Apuntes tras el primer debate presidencial

17 de octubre, 2019

debate presidencial

Por Sandra Chorosczcucha Politóloga y profesora de la UBA

 

Grandes teóricos de la democracia han dedicado páginas enteras a explicar cómo la incertidumbre sobre los resultados hasta el momento exacto de la elección, es una condición sine qua non de cualquier régimen democrático que se aprecie como tal. Se podrán inferir probabilidades, tendencias, aproximaciones, pero certezas jamás.

 

Así cualquier noticia o hecho puntual puede modificar la intención de voto de los futuros electores. Un debate entre candidatos también.

 

Cuando las PASO arrojan diferencias significativas a favor del primero, difícilmente las tendencias puedan variar lo suficiente como para modificar el resultado final.

 

Sin embargo, la carrera electoral continúa, y en sintonía con esto último, días atrás pudimos presenciar un primer módulo de un debate presidencial, que podría brindarnos un repertorio de especulaciones, respecto a los efectos que pueden haber generado estas primeras imágenes y sonidos de cada candidato en pantalla.

 

Empezando por el candidato con más chances de llegar a la Presidencia, Alberto Fernández, podemos destacar como éste empezó su exposición a través de un golpe de efecto importante, “participando” al ex contrincante de Mauricio Macri en las anteriores elecciones, Daniel Scioli, argumentado que este último había sido “el dueño de la verdad”, mientras Macri “el mentiroso número uno”. De ahí en más, infinidad de tonos y formas hostiles fueron configurando las expresiones de Fernández, que aprovechó cada segundo que tuvo para expresar su indignación y su cuestionamiento total a la gestión de Macri. Mucho se habló de su “dedo acusador”, de sus gestos, sus tonos, su postura “compadrita”, como una forma efectiva de, por fin, dejar en claro que el poder está en sus manos y no en las de su compañera de fórmula que lo convocó.

 

¿Este “empoderamiento” de Fernández puede resultar en una suma mayor de votos para el Frente de Todos, puede expulsar votos hacia otra fuerza en campaña o puede simplemente reforzar el voto que ya lo diera ganador en las PASO últimas? Si ganarle la pulseada a la todopoderosa vicepresidenta fue la meta, de algún modo logró su cometido en este primer debate, su actitud de confrontación y de extrema altanería lo colocaron en un desafiante y ostentoso lugar.

 

Si ganarle la pulseada al Presidente era el desafío, podemos inferir diferentes lecturas: una, es que con su discurso irreverente reforzó el apoyo ya obtenido en las últimas PASO, de un peronismo unido, que siempre gustó de un presidente fuerte y potente en sus formas. Otra lectura puede llevarnos a especular que una “cristinización” de Alberto Fernández puede quitarle apoyo, por parte de los que eligen a esta nueva fuerza, por la incorporación de sectores diversos y más moderados, entre estos, a él mismo. Solo una reflexión.

 

Para poder continuar con la argumentación recién delineada, se vuelve un imperativo, seguir con el candidato Roberto Lavagna, ya que éste último, se encontraba entre los moderados, entre los dirigentes políticos que buscaban diferenciarse tanto del macrismo insensible como del kirchnerismo insolente. Lavagna, en el debate en Santa Fe, no dirigió en sus diversas afirmaciones cuestionamientos directos hacia el kirchnerismo. Sus críticas, en tonos políticamente correctísimos fueron todas apuntadas, sin el dedo, a Macri, a quien responsabilizó por la crisis tremenda que hoy arroja índices de pobreza escalofriantes. Pocos fueron los que no se percataron que la posición adoptada por Lavagna enfrentaba sin piedad al Presidente en funciones y con esto apoyaba con delicadeza a Fernández. Ahora bien, que Lavagna prefiera a Fernández presidente, por intereses altruistas o personales, no significaría que el electorado que confió en Lavagna vaya a apoyar a Fernández, principalmente si Fernández se empeña en demostrar que de moderado no tiene nada y de “compadrito” todo. El electorado de Lavagna, lo mismo que el de Massa, hace escasos meses nomás, manifestaban terror a una vuelta a la insolencia kirchnerista. Solo para pensar.

 

Respecto al candidato Del Caño, sus manifestaciones y proclamas anti sistema, fueron las mismas de hace décadas, lo cual lo ubica como un candidato con puras convicciones, pero probablemente solo le asegure mantener el escaso porcentaje de votos que viene obteniendo elección tras elección. Las PASO marcaron una reducida performance, y todo parece indicar que su paso por el debate no cambiara lo que nunca cambió.

 

Gómez Centurión concentró toda su energía y proclama tras la defensa de los niños por nacer y su desaprobación absoluta al aborto y a cualquier forma de despenalización o legalización de éste. Cualquier tema, político, institucional, económico o financiero lo llevaba al mismo lugar, la desaprobación al aborto legal. Sin dudas, el electorado “celeste” que lo ha votado seguirá apoyándolo religiosamente. Mucho más, difícil pase.

 

Espert, criticando de modo más abstracto al actual Gobierno y de modo más concreto al populismo de todos los tiempos, buscó posicionarse a la altura de un legítimo liberal clásico. Los votantes que le dieron su apoyo en la PASO seguramente sigan dándole su voto de confianza. Y tal vez dicho candidato, pueda sumar algunos votos más, ya que muchos que lo consideraban un Señor neoliberal, malvado y despiadado, tal vez vieron con buenos ojos, un discurso de obvia defensa a un modelo de mínimo Estado pero de enorme crítica a la ineficiencia y espantosa corrupción, que decantan en la pobreza que tanto nos preocupa a los argentinos.

 

Por último, Macri, el Presidente de la Nación, mantuvo un temple por momentos difícil de decodificar, frente a un Fernández, en el atril contiguo que, como se mencionara anteriormente, no cesaba de cuestionar cada una de sus medidas de gobierno. En escasos momentos, Macri respondió ofuscado a su mayor contrincante.

 

El Presidente, en principio, no reconoció como hubiese correspondido, la extrema gravedad de la situación que hoy padecen los argentinos, justificando gran parte de su accionar, pésimo. Respecto a propuestas, no comunicó una sola medida concreta de gobierno que llevaría a sacarnos de esta crisis colosal. Al igual que su principal adversario: esbozos de fantásticos titulares sobre medidas populares, expresiones fabulosas sobre los nuevos buenos tiempos que se avecinan, no mucho más.

 

Seguramente el electorado que le dio un 32,66 % en las PASO seguirá apoyándolo; el histórico anti peronismo junto a sectores que fueron beneficiados con las políticas macristas conforman un grupo significativo, aunque, insuficiente para poder ganar las elecciones.

 

¿Sumará algún voto más? Difícil, la terrible crisis económica sigue siendo el tema central de los argentinos, y la unión del peronismo dejó poco espacio para indecisos, que aún se encuentran en el limbo pre electoral y que pueden haberse asustado frente a la “cristinización” de Fernández.

 

Pero como la incertidumbre sobre los resultados electorales es parte de la maravillosa democracia, habrá que esperar, luego de un segundo debate, a las elecciones generales, que con sus resultados nos responderán todos y cada uno de nuestros interrogantes.

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