La política debe salvarse de sí misma

24 de octubre, 2019

Congreso política

Por Alejandro Radonjic

 

“Argentina no ha explotado como Chile, a pesar de una caída mayor en los estándares de vida, porque el peronismo provee una salida institucional para la bronca. La gente siente que el peronismo los representa y el enojo contra los gobiernos de derecha se traduce en política, y no en violencia”, dijo Paul Segal, catedrático del Kings College de Londres, a través de un tuit que repiqueteó en Argentina.

 

El tuit de Segal es interesante. Como el enojo en Chile es sistémico (es decir, con todos los partidos), la implosión fue tan contundente y compleja de canalizar institucionalmente. Así lo confirma uno de los slogans de las movilizaciones: “No son 30 pesos, son 30 años”.

 

 

Siguiendo ese razonamiento, la salida que supondría el Frente de Todos, profundamente enemistada discursivamente con el oficialismo, permitió evacuar la bronca. Una porción mayoritaria de la población maduró y prefirió intervenir a través de su voto. Como en Chile, fue silencioso y la prueba de eso es que nadie esperaba, más allá del traspié encuesteril, que los volúmenes a uno y otro lado de la grieta fueron los que son.

 

También podría agregarse que Argentina tiene una red de contención social enorme en comparación con la de Chile. Esto es, un gasto social enorme y organizaciones sociales de contención, a menudo financiadas con esos mismos gastos.

 

Más allá de esas diferencias no menores (hay otras, también), la situación desde el 10 de diciembre será muy exigente para Alberto Fernández, si se confirman los resultados de las PASO. En términos de Segal, alimentar la canalización política de la bronca no será fácil.

 

En primer lugar, liderará una coalición variopinta y con intereses, a menudo, conflictivos. La política, como la economía, tendrá frazadas cortas por doquier. Pero, más importante aún, es que la capacidad de poder dar medidas de alivio económico será baja y no se puede descartar que la situación inicial se agrave si, por ejemplo, el dólar salta nuevamente en noviembre o diciembre.

 

Ayer, el dólar escaló 36 centavos aun con un BCRA rematando unos US$ 600 millones en el mercado spot. Sin contar otros US$ 250 millones en el Rofex. Las reservas terminaron el martes en US$ 46.141 millones. Un día antes estaban en US$ 46.591 millones. Y antes de las PASO, eran más de US$ 65.000 millones.

 

Si la capacidad de dar buenas nuevas en el frente económico es limitada, crecerá la tentación de la salida heterodoxa, es decir, el de una política que intervenga más activamente en el curso de los acontecimientos económicos. Eso no está mal, por cierto y, de hecho, es lo que hacen todos los países.

 

Sin embargo, en la Argentina de estos días, es como entrar con un elefante a un bazar. La pericia que demandará la heterodoxia será enorme y los costos de hacerlo mal, también. La secuencia será importante. La docencia, también: Fernando H. Cardoso decía que “gobernar es explicar, explicar, explicar”. La política debe estimarse y ponderarse como capaz de torcer un rumbo errado, por cierto. Para eso están los políticos y existen las políticas.

 

Pero no deberá sobreestimarse y desconocer la delicadeza ni las lógicas económicas subyacentes. No saldremos del entuerto actual con chamuyo o picardía criolla.

 

La política tampoco deberá meter más “ruido” y será necesario (deseable, cuanto menos) que haya algún tipo de consenso traspartidario para salir de la crisis en curso. La política debe enaltecerse para salvarse a sí misma de sí misma. Los riesgos están a la vista en el vecindario y en otros lugares del mundo. Porque, si eso ocurre, la política se unirá. Cuando las papas queman. Ya están quemando.

 

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