Como un emprendedor puede generar riqueza

23 de octubre, 2019

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Por Sergio Morales Consejero Asesor de la Maestría en Finanzas de UADE y Presidente del Centro Latinoamericano de Inversiones (CELAI)

 

Cuentan los historiadores que Mansa Munsa I, rey del gran imperio de Mali en el Siglo XIII, fue la persona más rica de todos los tiempos. Si bien no existen cifras exactas, han calculado la fortuna de este emperador africano a valores de hoy (ajustado por inflación) en aproximadamente US$ 400.000 millones, por lo que de estar vivo sería cuatro veces más rico que Bill Gates.

 

Este gobernante, denominado “rey de reyes”, era dueño de las minas de oro de Wangara, las cuales producían la mitad del oro del mundo en ese entonces, y fue mundialmente famoso por encabezar un peregrinaje a la Meca en 1342 acompañado por 12.000 esclavos cargados de lingotes de oro que, en cada pueblo que paraba, los donaba. Se dice que en su parada en El Cairo regaló tanto oro que causó una hiperinflación.

 

Lo interesante es que Mansa Munsa, a pesar de su inmensa fortuna, tardó dos años en llegar a La Meca, cuando en la actualidad cualquier persona de clase media puede realizar ese mismo viaje en horas. Tampoco pudo aliviar su constante dolor de cabaza porque no existía la aspirina, y ciertamente, a la edad de cuarenta años, comenzó a perder la vista.

 

Esta paradoja la retrata el economista Xavier Sala i Martín en “Economía de Colores”, donde se pregunta ¿Cómo hoy en día la mayoría de nosotros tenemos al alcance más cosas que el hombre más rico de todos los tiempos? La respuesta son los emprendedores.

 

Si bien es un concepto relativamente moderno, del vocablo francés entrepreneur o en castellano pionero, su aplicación data por lo menos desde el período neolítico (6000 A.C.- 3.000 A.C.), cuando se emprendió la búsqueda de un elemento mecánico para facilitar la alfarería y el transporte terrestre, que resultó fundamental para el progreso de la humanidad, conocido como la rueda. Desde Thales de Mileto, Arquímedes, pasando por Leonardo Da Vinci, Galileo Galilei o Tomas Edison, más allá de cual podamos imaginarnos en diferentes períodos, han sido emprendedores toda vez que invirtieron recursos en desarrollar un artefacto, mecanismo, dispositivo y/o sistema para dar respuestas a una necesidad específica de la sociedad en su momento. Esto significa que emprender requiere un conocimiento de la tecnología existente y sobre todo el estudio de las necesidades del mercado, para lograr convertir las ideas en productos, procesos o servicios que otorguen mayores beneficios para la población. En otras palabras, consiste en aportar algo nuevo y aún desconocido en un determinado contexto, ya sea simple o complejo, para el bien de la sociedad, lo que trae en definitiva progreso y riqueza.

 

En un nuevo escenario cada vez más global y complejo de competitividad creciente, este enfoque reviste de gran importancia, ya que cuando hablamos de necesidades de la sociedad y su satisfacción debemos considerar que de esto se trata ser emprendedor, y no de aquel que monta un negocio para ser “su propio jefe” o adquirir cierto “estatus” frente a sus amigos. Y no debe ser malinterpretado como una visión naif, sucede que tener una buena idea de negocio y recursos económicos ya no es suficiente para llevar adelante un emprendimiento. Esto requiere de, además, contar con pasión, motivación, voluntad, perseverancia y autosacrificio para convertir la idea en un negocio que sobreviva, motivo por el cual, solamente puede ser posible con la fuerza que propulsan las razones adecuadas como la transformación de la realidad, mejorar el bienestar y la calidad de vida de nuestra comunidad.

 

En otras palabras, ser emprendedor constituye un concepto de humanidad.

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