Alberto Fernández, como Alfaro: sin margen para errores

10 de octubre, 2019

Alberto Alfaro

Por Alejandro Radonjic

 

1989, 2003 y, probablemente, 2019. En las últimas dos ocasiones en las que el peronismo recuperó el poder la situación económica no era nada fácil y la actual, si se consolidan los resultados de las PASO, tampoco lo será.

 

Con sus más y sus menos, la situación será compleja y el paciente estará en el quirófano pronto a ser operado. Quizás la salvedad allí sea 2003 porque el paciente ya había devaluado y defaulteado, aunque la situación social (con pobreza arriba de 50% y desempleo de 20%) era aguda. Hoy, una parte del ajuste se hizo, pero queda reperfilar y financiar un déficit de 4% del PIB (un punto de rojo primario y 3 puntos de intereses) sin acceso a los mercados y con un pequeño remanente del FMI. Para después quedará la promesa de Alberto de “encender” la economía.

 

Pero, más allá de las similitudes y diferencias, Alberto (nuevamente, si gana) se moverá en un terreno minado. Su pericia de corto plazo determinará, en buena medida, los contornos económicos de su Gobierno. Cuanto menos, hasta las legislativas de 2021.

 

Si falla en el tándem reperfilamiento y financiamiento, la crisis actual se puede agudizar. Aun con cepo, es decir, un dólar que no se dispare y siga reprimido, una aceleración inflacionaria por una monetización del déficit o una ampliación de las brechas cambiarias se “comería” uno de los pocos activos de su herencia: el tipo de cambio real elevado, hoy similar a aquel del 2003. Asimismo, una salida “a la Argentina” de la deuda podría desplomar aún más la inversión y profundizar la autarquía financiera. Los riesgos son múltiples y el gatillo puede ser cualquiera.

 

 

Tampoco tendrá “ayudín” global, es decir, soja a US$ 600. De hecho, el 90% del mundo se está frenando, como dijo Kristalina Georgieva, la actual directora gerenta del FMI, el martes y el comercio global está chato, es decir, no crece. “No veo una salida tipo 2003”, dice Ramiro Albrieu (Cedes) ante El Economista.

 

La situación política tampoco está abrochada, más allá de que el respaldo popular será alto (superior a 50%) y sin balotaje. Hay una resistencia social muy fuerte hacia el kirchnerismo que no necesita activarse (porque ya lo conoce) que ronda 30-35% de la población. Además, como sostiene el analista político Ignacio Labaqui ante este diario, “Alberto no es el líder indiscutido del peronismo, sino alguien que llega a la Presidencia de la manos de votos kirchneristas y votos independientes, pero que es candidato a Presidente porque así lo dispuso su candidata a vicepresidente”. Es decir, una situación compleja, sobre todo en el contexto de una sociedad deseosa de resultados tras una larga estanflación. En otras palabras, Alberto deberá construir poder y afinar sus dotes conciliadores, pero no sólo con la política sino con la población, un terreno más inhóspito para él. No será una tarea fácil para el “fana del Bicho”. Los gobernadores serán clave en un inicio y acompañarán por conveniencia mutua, pero no hay nada escrito en piedra en el universo peronista.

 

Además, Labaqui agrega que la situación económica es de una complejidad, igual o mayor a la de Carlos Saúl Menem, pero con una desventaja adicional. “El contexto internacional no es favorable, como lo fue para Menem gracias al final de la Guerra Fría y como lo fue para Néstor y Cristina, al menos hasta 2012, gracias al boom de las commodities”, dice.

 

El director de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina, lo planteó en un lenguaje más amigable. “La situación económica que recibirá el próximo presidente es similar al desafío de Boca de cara a la revancha de la Libertadores. Tiene que revertir rápido el resultado (el paso del tiempo profundiza la crisis) sin margen para cometer errores (gol de visitante vale doble)”, dijo ayer, vía Twitter. Más allá de los dilemas macroeconómicos antes mencionados, la tarea de Gustavo Alfaro parece aún más compleja. Esperemos que, por el bien del deporte, ningún albertista tire gas pimienta.

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