La libertad de expresión que propone el señor Facebook

21 de octubre, 2019

Facebook

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

Por mera coincidencia, el pasado 17 de octubre, horas antes de que los representantes de Clarín, La Nación, Infobae, El Cronista, Editorial Perfil y Página 12 debatieran el presente “rol de los medios de comunicación” en el Coloquio de IDEA, el fundador y Ceo de Facebook, Mark Zuckerberg (35 años y US$ 70.000 millones de fortuna personal), explicaba desde un atril de la Universidad de Georgetown los nuevos enfoques de su empresa para garantizar la libertad de expresión en las redes sociales.

 

Al hacerlo mencionó los factores que contempla “la carta” que guiará las acciones de una Junta de Supervisión independiente (“independent oversight board” en inglés), cuyas funciones consistirán en recibir y evaluar apelaciones referidas a los contenidos de Facebook sin que ello suponga menoscabar ni manipular el espontáneo intercambio de ideas entre grupos sociales integrados a su “red social”. Recordó que su proyecto empresario siempre asignó máxima prioridad al objetivo de diseminar sin maquillaje el pensamiento y las ideas de la gente tal como las expresan los usuarios de la red, sin emplear la intermediación ni los filtros del periodismo convencional.

 

Según una columna de John Samples, en At Liberty, un boletín del influyente Instituto CATO de Washington, la limitación en el uso de la palabra en Facebook es, en sí mismo, un ejemplo de las restricciones vigentes. Además, especula, lo más probable es que la base del trabajo de la nueva Junta Supervisora tenga como referencia básica los estándares comunitarios ya definidos o retocados por la propia empresa.

 

Los lectores de diarios y revistas saben que la red Facebook fue sospechada de ser partícipe necesaria en las maniobras urdidas por el gobierno ruso que incidieron en la elección de Donald Trump (la totalidad de los organismos oficiales de inteligencia estadounidense así lo consignaron) y, en estos días, no faltan voces europeas que denuncian la posibilidad de que haya campañas similares en algunos territorios de esa región. El coronel Vladimir Putin fue educado en una escuela maestra de la acción psicológica y, como se vio en Ucrania, no le tiembla el pulso cuando se trata de expandir, por la vía militar, las fronteras geo-stratégicas de su país.

 

El otro hecho de este multifacético ejercicio es que las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) están paradas sobre los nervios de muchos gobiernos y propietarios de medios de comunicación referenciales del planeta, ya que sus contactos, opiniones y redes circulan sin las comprobaciones y validaciones de la prensa convencional; sin explicitar su verdaderos propósitos y sin identificar a los auténticos gestores de los juicios que circulan como corrientes de opinión que se esparcen dando la sensación de cosa juzgada a comentarios absurdos y sin mayor fundamento. Así surgen no pocos de los denominados Trending Topics de la red. A Zuckerberg le pegaron un buen baile en las audiencias que se desarrollaron sobre estos temas en el Congreso de Estados Unidos, al considerar la influencia del Kremlim en las elecciones estadounidenses.

 

Debo reconocer que, si bien la exposición de Georgetown incluyó varias premisas falaces, estuvo bien ensamblada y tuvo momentos muy meritorios.

 

Durante la pasada semana, también la OCDE apareció en la escena con el debate de las primeras propuestas destinadas a gravar fiscalmente las ganancias de las GAFA (el Presidente de Francia había anticipado una propuesta sin esperar la prevista convocatoria de esa Organización) con el propósito de evitar que esas firmas hagan ejercicios pícaros al elegir donde reportan las verdaderas ganancias de sus negocios, lo que en muchos casos supone elegir territorios que padecen de amnesia fiscal, conceptos que aparecen en las conclusiones de la reunión de los Ministros de Finanzas del G20 que acaba de terminar (unas de la GAFA, Apple, fue meses atrás condenada a pagar más de 14.000 millones de euros por evasión fiscal en la UE, a partir de sus actividades en Irlanda).

 

Los trabajos de la OCDE recién adquirirán forma el año que viene y habrá que ver cómo reacciona Washington si ello afecta con excesiva crudeza a las multinacionales con casa matriz en su territorio (como las GAFA). Sobre todo si los hechos ocurren durante el ciclo mercantilista del actual Jefe de la Casa Blanca, cuya brújula casi siempre apunta al sótano. Algunos de estos debates parecen evocar los registrados en la ONU en los ’70, antes del Consenso de Washington, sobre las reglas aplicables a los códigos de firmas multinacionales. En ese momento mis amigos se enojaron mucho conmigo cuando les dije, con indisimulable ironía, “no acosen a las minorías perseguidas, defiendan a las multinacionales”.

 

Pero el tema obliga a mirar la sustancia. ¿Es válido saltearse en este ciclo el principio que consagra la Constitución argentina que establece que el “pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes”? ¿Es aún la transparencia bien entendida una regla básica de la democracia? Y si los representantes del pueblo con el derecho y la obligación de arbitrar equilibradamente sus decisiones son los legisladores que provienen del proceso de votación directa ¿por qué muchas de las prioridades de la agenda política, económica, los derechos sociales, los derechos humanos y otras facetas de nuestra vida en comunidad termina por subordinarse a las demandas de los lobistas e intereses sectoriales de las ONG y las redes sociales, que son organizaciones no electas? ¿O es sensato que el “me parece” asertivo de doña Rosa en las redes sociales tenga mayor incidencia en las decisiones de gobierno que una verdad sustentada en principios y evidencias científicas o en un racional derecho político?.

 

Preguntar no implica ignorar o rechazar el valiosísimo aporte que efectúan las ONG que ponen sobre la mesa debates centrales como el desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.

 

Los anteriores no son interrogantes especulativos. El actual presidente de la Comisión de la Unión Europea (UE), sostuvo que las normas sanitarias de acceso al mercado del Viejo Continente deben reflejar menos las obligaciones internacionales de esa región y más las preferencias “democráticas” del consumidor local. Con semejante disparate su autor prodigó una breve y gratuita clase de ilegal proteccionismo, del tipo que la dirigencia argentina se apresuró a convalidar en Acuerdos de Libre Comercio cuyo alcance no entiende. Por suerte, el señor Jean-Claude Juncker deja su puesto a fin de mes. Por desgracia, Juncker no está sólo; expresa la parte oscura de la socialdemocracia del Viejo Continente, cuya expresión legislativa en el Euro-Parlamento, ya está en marcha y condona vigorosamente tales puntos de vista. No “es lo que hay”; es lo “que decidimos aceptar” a ciegas.

 

¿Basta una junta de notables para dar por ciertas las reglas empresarias de validación global y convertirlas en consuetudinarias? ¿Quién y cómo serán seleccionados los miembros de la Junta Supervisora de Facebook, como para representar democráticamente la masa crítica de las percepciones internacionales? ¿Vamos a votar el pronóstico meteorológico en Facebook? ¿Cambiaremos el Clima con un “me gusta”?

 

En su concepto de libertad de expresión, Zuckerberg no habló con gran firmeza en darle tribuna a los críticos de la libertad de expresión. Uno de esos críticos, que habla mañana, tarde y noche de noticias falsas se llama Donald Trump. Las opiniones del Ceo de Facebook tampoco fueron concluyentes acerca de qué hacer con las expresiones de odio, las que deben ser condenadas pero bien detectadas e interpretadas por la sociedad. El planeta tiene que decidir si prevalecen George Friedman y Mario Bunge o doña Rosa.

 

Con las antedichas restricciones, Facebook es sólo un insumo de la política y el proceso informativo, de la industria editorial en crisis y de medios audiovisuales que coquetean mañana, tarde y noche con los Trending Topics. ¿Es nociva la tecnología? Si por ello se alude a su mala aplicación y abuso, por supuesto. En la medida en que la absorbamos como lógico valor agregado, es parte del oficio de vivir, trabajar y hacer migas con
los desafíos y placeres de cada nueva realidad.

 

Lo que falta en este paquete es hablar de la capacidad de mando y gestión que exige la nueva realidad comunicacional, lo que excede a la moda de saturar de gráficos y fotos las vidrieras online de los medios gráficos o audiovisuales. Por lo pronto, no se pueden considerar rutina los errores de diagnóstico que atentan contra la confiabilidad informativa, lo que a su vez incide en la pérdida de lectores, escuchas y televidentes. ¿Cómo preservar interés por el proceso político, cuando los editores y analistas dieron crédito a encuestas de opinión que no tenían ningún punto de contacto con la realidad? ¿Cómo llevar al público a quebrar la imagen de grieta impuesta por 6,7,8, cuando a renglón seguido nos sumergimos en una especie de 8,7,6 montado por profesionales que tienen la materia prima necesaria para hacer algo más que editorializar o hacer pronósticos del pasado?

 

Me tocó en suerte ver como editores de una muy influyente publicación respaldaban a un columnista referencial que se alegraba en su escrito de que cierta organización global no hubiese acordado una Declaración Final, cuando horas después una de mis columnas hizo centro en el análisis profesional y político de tal Declaración. Así no vale. Ese no es el derecho a réplica ni el homenaje a la verdad, la confiabilidad, la diversidad cultural y los buenos diagnósticos que esperan o intuyen los lectores. El editor no puede reaccionar como un adolescente que, como no sabe determinar las bondades y contenido de una prenda, se siente seguro cuando opta por comprar a precios de lujo baratijas de marca.

 

Los mismos enfoques deberían ser posibles al analizar los temas sensibles. Si la Argentina vive en estado de crisis secular por falta de divisas ¿por qué nuestros comentaristas hablan todo el día de la timba y no de cómo conseguir ingresos no retornables de divisas? ¿Por qué recién ahora empezamos a interesarnos por la estanflación? Y corto abruptamente porque me olvidé de “postear” un “me gusta” en Facebook.

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