Dilemas y desafíos del Frente de Todos

28 de octubre, 2019

Frente de Todos

Por Néstor Leone

 

El presidente electo Alberto Fernández asumirá formalmente el 10 de diciembre próximo, como establece la legislación vigente. Pero tendrá desde hoy la difícil tarea de enfrentar con gestos y pronunciamientos la crisis profunda que vive el país. Y acordar con el gobierno saliente, en los mejores términos posibles, una transición ordenada, para que las principales variables de la economía no profundicen su caída (o su descontrol) y el estado del país que reciba entonces sea mucho más crítico que el de ayer.

 

El tipo de cambio, otra vez, será un indicador importante en esta coyuntura. La depreciación de la moneda y las decisiones que decida tomar el Banco Central marcarán también el nivel de reservas con las que Fernández tendrá que hacer política desde entonces. Ligado a eso, además, la inflación como emergente, que retroalimentará la crisis social si la administración de Mauricio Macri, con los instrumentos a su disposición, pero capital político menguado, no logra evitar un impacto mayor en los precios.

 

Ante ese panorama tan acuciante, el nivel de endeudamiento que el gobierno de Cambiemos deja como pesada herencia (pesadísima) y la reactivación necesaria del aparato productivo serán “lo importante” que el gobierno naciente tendrá que compatibilizar con “lo urgente”. La relación de Fernández con la sociedad (o con un sector mayoritario de ella, por encima de la adhesión recibida ayer) tendrá el inicial encantamiento que habitualmente pasan los gobiernos que atraviesan sus primeros meses. Será un desafío de su gestión consolidarlo.

 

Al interior del FdT, el desafío será consolidar su estructura, su dinámica y, de ser posible, ampliar sus contornos.

 

Las pretensiones de rápida recomposición de aliados socioeconómicos y las expectativas altas de distintos sectores sociales golpeados por la crisis (y con menos márgenes para esperar el carácter virtuoso de las políticas que se pongan en marcha) serán demandas que el nuevo gobierno deberá articular. Generar prioridades, acordar tiempos y modalidades. Mientras que tendrá que definir también cual será su política respecto de los sectores más concentrados. O el famoso “mercado”. Hasta aquí, Fernández construyó consenso. Tendrá que construir poder.

 

Al interior del Frente de Todos, el desafío será consolidar su estructura, su dinámica y, de ser posible, ampliar sus contornos. Generar, a su vez, mecanismos eficaces para superar sus diferencias y convertir esa diversidad, que le permitió tener en campaña ese plus clave, que le permita contener a sectores disconformes, para canalizar la conflictividad social existente. A su vez, tendrá que seguir de cerca la dinámica de la oposición, representada casi exclusivamente en Juntos por el Cambio. Macri logró repuntar respecto de las PASO y descontar más de lo pensado. Su apuesta territorial incluyó la presencia en las calles, en el espacio público, gimnasia que esos sectores abiertamente antikirchneristas y refrectarios a la gestión de Fernández es muy probable que no abandonen durante su mandato.

 

La región, por último, es otra dimensión a tener en cuenta. La crisis en Chile y en Ecuador apuntalan una clave de lectura similar a la que Fernández esbozó hasta ahora en campaña. De abandono necesario del paradigma neoliberal, de integración regional con impronta diferenciada a la del presidente Macri. En tanto, la relación con Brasil y el gobierno de Jair Bolsonaro será el principal desafío o frente externo. El precio bajo de las commodities que el país exporta (en términos relativos, comparados con el del primer kirchnerismo, por lo menos), la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la dureza mayor de la gestión Donald Trump con las experiencias que no se condicen con su mirada geopolítica son otros condicionantes con los que tendrá que lidiar Fernández. A partir del 10 de diciembre. Y a partir de hoy.

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