas, ya que la situación económica es tan delicada que no hay tiempo que perder”, resume Matías Carugati ante El Economista. “Por suerte y por ahora, al menos, la transición arrancó de forma ordenada. Discursos, medidas y gestos conciliadores de ambos presidentes, a pesar de ciertos chispazos del sector más combativo del peronismo, como el discurso de Axel Kicillof, por ejemplo. Si se mantiene la cooperación, menores serán las tensiones de la transición”, agrega. Hacia adelante, dice: “Despejado el calendario electoral, arranca la agenda económica: deuda, estabilización y actividad. Tres grandes problemas que requieren atención urgente. Lamentablemente, no tenemos todavía más definiciones que alguna frase genérica de la campaña”.

 

Amplía Carugati: “Sabemos, de todos modos, algunas cosas. Sobre la deuda, que habrá negociación con quita. La salida a la uruguaya hoy parece una utopía. También que habrá que hacer algún tipo de esfuerzo fiscal. Sin eso, no hay credibilidad para una negociación de deuda. Y sin negociación, habrá un default doloroso. Sobre la estabilización, sabemos que habrá un pacto social que intentará “parar la pelota”. Frenar la inercia y tratar de contener las expectativas. Si la política de ingresos es acompañada por una política económica consistente, puede funcionar. Llevará tiempo, pero puede funcionar. Sobre la actividad, será una cuestión prioritaria por la situación social y las promesas de campaña. Aunque, con tan poco margen de maniobra inicial, va a ser difícil ver una recuperación fuerte en 2020”.

 

Hay que pasar el verano. Además de noviembre, la asunción de Alberto Fernández en diciembre y sus primeros 100 días serán claves para poder otear el horizonte más largo.

 

La economía, la que desordenó la demanda política en 2018-2019 (aunque la oferta se mantuvo estoica), será la clave para, eventualmente, reordenarla en 2020-2021.

 

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